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martes, 10 de junio de 2014

Los cuerpos y las sombras, nueva novela de Eduardo Sguiglia

Literatura y violencias antiguas y actuales. Dos asesinos a sueldo y un jefe de cártel de drogas, veteranos de Malvinas y policías mediocres son parte de la escena en la que dos militantes del ERP revisan su pasado revolucionario en un relato de enorme tensión difícil de abandonar. 

 Por Graciana Petrone

Como si no alcanzaran en una sola historia –para generar suspenso y acción extrema– dos asesinos a sueldo y un jefe de un cártel de drogas mexicano herido por una amante que huyó robándole más que el corazón, en Los cuerpos y las sombras (Editorial Edhasa), del rosarino Eduardo Sguiglia, aparecen también un ex veterano de la Guerra de Malvinas, unos policías mediocres y dos militantes del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) que se encuentran después de 30 años y que son el eslabón principal de una cadena de persecuciones, violencia y muerte.

En 17 capítulos cortos el autor entrega una novela de aventuras en la que no faltan los personajes, sucesos y elementos característicos del género como el misterio, los cambios constantes de escenarios y también la heroína y el hombre que por amor siente que debe protegerla del peligro. Audaz, el autor hace que la historia transcurra en Texas, Distrito Federal de México y Buenos Aires hasta terminar en una casa de campo en las afueras de Rosario.

Pero además, sus protagonistas viajan a un pasado que será determinante de lo que les  ocurra en el presente: los años de militancia en la Argentina durante la última dictadura y el posterior exilio, el África y hasta la Guerra del Golfo Pérsico. Así, con especial hincapié en la descripción de los lugares, los personajes y las circunstancias, Sguiglia muestra cada fragmento de la novela como si fuera el pasaje de un guión cinematográfico y logra que la tensión en el lector no ceda sino hasta la última página.

La “Operación Gaviota”
La historia comienza con el reencuentro de Miguel y Ernesto, después de más de tres décadas de no verse, en la casa de campo de Miguel, en una localidad poco poblada del sur santafesino. Ambos fueron miembros del ERP, organización armada que llevó adelante lo que se conoció como “La Operación Gaviota”, fallido intento que buscó asesinar al ex comandante Jorge Rafael Videla a fines de 1976, a casi un año de que el militar asumiera como presidente del país.

Sin embargo, por un error en la sincronización de los explosivos el ERP no logró su objetivo, que era hacer estallar en el Aeroparque Jorge Newbery al avión que había abordado Videla junto a otros integrantes de la Junta militar. En la noche del reencuentro, los dos hombres evocan sus días de militancia, el peligro vivido y su exilio pero también hay reproches, en especial por parte de Ernesto, quien no le perdona a Miguel que haya abandonado la organización.

Un sentimiento de culpa se mezcla con un dejo de nostalgia y los ex militantes discuten sobre cómo hubiera cambiado el destino del país si la “Operación Gaviota” hubiera funcionado mientras uno de ellos dice: “¿La vida de cuántos compañeros presos o desaparecidos hubiera costado la de Videla? ¿De veinte? ¿De cien? ¿Doscientos? ¿Y la de Martínez de Hoz, Harguindeguy y del resto de los hijos de puta que viajaban en aquel momento en el avión? Aun así, ¿hubiese valido la pena? ¿Hubiera sido otra la Argentina? ¿Se hubiese desplomado la dictadura?”.

De narcos y mercenarios
El dueño de casa evita al principio contarle a Ernesto la verdad sobre la vida que llevó luego de  abandonar el ERP, aunque lo hace después de varias botellas de vino. Así, le confiesa que viajó a Angola, que estuvo involucrado en el mercado negro de diamantes en el África y, gracias a quedarse con algunas piedras preciosas, se fue a México en donde conoció a Andrea, su mujer. Al mismo tiempo que los ex militantes comparten un asado en la finca, dos mercenarios buscan por las rutas santafesinas a la esposa de Miguel.

Los asesinos a sueldo fueron contratados en Texas por un poderoso narcotraficante que fue amante de Andrea y que no le perdona su abandono y, mucho menos, que le haya robado miles de dólares.
Del mismo modo que el ERP no pudo impedir la continuación de la última dictadura en la Argentina, poco podrá hacer Miguel para evitar el desenlace fatal en su presente. “Los cuerpos y las sombras –señala la contratapa del libro– es el cruce de dos mundos: pistoleros que matan sin mirar a quién y viejos guerrilleros que siguen presos de las paradojas de la historia, y que no alcanzan a descubrir si fue un alivio o una fatalidad que aquel atentado fracasara”.

Como libros de viaje
Eduardo Sguiglia nació en Rosario, en 1952. Es economista y escritor. Durante la última dictadura militar en el país estuvo exiliado en México. En 1983 fue el primer embajador argentino en El Congo y al regresar a la Argentina trabajó como docente de la Universidad de Buenos Aires (UBA). En la función pública ocupó los cargos de presidente del Ente Regulador de los Aeropuertos y de la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia, como también se desempeñó como subsecretario de política latinoamericana.

Las experiencias en México y en el Tercer Mundo le sirvieron a Sguiglia como base para escribir muchas de sus novelas. Tal es así que en Ojos negros (Editorial Edhasa), una de sus anteriores novelas, el rosarino muestra una historia que, al igual que Los cuerpos y las sombras, transcurre en Buenos Aires, África y México, como también roza el drama, la aventura y la acción. Incluso, su protagonista se llama Miguel, aunque en este caso se trata de un cuarentón desempleado que tras la crisis de 2001 en Argentina siente que su vida ha perdido el rumbo y en ese contexto recibe una propuesta para un trabajo poco convencional en el África. Una vez en tierras de Angola y el Congo –los países donde transcurre la mayor parte de las escenas– nuevos personajes lo acercarán al despiadado mundo del poder y las piedras: asesinos a sueldo, mineros explotados por grupos insurgentes, empresarios inescrupulosos y hasta extranjeros solitarios que transportan diamantes en sus intestinos para luego venderlos en el mercado negro a cifras exorbitantes.

