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lunes, 17 de mayo de 2010

El eximio compositor y poeta Horacio Ferrer visitó la ciudad, en el marco de un convenio firmado entre la Universidad Nacional de Rosario y la Academia nacional del Tango

Por la inclusión del tango en los planes de la enseñanza superior.

Graciana Petrone para www.elfisgondigtal.com

El maestro Horacio Ferrer visitó la ciudad en el marco de un convenio firmado entre la Academia Nacional del Tango y la Universidad Nacional de Rosario (UNR). Lo hizo con el propósito de formalizar la inclusión del tango en los planes educativos y también para adelantar contenidos de su próximo libro, “Mil versos para Picasso”. La edición, que forma parte del plan para anexar el mítico arte popular a la enseñanza superior, contiene cien poemas íntegramente dedicados al pintor español y acompañados por ilustraciones de su esposa, la artista plástica Lulú Micheli. Participaron del panel junto al compositor y poeta el rector de la UNR, Darío Maiorana y el titular de la Academia Nacional del Tango de Rosario, Miguel Jubany, quien expresó: “El tango no tiene que ser estudiado sólo desde la música, el baile, el canto y la poesía sino también – como dice la ley Nacional – a través de las ciencias conexas: la historia, la antropología o la psicología”.

La intención de incluir al tango en la enseñanza superior representa un punto de inflexión muy importante para las actividades universitarias. “En la escuela de psicología están trabajando para brindar una serie de charlas con el fin de acercar a los alumnos al tango”, dijo Jubany. Por lo que aseguró que resultará un material muy productivo en los planes de estudio.

“Se puede hacer – expresó Ferrer – una obra de enseñanza, de transmisión de conocimiento y de ubicación del tango en la historia argentina. Es un protagonista siempre, un poco atorrante y bohemio, pero protagonista al fin”. También, contó que hace varios años que la Academia Nacional del Tango de Buenos Aires dicta seminarios para el sector universitario donde abordan la música, la cultura tanguera y las letras del arte popular.

Horacio Ferrer es autor de innumerables letras de canciones, entre ellas, la inconfundible “Balada para un loco” o “Chiquilín de Bacín” – inmortalizada en la voz de Roberto Goyeneche, entre muchas otras. Además, es el máximo difusor del tango en el mundo. Realizó ensayos de investigación los cuales fueron traducidos a varios idiomas y presentados en las bibliotecas más importantes del mundo, entre los que se destaca, tal vez su obra más paradigmática, “El siglo de oro del tango”.

“Mil versos para Picasso”, de Madrid a Rosario
Portadores de una sencillez y calidad humana admirables, el maestro Ferrer y su esposa Lulú – como él la llama – dialogaron en forma exclusiva con esta cronista, a la que contaron algunos entretelones cotidianos que forman parte del incansable trabajo que ambos realizan por el arte y la cultura popular, como así también sobre su nuevo libro.

La génesis del libro “Mil veros para Picasso” tiene una historia muy particular, ya que los dibujos que acompañan a cada uno de los poemas del tanguero fueron presentados en los centros culturales más importantes del mundo, con excelentes críticas. Micheli contó que hace unos años realizó una puesta titulada “De Lulú para Picasso” en la madrileña Galería de Arte Annta, ocasión en la que su esposo recitó poesías con el acompañamiento del pianista español Yaco González.

“Al principio la dueña de la galería no estuvo muy de acuerdo con que yo exponga mis trabajos porque no era conocida en España – confesó Micheli - pero como digo siempre, tengo al suerte de estar al lado de un grande, como es Horacio”. Las palabras de la pintora no hacen más que confirmar su carácter humilde, dado que las críticas recibidas por los principales diarios de arte madrileños fueron impecables respecto a sus obras, a las que catalogaron como “verdaderas visiones picasianas al modo de la propia Lulú” y representadas bajo “un arte figurativo y surrealista”. También, contó que posteriormente se mostraron en París y Florianópolis pero que parte todo del trabajo de su marido “ya que mientras él escribía sus versos” ella “dibujaba y pintaba”.

