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viernes, 4 de junio de 2010

Como si fuera una carta

Si supieras cómo cambió la noche. Las calles son un desierto. A veces salgo alguna madrugada, como hace veinte años, pero nada se parece a entonces y no hay cosa que me perturbe más que hundirme en el pasado.
En el Olimpia abrieron una sucursal de la Royal, ¿podés creer? Perdimos la provincia, nos fuimos a la B y encima tengo poco laburo. A veces pienso que tienen un láser infrarrojo que lee el ¡Viva Perón, carajo! que llevo tatuado en la frente (debe ser eso, digo, porque está escrito con tinta invisible).
Cada tanto me dan ganas de contarte, ¿sabés? Ganas de que estés acá, leyendo esos poemas que me escribías o regalándome Garufa, escrito en un pedazo de papel con tu vieja Olivetti.
Pensar que la última vez que te vi, hace unos años, yo pasaba en un taxi, vos ibas caminando por calle Mendoza, para Buenos Aires. Aunque con menos pelo, tenías el mismo paso compadrón de siempre.  No sé por qué carajo no le dije al tachero: ¡Pare acá! Después leí tu nombre, en el diario, seguido de un q.e.p.d.
La puta madre, cómo te extraño.


Graciana
Rosario, junio de 2007

2 comentarios:

  1. Los acambios insensibles, hasta que de pronto los vivimos en carne propia.
    Lindo y emotivo relato, nunca debemos cansarnos de decir lo que sentimos, para que no sea tarde.

    Abrazos

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  2. Me hizo recordar alguna situación vivida en algún momento, no hace mucho. Un beso.

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