Sguiglia publicó, entre otros libros, No te fíes de mí si el corazón te falla y Un puñado de gloria. Fordlandia (1997), una de sus primeras novelas de ficción, cuenta acerca de un proyecto de autoabastecimiento de madera de alcornoque que llevó adelante el empresario estadounidense Henry Ford, cansado de pagar el caucho en el mercado a mucho más de su valor. Actualmente, el libro es utilizado como material de estudio en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA

Nota publicada en el diario El Ciudadano.

martes, 8 de abril de 2014

Rubén Pron, al rescate de historias personales

"Crónicas contra el olvido es el título de la trilogía que reúne, hasta ahora, dos libros en el que el periodista Rubén Chacho Pron pone de manifiesto las historias de tres militantes desaparecidos durante la última dictadura cívico-militar.


El periodista Rubén Pron durante la presentación de los libros en El Trébol

Graciana Petrone

Crónicas contra el olvido” es el título de la trilogía que reúne, hasta ahora, dos libros en los que el periodista Rubén Chacho Pron rescata la historia de tres militantes desaparecidos durante la última dictadura cívico-militar en la Argentina. Carlitos y Mary, publicado en 2013, y Alicia, que vio la luz en marzo de este año, representan una valioso aporte para la construcción del pasado reciente en el país y, en especial, para la comunidad de El Trébol, ya que allí vivieron las víctimas hasta que emigraron a otras ciudades del país para realizar sus estudios universitarios, al igual que el autor de estos relatos.

A través de documentos, cartas, fotos, citas bibliográficas y también testimonios de familiares y amigos el autor indaga en la vida de Carlos Alberto Bosso, María Isabel Salinas y Alicia Raquel Burdisso. Así, traza un recorrido que empieza prácticamente desde su infancia para llegar a cuándo, dónde y cómo fue que decidieron ser parte activa del cambio que se vislumbraba en el país en los convulsionados ’70.

Las tres personas desparecidas militaban en distintas corrientes partidarias. Pron  asegura que si bien compartía algunos ideales no tenían una actividad política en común, aunque sí mantuvo con ellos una relación fluida cuando fundó en El Trébol el periódico Semana Gráfica, ya que Carlos y Alicia fueron colaboradores.

“Era una publicación de carácter más bien contestatario —recuerda— y la mayoría de los redactores eran jóvenes de la localidad. A Alicia la traté solamente seis veces, desde mediados de 1969 hasta fines de ese año cuando se fue a estudiar a Tucumán. Después, nunca más la vi”.

Carlos y Mary

Carlos tenía un futuro prometedor. Según apunta el periodista en su libro, “era reflexivo”, una de las tantas razones que lo convirtieron en un ser muy querido dentro de la comunidad trebolense. Apenas terminó el secundario viajó a la capital provincial e ingresó a la Universidad Nacional del Litoral para estudiar Ingeniería química. Allí también conocería a María Isabel Salinas quien sería su esposa y la madre de Mariana, la única hija de ambos.

Pero el joven no pudo recibirse. Mientras militaba en Montoneros y le faltaba sólo una materia para terminar la carrera, debió dejar la ciudad de Santa Fe, perseguido por la Triple A. Se radicó junto a su esposa en Rosario donde vivieron un tiempo en la clandestinidad hasta que el 17 de septiembre de 1977 el matrimonio fue secuestrado y con ellos también la beba. “Los cuerpos de Carlos y Mary fueron encontrados en un predio militar de Laguna Paiva, que además fue el primer predio de enterramiento clandestino que se encontró en Argentina”, señala el periodista.

Tal vez porque todos sabían de la existencia de Mariana, o como indica Pron en su trabajo, que posiblemente los detenidos hayan negociado la restitución con sus captores, es que la niña le fue entregada un domingo a su familia paterna. Hoy tiene 36 años y es a quien el autor le dedicó el libro que cuenta la historia de sus padres, vilmente ultimados por el terrorismo de Estado.     

Quién sabe Alicia, este país

Alicia Raquel Burdisso nació en El Trébol. Los testimonios recogidos por el periodista apuntan que desde chica tuvo un perfil bajo y que mostraba más interés en la lectura que los demás chicos de su edad. Cuando terminó el secundario eligió la ciudad de San Miguel de Tucumán para estudiar periodismo, aunque después se cambió a la carrera de Letras. Allí comenzó una militancia social primero y posteriormente ingresó al Partido Comunista.

“Llegó a niveles impensados dentro de la estructura orgánica para una mujer tan joven. Con 25 años fue presidenta de Unión de Mujeres de la Argentina, fue además secretaria de prensa del comité provincial de Tucumán del Partido Comunista y también tenía  militancia gremial en ATE (Asociación de Trabajadores del Estado)”, dice el autor.

Tras un detalle minucioso que reconstruye los momentos de la vida de Alicia en El Trébol, y también en la provincia norteña, Pron relata que una mañana gris de otoño de 1977 la joven “fue levantada por los policías de civil del Servicio de Informaciones Confidenciales (SIC), un organismo paralelo al Departamento de Inteligencia de la Policía de Tucumán mediante el cual las autoridades militares de las dictaduras ejecutaban las detenciones clandestinas de las personas que pasaban a ser desaparecidas”.
Los títulos de la colección de Crónicas contra el olvido constituyen un valioso material que aporta elementos desconocidos sobre los militantes. “Siento que no presenté libros sino a tres personas”, dice el autor, para concluir: “Yo tenía con Carlos y Alicia el compromiso personal de rescatar sus historias”.  

Tercer título contra el olvido

Rubén Chacho Pron trabaja actualmente en la reconstrucción de la vida de Luis Alberto Tealdi, militante desaparecido, ligado a El Trébol, que llegó a la localidad santafesina cuando era adolescente, en la década del ’30.