El existencialismo del tango y el surrealismo de Micheli
Resulta intrigante imaginar la convivencia del existencialismo tan real del tango con el surrealismo de Micheli, y como tal, con las características tan irreverentes propias de ese movimiento y tan dispares entre sí. AL respecto, Ferrer dijo: “Conocí a Lulú durante una exposición de ella en el bar La Poesía de San Telmo y me metí en un mundo de pintor. Aunque he sido dibujante, dejé de pintar cuando me enamoré de ella porque la pareja no debe competir. Ella hace su pintura y yo mi poesía y se complementan y se armonizan perfectamente”.

La vida del matrimonio Ferrer está signada por el arte desde que comienza el día. Ambos contaron que “se separan al mediodía se vuelven a juntar a la noche”. “Lulú trabaja en su taller que tiene en Barracas porque vivimos en un departamento muy chiquito, aunque con una vista que llega hasta las costas del Uruguay, aún así, compartimos muchas cosas juntos”, finalizó.

viernes, 14 de mayo de 2010

El prontuario de la luciérnaga (Ediciones Papeles del Boulevard), de Fabricio Simeoni

Graciana Petrone para la revista literaria El Centón

El poeta realiza una verdadera recreación filosófica sobre los insectos, reptiles y otros animales.

Amor, fatalidad, providencia y eternidad son algunos de los elementos que comprenden los Tratados Cosmogónicos de Plotino (250 a.c.) y en los que establece también, un orden del mundo donde es menester de cada individuo ajustarse a la naturaleza para sobrevivir. En El prontuario de la luciérnaga (Ediciones papeles del Boulevard), Fabricio Simeoni realiza, casi como ejercicio lúdico, una verdadera recreación filosófica sobre los insectos, reptiles y otros animales. El resultado de tardes y noches de profunda observación es este bestiario de poemas breves, por momentos inclasificables, en donde el escritor no sólo se deshace de las emociones profundas sino también de las palabras.

Despojado de toda sensibilidad, con una visión cosmogónica, mágica y a veces cruel reafirma con cada construcción la disparidad de las especies. Como si fuera posible una nueva ley del universo que contemple la coexistencia de lo humano y lo animal sin supremacía del uno sobre el otro. Donde el mismo desorden provocado por su observación explique y justifique ciertas prácticas sociales. “En lo personal – dice - el mundo animal es parte de mi vida y de algunas situaciones muy particulares. Hay como una animalidad humana que me representa y una humanidad animal que contrasta con eso. Esa animalidad humana que, en definitiva, está representada por un mundo violento, por cierta confusión que es parte de la irracionalidad”.

“Animales imperfectos”
“Esos insectos que llamáis animales imperfectos – escribió Teodoro de Almeida - os confieso que son la delicia de mi entendimiento. Todo se me oscurece cuando veo la lagartija puesta en la parra o la araña que pende del hilo que ella misma hiló”. Y como si pretendiera comprimir en versos las Tardes coloquiales del filósofo portugués Simeoni recrea lo inobservable para muchos. Desde su inmovilidad poética, capaz de agudizar al extremo los sentidos, convierte el aleteo de una mosca en una escena espasmódica y tangible: “El último round en el dulce de ciruela/ se abrevia en la cuerda manchada/ hasta troquelar”.

El jardín adquiere entonces la forma de un universo encerrado en sí mismo. Los insectos traspasan los órdenes establecidos o se aparean con castas que le son impropias. “Las langostas trepan/ hasta el final del poste y no hay luz/ en los alrededores” y “por un cospel se entrega la ameba/ y resurge la insurrección / del ecosistema infinito”.