El periodista señala que Luis tuvo una presencia relevante en distintas actividades gremiales: fue fundador del Sindicato de los Lácteos en los años 40 y después trabajó como administrativo en el hospital local cuando pasa a manos de la provincia luego de que es intervenida la Sociedad de Beneficencia, que había creado el centro de salud.

Otros aspectos de la vida del militante referidos por Pron, es que se fue de El Trébol en 1959 con rumbo a Mendoza. “Alí puso un negocio aunque no le fue demasiado bien y es por eso que decidió radicarse en Campana, provincia de Buenos Aires, donde un cuñado le consiguió trabajo en una fábrica siderúrgica”, dice.

Al igual que Carlos, Mary y Alicia, Luis fue secuestrado en 1977, aunque su historia se diferencia la de los jóvenes ya que al momento de su desaparición tenía cerca de 50 años. La vida de Luis Alberto Tealdi será el tercer título de la colección Crónicas contra el olvido, que el periodista tiene previsto presentar en El trébol el próximo 24 de marzo, en el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia.

Nota publicada en el diario El Ciudadano 

lunes, 4 de noviembre de 2013

Shopping y Colección de arena: Eficaces escrituras femeninas

Marta Ortiz y Gloria Lenardón, dos autoras de avezada trayectoria, acaban de publicar un libro de cuentos y una novela, respectivamente, donde sobresale el arraigo con el pasado, en los relatos, y una anécdota mínima en el texto de largo aliento.

Graciana Petrone
 
Lenardón y Ortíz - Foto Leonardo Galetto

La serie Narrativas Contemporáneas, de la Editorial Fundación Ross, acaba de publicar Colección de arena –compuesto por una serie de cuentos–, de Marta Ortiz, y Shopping, una novela de Gloria Lenardón. En concordancia con la avezada trayectoria de las autoras, las obras ofrecen relatos de cierta impecabilidad, en los que puede leerse la palabra precisa en cada una de sus páginas. Coherentes con el espíritu del proyecto, los ejemplares se distinguen por su elegancia y el cuidado estético de sus portadas, cuyo diseño e imágenes pertenecen a Cecilia Lenardón.

Encuentros, sentimientos inequívocos, personajes por momentos complejos y un exhaustivo trabajo en la descripción de los ambientes, el vestuario o la coyuntura (aunque también aparece lo aleatorio) son sólo algunos de los elementos con los que Ortiz construye los 23 relatos que forman el libro. “Es una característica mía. No puedo evaluarlo dentro de mi mismo trabajo, pero remitiéndome a lo que muchos me han dicho sobre eso, creo que es parte de mi mirada”, asegura la autora, quien además es una experimentada coordinadora de talleres de narrativa. “Por otro lado –agrega– nunca doy por terminado un cuento hasta que no me satisface a mí, lo que nunca ocurre con la primera versión: hay que retrabajarlo y pulirlo porque muchas veces no están claras las ideas y eso se va develando en la escritura”.

Así, el detalle más ínfimo se convierte en una pieza fundamental a partir de la cual la autora da vida a una narración con fuerte contenido político como es el caso de “Zapatos de fiesta”. En este relato, la protagonista abre un abanico de recuerdos de su época de estudiante universitaria, y escribe: “Mirabas para otro lado, vos y otros miraban más allá de la línea de fuego a pesar de los chicotazos que ennegrecían el ambiente y las corridas también, había que llevar zapatos cómodos, no las botas de caña alta cuando ibas a la facultad (…)”.

En “Lunares de sol sobre el verde del césped del parque”, en cambio, crea un personaje que guarda un secreto atroz y casi como una interpelación al lector apunta en un diario íntimo lo que no se anima a confesar: “Alguien me habló de una cronista guatemalteca, lleva un registro minucioso de esa napas inclasificables que en los libros se llama estupro y en la vida real violación (…)”. En todos los relatos de Colección de arena el arraigo en el pasado, la mujer frente al mundo o los recuerdos de la infancia destrozados por el paso del tiempo son una constante. En cada texto Ortiz hace que se desteja una madeja de frágiles y delgados hilos que se estiran y acomodan a medida que las páginas avanzan.


Shopping
En Shopping, Lenardón realiza un trabajo narrativo en el que se destacan dos aspectos esenciales. El primero es que la novela transcurre en un único momento: cuando la protagonista asiste a la inauguración de un centro comercial a bordo de un viejo Renault 12. El segundo, es el impecable manejo de la palabra con el que produce imágenes en continuo movimiento y situaciones casi agobiantes, llenas de adrenalina, propias de los efectos del consumismo.

Y pese al terreno peligroso por el que puede caminar una trama sin detonantes y basada en lo anecdótico, la escritora mantiene en vilo al lector con maestría. No da tregua. “Me ocupo de la historia en sí, de cómo quiero contarla –explica–, de las dificultades con que me topo; con esta novela quería una anécdota mínima, una voz que fuera y viniera, un poco aquí y un poco allá, y un espacio muy grande donde hubiera amontonamiento, acumulación. Y también mucha distracción”.

El personaje de Shopping es una mujer cuyo único interés aparente es ingresar al complejo y a la que deslumbran el colorido de las vidrieras acondicionadas especialmente para la ocasión, el amontonamiento de gente, los adornos o los fuegos artificiales, mientras cuenta todo lo que ve: “Hay estrellas que revientan en puntos azules que de golpe son rojos, o de un blanco fosforescente”. De a ratos recuerda a su gata Lola, el balcón de su departamento y algunos instantes fugaces de su vida pero de inmediato vuelve a sumergirse en el escenario convulsionado del centro comercial.

Así, la historia de Lenardón transcurre entre una multitud de gente y marquesinas incandescentes, música y cientos de ofertas de productos de los más disparatados por los que la gente se agolpa a empujones para comprar antes de que se acaben. “Cuando quiero escribir una novela – dice la autora–, siempre tengo la sensación de estar metiéndome en un embrollo del que me va a costar salir, y aún más resolver. Con esa sombra encima lo primero que trato de evitar es lo solemne”. Esa parece ser la razón por la que eligió un shopping como escenario. “Porque me aportaba ideas que me divertían, pero hay que ver qué queda cuando se pasa la narración, y cuán dispuesto está un lector a ceder su seriedad”, apuntó.

Ejemplares de colección
La colección Narrativas Contemporáneas, de Editorial Fundación Ross, está dirigida por Lenardón y Ortiz. Debutó con las antologías Mi madre sobre todo y El río en 14 cuentos, a los que le siguieron seis libros más entre los que se encuentran La prueba viviente, de Patricia Suárez; Tirabuzón, de Angélica Gorodischer, y Santos y desacrosantos, de Enrique M. Butti. Las ediciones se distinguen por su cuidado estético y un particular diseño exterior en el que la fotógrafa Cecilia Lenardón crea imágenes que ocupan tapa y contratapa. “Como si se pudiera ingresar al interior del libro por ambos lados”, apuntó Ortiz. La serie, según explican las editoras, busca rescatar “la oferta del había una vez, la diversidad de escrituras, las ideas que se agregan y sus pretensiones, el fenómeno de lo que va y viene, su registro en el idioma. La trasgresión de lo cotidiano: un libro para hoy y otro para mañana”.

Nota publicada en diario El Ciudadano 

sábado, 16 de febrero de 2013

Rubén Gauna y sus aventuras en cómic sobre la Comunidad de los Osos (*)

Por Graciana Petrone

El dibujante, Rubén Gauna

Desde chico Rubén Gauna tuvo el don de dibujar. Aunque su intención era ilustrar cuentos infantiles, su profesión tomó otros rumbos y hoy es uno de los pocos en el país que se dedican a hacer comics gays para adultos sobre la “Comunidad de los Osos”. Con un talento innato, asegura que lo que aprendió en cuanto a tecnicismos del oficio fue en el colegio secundario donde tal vez muchas de sus horas pasaron mientras hacía bosquejos de superhéroes, dragones o personajes similares a los de Mafalda, de la que es fanático.

Le hubiese gustado estudiar Bellas Artes o Diseño pero “no se pudo dar” y pese al éxito que tuvieron los dos volúmenes de su tira “Horror, desperté con un cazador”, en la que cuenta la relación de pareja entre dos hombres desde lo cotidiano, todavía  mantiene el trabajo de administrativo en una empresa.

Sus primeros pasos en las ilustraciones gays surgió “casi por accidente” cuando hace unos diez años dejó carpetas con bosquejos y dibujos “en todas las editoriales de Buenos Aires” con la intención de participar en cuentos infantiles, pero el artista no tuvo respuestas. “Me agarró una especie de depresión. Paralelamente estaban apareciendo las redes sociales y me di cuenta que podía contactarme con gente de otros países, lo que una década atrás era imposible”, dice. A partir de ahí fue que sus pasos en el oficio tomaron caminos impensados.

A través de un sitio en internet se contactó con músicos del underground y así fue que conoció a Juan Pablo Malvasio, cantante y productor, entre otros, del disco “Folk Electrochongo”. El músico “regalaba” sus canciones en la web a quienes se lo pedían. “Me gustó lo que escuché y le dije que lo que yo hacía daba para promocionar la tapa de algunos de sus simples y le di un dibujo, de la misma manera que él me había regalado sus temas”, cuenta. Gauna también le diseñó los stikers para promocionar sus recitales pero la historia no terminó ahí, porque además, empezó a ilustrar las portadas de álbumes de otros artistas.
 
El mundo de los osos
Las historietas de Gauna giran sobre los “osos gay”, temática que tuvo sus primeras apariciones en el mercado editorial japonés durante los ’90. Casi una década después, el artista se contactó a través de Yahoo con dibujantes de otros lugares del mundo con quienes compartía los mismos intereses y creó los primeros pasajes de “Horror, desperté con un cazador”, lo que sería una historieta que contaría en poco tiempo con dos ediciones impresas del formato de la célebre “Mafalda”, de Quino.

La comunidad de los Osos es un término que se usa para distinguir a una suerte de “subcultura” dentro del mundo gay formada por hombres robustos, con bello facial y corporal tupido, tales son los casos de los personajes ilustrados por Gauna.

Muchas de las historias que escucha a diario o los momentos que vive junto a un grupo de amigos son los motivadores de sus tiras. Algunos pasajes “tienen influencias de películas de Almodóvar, novelas mexicanas o superhéroes”. El título de las dos ediciones de sus libros - “Horror, desperté con un cazador” -, fue una frase que le dijo su pareja una mañana al despertarse. “A partir de ahí la usé para contar qué era la comunidad de los osos y relaté la misma historia desde el punto de vista de los distintos protagonistas”, asegura.

Más tarde, subió a la web algunos episodios de la tira y causaron furor en la red, tanto que se multiplicaron rápidamente los “Me gusta”, como también  los comentarios con los que sus seguidores pedían que continuara la trama. Las redes sociales jugaron un papel fundamental para este artista que confiesa que le gustaría poder vivir de sus dibujos, ya que a través de Facebook se contactó con Casa Brutus y así la empresa le encargó diseños de postales de temática gay para Navidad y el Día del Amigo.

Anatomía del peluche,primer episodio

El 14 de febrero, en coincidencia con el Día de San Valentín, Rubén Gauna subió a la web el primer capítulo de la nueva tira Anatomía del peluche, que cuenta la historia de un “oso”  que se acaba de separar de su pareja y cree que debe empezar una dieta para adelgazar para cambiar su imagen y así mejorar su vida afectiva. El episodio estará disponible en el perfil de Facebook/ Anatomía del peluche.  Además, eldibujante ya trabaja en otras dos tiras: 2 BRoke Bears, que ya empezó y tiene traducción al italiano en un blog de comics LGTB del país europeo y La liga osuna, que empezará en abril.  