Un discurso trabajado desde el despojo
La arbitrariedad con que mezcla elementos reales, elipsis, metáforas o aliteraciones provoca que su discurso fluctúe los límites de lo mágico: “La tierra transparente/ entorpece la traslación/ y desde arriba todo el oleaje”. Su madurez poética, la complejidad de sus construcciones y las visiones (literalmente cosmogónicas) sobre el mundo animal hacen difícil comprender lo que él mismo opina sobre su trabajo: “El despojo es la palabra que yo utilizaría si me piden que identifique al libro desde todo punto de vista, con la insensibilidad como elemento fundamental”.

Pero el despojo y la insensibilidad que refiere el autor no son más que recursos lúdicos que utiliza, desde múltiples aspectos, para deshacer las palabras, trabajar los espacios en blanco y provocar el tedio necesario para posibles relecturas. “El despojo se da desde lo técnico, desde la imagen y desde la palabra misma, – sostiene – hasta en el acto de la comunicación propiamente dicho. Desde el relativismo hasta la ambigüedad y desde el juego hasta lo conceptual”.

Poemas cortos y concadenados que ofrecen una lectura veloz
El prontuario de la luciérnaga es la continuación de una serie de textos breves que en 2004 acompañaron una muestra de grullas realizadas con una técnica oriental en papel plegado y expuestas en el Pasaje Pam. Según el autor, es el bestiario de poemas más extenso que escribió en toda su vida, motivado “por una cosa muy visceral y afectiva con los animales”.

Aunque la brevedad de sus versos invitan a una lectura veloz, también ofrecen la posibilidad de regenerar el deseo: “Las personas viven de una manera vertiginosa y suelen leer de la misma manera – indica – por eso me gusta provocar cierto hastío en el lector para que revitalice el proceso y cierre el libro porque lo abrumó. Y al día siguiente vuelva abrirlo porque sintió que le podía decir algo más”.

martes, 4 de mayo de 2010

El colombiano Fernando Vallejo presentó en Rosario su libro El don de la vida


Graciana Petrone para http://www.elfisgondigital.com/

En un esfuerzo conjunto del Centro Cultural Parque de España (CCPE) y la editorial ibérica Alfaguara, el autor colombiano viajó a Rosario nada menos que para presentar su último libro, El don de la vida. Lo hizo en el Anfiteatro Príncipe de Asturias acompañado por el crítico belga Jacques Joset, quien trajo también a la ciudad La muerte y la gramática, un estudio literario sobre la obra del nacido en Medellín, donde “hace justicia a uno de los escritores hispanoamericanos más brillantes, pero a la vez más falseados de los últimos tiempos”.

Un sinnúmero de juicios previos son los que se tejen en torno a la figura del polémico escritor nacido en la ciudad de Medellín el 24 de octubre de 1942. Catalogado por algunos críticos norteamericanos de “narcisista”, de hacer una verdadera apología de la violencia de pandillas en su renombrada novela La virgen de los sicarios (1994) y hasta de “renegar de su país natal para nacionalizarse mejicano”, Vallejo rompió con todos esos mitos en su visita a Rosario. Con paso firme, el escritor no dudó durante el trayecto que hizo a pie para llegar el teatro Príncipe de Asturias, en firmar autógrafos, dar apretones de manos sin perder la sonrisa y conversar brevemente con todas las personas que se le acercaron.

Esta ciudad, ¡qué envidia que me da!
“Esta ciudad, ¡qué envidia me da! Con el río que tiene tan majestuoso, caudaloso, recto, va derecho. No como los ríos colombianos que son como nuestros políticos, que dan vuelta a la izquierda, vuelta a la derecha, vuelta a la izquierda y vuelta a la derecha. Así se ven desde arriba, serpenteando sin saber a donde van, como culebras borrachas”. De esta manera y no sin escatimar en comparaciones con su país natal, inició su diálogo desde el escenario, acompañado por el belga Joset y por el director del CCPE, Martín Prieto, quien ofició de entrevistador y presentador del evento.