Ruben Gauna en la presentación de Horror, desperté con un cazazdor
Historias con eje en la discriminación

A Rubén Gauna nunca se le había pasado por la cabeza crear tiras gay para chicos. Pero un malentendido volvió a cambiar los planes del dibujante porteño cuando hace un tiempo fue entrevistado por una periodista quien subió a un blog una nota titulada con una supuesta cita del artista en la que sostenía: “Quiero dibujar historietas gay para niños”. 

Los comentarios agresivos y homofóbicos comenzaron a proliferarse a raíz de ese artículo y Gauna explicó a El Ciudadano que lo que él había dicho, en realidad, era que siempre quiso hacer “historietas infantiles”, pero fuera de la temática homosexual. Debido a la reacción de la gente en la web sintió que era necesario hacer algo desde su lugar de trabajo y aseguró: “Ahora sí quiero hacer historietas gay para chicos”.

Es cierto que el género del cómic es un buen recurso para llegar a los lectores más jóvenes, sobre todo adolescentes y niños, pero todavía el artista no tiene nada definido en cuanto a historietas sino que se encuentra en pleno proceso de producción de las ilustraciones de un libro de cuentos juveniles hecho por un grupo de escritores cordobeses.

“La temática es la discriminación sexual y es por eso que estoy dibujando uno de los relatos que trata sobre un chico que es gay, que usa un uniforme de cuero y cuando los compañeros se enteran de su condición sexual lo echan del grupo”, explicó.  En tanto, en abril empezará a crear una historieta de superhéroes, pero ya para formato de revista y en colores, la que estará dirigida al público adulto.
 

(*) nota publicada en el diario El Ciudadano de Rosario el 14 de febrero de 2013.


    

lunes, 11 de febrero de 2013

Jorge Riestra: la memoria de un escritor de ciudad

“Algunos dirán que el café es mi segundo hogar…”, sostiene el autor de “Salón de billares” y “El taco de ébano

Por Graciana Petrone (nota pulicada en el dairio El Ciudadano)

Foto: Juan José "Tatín" García

Jorge Riestra lleva algo más de siete décadas en el oficio de escritor desde el día en que con 14 años y seguramente también con pantalones cortos le puso fecha a su primer relato. “Desde entonces he visto al país, he visto mundo…”, dice. Pero, sobre todo, ese “hombre de ojos húmedos”, como lo describió Adrián Abonizio en uno de sus cuentos, es autor de libros emblemáticos que forman parte del imaginario popular como lo son “Salón de billares” y “El taco de ébano”, dos obras referenciales escritas entre 1955 y 1961 que hablan sobre un mundo casi extinto, porque uno de los pocos “cafés” que sigue en pie es el de Sarmiento y Mendoza, lugar al que el notable autor, sin perder su costumbre nocturna, visita dos y tres veces por semana.

Se considera un hombre de ciudad porque desde ella puede ver el país y desde ahí también el mundo. Vuelve de los viajes sin ideas para sus libros porque “las historias surgen de la ciudad”. En su lugar de trabajo hay un escritorio; una máquina de escribir (Riestra no usa el procesador de texto de la computadora); libros (muchos libros); fotos (muchas fotos) y una ventana que mira al cielo. También hay silencio.

La mayoría de los lectores lo asocian con la noche y los billares y es esa una realidad que no puede eludir, aunque también es una apreciación un tanto injusta. Su primer libro, “El Espantapájaros”, apareció en 1950. Dos años antes un grupo selecto de intelectuales que se reunió en la casa de don Hilarión Hernández Larguía realizó una lectura colectiva de la obra y todos coincidieron acerca de sus condiciones. También es autor de “La ciudad de la Torre Eiffell”; “Principio y fin”; “A vuelo de pájaro” y “El Opus”, entre otros. En 1992 los memorables relatos que integran “El taco de ébano” fueron encontrados por un editor en las estanterías de una librería de viejo en La Coruña y se publicaron en España. Todos sus títulos tuvieron tiradas de miles de ejemplares.

Está convencido de que el oficio que eligió es hermoso, aún “con su carga de angustia, la que provoca el hacer y el no hacer” y hay una coherencia incorruptible entre lo que dice y esas “cuestiones de coyuntura que impulsan al cambio y que son pocas en la vida”. Es abogado pero guardó el título en un cajón para crear “Salón de billares”. Ejerció durante muchos años la docencia en la ciudad, pero por escribir rechazó una beca de la Universidad de Houston con la que tal vez hubiera dado el salto a Harvard. “Supeditaba todo a la tarea, hasta tenía miedo de casarme y tener hijos”, confiesa. También formó parte de los últimos años de la Biblioteca Vigil: “No me interesaba el dinero, quería integrar un proyecto con bases democráticas en un país que siempre estaba al borde del totalitarismo”.

De café en café
La trama de “Salón de billares” transcurre en el café “Nuevo Sol”, reducto que existió realmente y que se llamó “Los 20 billares”, también conocido como “Olimpia”. En su época de mayor esplendor funcionó en Rioja entre San Martín y Maipú. Más tarde, en 1977, se mudó a Maipú y Santa Fe hasta que cerró definitivamente en 2002 vaciado por el neoliberalismo menemista al igual que los bancos, la salas de cine y el impulso de la participación política juvenil.

Hoy, donde funcionó el Olimpia, abre sus puertas casi con irreverencia la sucursal de una bombonería. Las góndolas ocupan el espacio que antes llenaban  las mesas de casín y la iluminación estridente y matinal del local reemplazó al humo del cigarrillo que formaba nubes blancas y espesas debajo de las lámparas. “Algunos dirán que el café es mi segundo hogar…”, dice, y asegura que el sitio es generador de una “especial camaradería entre hombres” y justamente en Salón de billares es donde se describe esa esencia. También en el libro Riestra muestra con fidelidad esos personajes nocturnos, silenciosos, taciturnos o tangueros que lo frecuentaban, donde no existían las conversaciones sobre la familia o de la mujer como mujer o la política, “porque la política es separadora

domingo, 3 de julio de 2011

Firmenich, la historia jamás contada del líder montonero

Publicado en diario La Capital de Rosario, domingo 3 de julio de 2011


El color negro en su portada augura una trama intensa, coherente con el espíritu político y revolucionario que reinaba en el país a finales de los años ’60. El título pareciera estar bañado con sangre, lo que no es un eufemismo, sino el diseño que Pablo Waisberg y Felipe Celesia eligieron para la tapa de Firmenich, la historia jamás contada del jefe montonero. Lejos de presentarse como una biografía convencional, el trabajo combina el relato periodístico con la investigación histórica y es el resultado de casi cuatro años de una búsqueda minuciosa para reunir toda la información publicada en medios gráficos, radiales y televisivos de la época y relatar detalles precisos sobre la vida privada y pública de Mario Eduardo Firmenich, fundador y cabecilla de Montoneros, una de las organizaciones armadas más poderosa que operó en el país durante los emblemáticos ’70. 

Violencia, traición y muerte son términos que giraron en torno a la figura del ex líder y que aún hoy permanecen instalados en el imaginario colectivo. El libro echa luz sobre pasajes ocultos de una de las figuras más controvertidas de la vida política argentina y avanza, de esta manera, por terrenos fangosos y complejos. Los autores cuentan que encontraron un “altísimo rechazo” de las fuentes a participar. Para Celesia, los motivos de la resistencia fueron varios. “Por un lado – dice - muchos de los montoneros de ayer actualmente son funcionarios o están en la política activa y creen que Firmenich conserva la condición de ‘piantavotos’ o tipo repudiado. Otro tuvo que ver con cuentas personales no saldadas y algunos pocos tuvieron miedo a la reacción que pudiera tener el ex dirigente al ver su testimonio impreso”.

“La paz es posible”
El libro consta de diez capítulos. Cada uno de ellos describe un período de cuatro a seis años del derrotero del ex jefe montonero a partir de su nacimiento, en 1948 y hasta la actualidad. El relato comienza cuando “el joven Mario Eduardo” resulta ganador del primer premio en un concurso de ensayos sobre la paz mundial, organizado por la Asociación de Leones de Ramos Mejía. Firmenich, sin que sus padres lo supieran, envió una composición titulada “La paz es posible”. La mención que obtuvo hizo que fuera agasajado en la sede leonina del barrio, donde lo señalaron delante de todos los presentes “como un ejemplo” para los niños de su edad. El dato, que ante una primera lectura puede resultar menor, es el disparador a partir del cual Celesia y Waisberg reconstruyen una vida signada por “los misterios y los sobreentendidos”, el activismo político, las conspiraciones  y el ansia de poder.

Gran parte de los contenidos de la historia están articulados en base a testimonios que los periodistas recopilaron durante los años de investigación. Así, reseñan que don Víctor Firmenich, padre de Mario, contó en una entrevista para la revista Siete días, en julio de 1984, que desde chico su hijo tuvo “ese sentido especial de la justicia distributiva”. Su amigo Néstor, apodado ‘Tato’, quien fue compañero de Firmenich en el colegio Nacional de Buenos Aires, cuenta que el jefe montonero era lo que “genéricamente” se denomina “un buen hijo”, que ayudaba en las tareas domésticas de la casa y que “era un tipo modelo”.

Los autores practican una suerte de deconstrucción en su relato al armar las piezas de un rompecabezas complejo para dilucidar en qué momento “el tipo modelo” pasó de ser un joven ejemplar con un “sentido especial de la justicia” para convertirse en uno de los referentes activistas más repudiados de la Argentina que carga la “impronta de un hombre maldito”, de “bestia negra de la política”  o de “demonio bifronte” y que comandó, entre otras intervenciones violentas, la operación Pindapoy en la que secuestraron y asesinaron al general Pedro Eugenio Arammburu. “Nos atrajo el mito construido en torno suyo y esa imagen de ‘mancha venenosa’ con la que se lo había estigmatizado – explica Waisberg. - Queríamos ver qué tanto había de eso y qué tanto formaba parte, como decían sus seguidores, de una gran operación para estigmatizarlo”.

Acomodar el engranaje de una maquinaria desarticulada y oculta es lo que pretende Firmenich, la historia jamás…. El libro es la primera investigación formal realizada en torno a la figura de quien comandó Montoneros, ya que en cuatro oportunidades distintos periodistas intentaron hacerlo pero los proyectos quedaron truncos. “El relato sufrió la misma maldición que cayó sobre su personaje – dicen Celesia y Waisberg - Hasta él mismo firmó un contrato con una editorial para una autobiografía que nunca se decidió a publicar”.     

Los autores sostienen al comienzo de la historia que su intención no es la de sentar postura alguna sobre el ex dirigente. Incluso, que su investigación rompió varios mitos: “no fue miembro de Tacuara” y “nada prueba que se haya encontrado con quien mataba por miles a sus compañeros y subordinados”. Pero aún así, la verdad revelada es igual o más controvertida que lo sucedido en aquellos años. “En condiciones republicanas normales – explica Celesia - podría haber sido un oficial militar ya que su vocación y sus virtudes para la guerra son innegables”.  No resulta fácil tampoco comprender cómo una persona con las características de Firmenich fue referente e ícono en su época. Para Waisber es necesario, ante todo, entender los procesos políticos y sociales y cómo en medio de ellos se modifican las organizaciones y sus integrantes: “Para ser líder primero hay que estar decidido a serlo y Firmenich quería ser un líder”.
Felipe Celesia y Palo Waisberg, autores del libro

Felipe Celesia
Nació en Buenos Aires (1973). Estudió Filosofía en la Universidad NAcional de Mar del Plata y en la de Buenos Aires. Trabajó en La Capital de Mar del Plata, La Prensa y en las agencias Noticias Argentinas y TELAM. ES acreditado en la sala de periodistas de la Casa de Gobierno. En 1996 ganó el Premio Municipal de Literatura de Mar del Plata y en 1999 obtuvo el tercer lugar en el Concurso Nacional de Ensayos “José Hernández”, organizado por el Senado de la Nación.