Prieto confesó que hacía varios años que tenía la intención de traer a Vallejo a la ciudad y que luego de varias comunicaciones telefónicas con la editora de Alfaguara, Julia Saltzmann, que aunque nunca le ofreció demasiadas expectativas, él tuvo la certeza que sería posible.” No era la primera vez – dijo Prieto- que pensábamos en invitar a Rosario a quien era, a nuestro modesto entender y junto con César Aira, lo mejor que le estaba pasando a la narrativa hispanoamericana en los últimos años, en varios de los muchos últimos años”.

También imaginó “lo lindo que sería que los lectores de Rosario, que alguna vez se cruzaron en la calle, o en un teatrito, o en un salón de actos, o en una librería, con Juan Carlos Onetti, con Roa Bastos, con Borges, con Graham Greene, con Raymond Carver, con Saer, con Witold Gombrowicz o con el mismo Aira, se encontraran con Vallejo y que ese encuentro (…) los motivara a leerlo por primera vez, o a leerlo más”.

El sueño ya no era un sueño para el director de CCPE ya que estaba allí, junto a él, hablando, entre otras cosas, de su Colombia natal y de su particular visión sobre los géneros literarios: “En un momento – dijo el escritor - pensé que a la novela le había llegado su día y que no tenía que ser más el gran género de la literatura”. Para Vallejo, la novela es un género basado en la ficción y no en la estricta verdad. Incluso, aseguró que con la verdad se puede hacer un gran género literario “basado en la verdad y no en la ficción”, que no sería otra cosa más que “la biografía que hasta el día de hoy está tratado como un género menor”. “Y estoy hablando de la biografía escrita y no de la biografía novelada que es un género miserable”, afirmó.

El don de la vida y La muerte y la gramática
El don de la vida – explicó el crítico belga - es un tratadito sobre la vejez y sus miserias. Con un interlocutor del yo, ya que Fernando no escribe en tercera persona. No cree en textos ficcionales de tercera persona porque, a su entender, están agotados”. En torno a ello, aclaró que “no está de acuerdo porque hay muchas grandes obras escritas en tercera persona”. El tema principal del libro de Vallejo es la muerte. Según Joset, una Muerte con M mayúscula y una entidad paradójicamente muy viva con la que se puede dialogar: “A la que uno puede engañar, darle la espalda pero que siempre espera en la última curva de la vida”.

En El don de la vida – indica la reseña de la edición - un hombre viejo conversa con un compadre en un banco de un parque de Medellín mientras la ciudad se mueve y cambia, mientras la vida pasa. El viejo, sin embargo, quiere que todo siga igual. Para fijar el tiempo lleva una libreta en la que anota los nombres de los muertos que ha conocido. Ya suman 657 y quiere llegar pronto a los 700. Hablan y hablan sobre los tiempos y las cosas idas: los muertos, los ríos de Colombia, los gobernadores de Antioquia, los amantes del pasado. El viejo es feroz y su conversación una suerte de inventario de insultos. El compadre le hace eco y, al final, parecen una misma voz enceguecida que reza y grita.

La muerte y la gramática, según su propio autor, es una “explicación literaria” del libro del colombiano. Respecto a la elección del título del ensayo, el belga sostuvo que el asunto de su libro es “Fernando Vallejo y la literatura” y “que ese hubiera sido un buen título si no le hubiera parecido mejor incluir en él la obsesión por la aniquilación final y las trayectorias del escritor en sus usos y abusos de la lengua”.

Lejos de realizar un estudio meramente teórico y conceptual, Joset insistió en que su trabajo no es más que una “explicación literaria” sobre “el tratadito de Vallejo sobre la vejez y sus miserias”. Por su parte, el colombiano le expresó públicamente su agradecimiento y sostuvo que “tratar de explicarlo denota una gran generosidad” y que “es un libro que se puede leer fácilmente”: “Las editoras de Colombia y de Argentina no lo hubieran publicado de no haberlo leído así”.