Pablo Waisberg
Nació en Buenos Aires (1974). El licenciado en Periodismo y docente de la Facultad de ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora. Colaboró en distintos medios gráficos nacionales e internacionales. Actualmente es editor de la sección Política de la agencia Noticias Argentinas y es subeditor de la sección economía del diario Buenos Aires Económico.   
  

domingo, 29 de mayo de 2011

LUNITA ROSARINA, tercer tomo de la colección Ciudad y Orilla

http://www.lacapital.com.ar/ed_senales/2011/5/edicion_135/contenidos/noticia_5125.html
Con una fuerte impronta Poética, el periodista y escritor Sebastián Riestra, despliega su más auténtico carácter de flaneur.


Si algo distingue a Lunita Rosarina es la mirada pasional y crítica con que el periodista y escritor, Sebastián Riestra, evoca el pasado, describe lugares transitados y, sobre todo, construye realidades e imaginarios comunes. Basta con sumergirse en sus páginas para navegar  por un río de recuerdos al que convierte en coincidencias proféticas y donde la complicidad del lector no es necesaria, porque su narrativa, sencillamente, cautiva y enamora.

El libro contiene las columnas publicadas en la edición online del diario La Capital y otros relatos inéditos. “Los escritos son totalmente ajenos a la información o a la cobertura - indica el autor – hablan sobre la ciudad, el amor, el país, la política, los bares, las calles, los libros y los amigos”. No resulta fácil definir en qué estadio de la literatura reposan, pero lo cierto es que la lectura completa de la obra produce el impacto de estar frente a un cancionero tanguero.

“Con la excepción de los blues y algunas coplas andaluzas - dijo alguna vez  el maestro Horacio Ferrer - no hay otra expresión que le cante a un cosaco que se tiró al Don o a quien está enamorado y la ‘madama’ no le da pelota. El tango le canta a todo: al tachero, al suicida, al filósofo o al pituco”. Lo mismo hace Riestra, quien expone con vehemencia el recuerdo del amigo muerto, el desarraigo, el cobijo generoso de una cantina en Montevideo y el dolor provocado por la desaparición de viejos hogares, edificios demolidos y aquellos bares que cerraron sus puertas o, simplemente, fueron sepultados por el olvido.      

Con fuerte impronta poética
El libro está dividido en cuatro segmentos: Homenajes, Diatribas, Paisajes y Amores. Su ordenamiento, lejos de ser arbitrario, marca el rumbo de la lectura que el autor desea que se lleve. Tal vez, el idéntico recorrido que trazó al escribir Lunita Rosarina, con “los zapatos que pisan las mismas baldosas de hace dos décadas”, mientras mantuvo “tibio el espíritu y el cuerpo preparado para enfrentar la intemperie” en una “ciudad llena de soledades”. Riestra no deja espacios librados al azar y es obsesivo, tanto en sus intenciones como en la construcción de su prosa, la cual carga una fuerte impronta poética.

Homenajes reúne textos que, como plegarias, se elevan y reviven musas perdidas: el amigo que se fue, las bellas mujeres del cine (en los años ’50), la voz de Karen Carpenter o el espíritu de Facundo Marull que deambula en silencio, sin dar señales de vida o de muerte aún, porque “nadie sabe dónde está, nadie contesta. Pero tampoco hace falta porque lo que escribió vive”. En Diatribas desnuda, sin reservas, su más auténtico carácter de flaneur. Camina las calles, deambula, observa, sufre y repliega al máximo sus sentidos, pero las imágenes que captan sus pupilas lo fastidian, lo ensordecen y lo atrapan en una telaraña de voces que no dicen nada. Lo agobia el desconcierto de una burguesía naturalizada en donde “la literatura no le importa a nadie”, aunque “en medio del verano implacable, sumergida bajo las olas del consumo, la ciudad aún vive”.

Paisajes y Amores reúnen relatos que van a resucitar pasados comunes y a evocar sitios  únicos e irrepetibles que, de tan cotidianos, apenas pueden describirse: “plazas, bares, librerías de viejo. Cine, árboles, balcones y ventanas”, recuerdos que el autor rescata de su memoria y son capaces de revivir un beso debajo del árbol de moras (en la plaza Bélgica) el fainá de la pizzería Santa María (que no es la ciudad de Onetti) y también aclara (en caso de que el libro haya caído en manos de un joven lector) que la disco Luna alguna vez se llamó San Telmo y que El Chaco y El Rafa fueron bares: “Porque el tiempo es implacable – apunta – Barre con las personas y también con los lugares”.

Lunita Rosarina es un libro que no sólo pretende luchar contra el olvido a través de la belleza de su narrativa, sino que impone dogmas y obliga, de manera irrevocable, a una lectura política: porque las salas de cine sucumbieron ante el despotismo neolieberal de los años ’90; porque los mejores libros se llenan de polvo y yacen en los rincones más oscuros de la librerías; porque hay “muchos a quienes el país les pasa por arriba, por abajo y por al lado pero nunca por adentro” y porque “Rosario es un enigma que aún no se ha descifrado”.


Del autor
Sebastián Riestra nació en Rosario (1963). Publicó cuatro libros: El ácido en las manos (1991), El porvenir de los muertos (2002), Clitoriana (2003) y Romero (2004). Integró las antologías La única ciudad (poesía) y Autopista (cuentos). Participó de numerosas lecturas, coordinó talleres y ciclos culturales en Rosario, Buenos Aires, La Plata y Santa Fe. Intervino, entre otros eventos, en los Festivales Internacionales de Poesía de Rosario y de la Feria del Libro de la Buenos Aires. Forma parte del staff de las revistas literarias Facundo y El jabalí. Actualmente se desempeña como sub secretario de redacción del diario La Capital, donde también es columnista.    

lunes, 20 de diciembre de 2010

"Mi madre sobre todo"



Graciana Petrone, para diario El Litoral de Santa Fe




El libro es el primer título de la colección Narrativas contemporáneas que publica la Editorial Fundación Ross y reúne cuentos de reconocidos autores de distintos puntos del país.


http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2011/03/12/arteyletras/ARTE-02.html

Resulta indiscutible que la figura materna genera sentimientos intensos. A menudo también abre senderos resbaladizos por donde transitan desencantos, odios, pasiones, infortunios, adoraciones y orfandades. Los cuentos reunidos en la antología Mi madre sobre todo, a través de la heterogeneidad de plumas de reconocidos autores y múltiples miradas, demuestran que de las más variadas sensaciones, jamás surgirá la indiferencia. La obra corresponde al primer título de la colección Narrativas Contemporáneas, a cargo de las escritoras Marta Ortiz y Gloria Lenardón, que publica la Editorial Fundación Ross de la ciudad de Rosario.

Una de las premisas de la colección fue “arrancar con un tema feudante”, como lo es la madre. “Es un buen símbolo para un inicio – asegura Ortiz – pero bajo la tutela de la mirada almodovariana, para intentar salir del estereotipo dominante”. No en vano, entonces, la hibridez de formas y contenidos constituyen el eje que atraviesa los relatos. Tampoco hay lugar a dudas de las innumerables maneras con que los autores idealizan, evocan, describen o perciben a las protagonistas de sus cuentos. “La madre da para todo – señalan las coordinadoras  – y dada su generosidad, da también a la lengua”.

Diversidad de voces y miradas
El ordenamiento de los relatos no fue arbitrario, ya que los autores aparecen en el libro por orden alfabético. De este modo, el primer cuento, Como si fuera hoy, pertenece al periodista y escritor Osvaldo Aguirre, quien describe, en una puesta realista, a una madre que intenta reunir sus memorias en un diario. Luego, María Teresa Andruetto narra, en Lo dicen para que oiga, los momentos de una hija en plena partida de su casa materna, con el consecuente dolor, pero también con la rebeldía que la ruptura impone. Jorge Barquero realiza una construcción impecable en Visitas de 15 a 17, donde utiliza una suerte de juego gramatical complejo del que sale completamente airoso. Su cuento es un diálogo intenso que mantiene un hijo con su madre, junto a la cama de un hospital. 

Oliverio Cohelo, en Los demonios, da vida a Mario, un desempleado que vive con su madre en una pieza rentada y cuyos únicos ingresos provienen de la pensión que la mujer recibe, pero todo puede cambiar cuando un desconocido irrumpe en la escena, con una extraña propuesta. Para toda la eternidad, de Mempo Giardinelli, obliga al lector a sumergirse en los terrenos del terror cuando al morir la madre de Felipe, éste decide practicar una especie de rito escalofriante en un cementerio, motivado por un desconcertante impulso por reunir a sus padres.
  
Eva, Patria o Naturaleza. Para Angélica Gorosdicher todas ellas encarnan la figura materna, postura que sostiene en un coloquio visceral y con vehemencia apasionada en su relato Madre no hay una sola. En Acuarela trágica, de Liliana Heer, Anne evoca el día del velorio de su madre y muestra, en forma descarnada, los cambios dolorosos en los roles familiares, con el paso de los años, a raíz de la pérdida. Luego, en Tu madre bajo la nevada sin mirar atrás, Patricio Pron recrea el periplo de un hijo que intenta descubrir un pasado materno que desconoce, aunque la verdad le devuelva una imagen que, tal vez, no hubiera deseado conocer jamás.

En La compañera, Guillermo Saccomano ratifica, una diversidad indiscutida de voces y miradas al narrar, con detalles enternecedores, de qué manera una familia porteña vive la muerte de Evita, entre la admiración y el rechazo de sus distintos integrantes. Pero no todo es idolatría y, por eso, Luisa Valenzuela rompe ciertos mitos y entrega Cuchillo y madre, un cuento profundo y psicológico que mantiene en vilo al lector y en el que desnuda la compleja dicotomía del amor-odio. Como un recuerdo nítido, pero lejano, Susana Zzwarc retrata, en El pañuelo, a una madre que pone en escena su dolor. Por último, Irma Verolín, en Figuras sobre un fondo oscuro, cuenta la historia de una mujer que perdió a su madre siendo niña y, para ello, se reencuentra con su hermana mayor luego de muchos años, aunque sólo logre que su madre “muera por segunda vez”.

Mi madre sobre todo es una entrega ambiciosa que conjuga la diversidad de estilos y la pluralidad de voces de un selecto grupo de escritores, en donde cada uno coloca en los cuentos un sentir diferente. No es casual que en el prólogo de la obra las coordinadoras de la colección escriban que el amor, el humor, la muerte, el exotismo o el misterio forman parte del condimento que altera la comedia humana.  “La letra que da vida a este libro – dicen Ortiz y Lenardón – crece como un gran animal fantástico”.


De los autores
Mi madre sobre todo corresponde al primer título de la colección Narrativas Contemporáneas (el segundo será El río en catorce cuentos, cuya publicación está prevista para el mes de marzo, en 2011). En una apuesta federal la Editorial Fundación Ross convocó, en esta ocasión, a prestigiosos autores de distintos puntos del país y cuya trayectoria alcanzó reconocimiento internacional. Las fotografías de la portada y contratapa son de Cecilia Lenardón, quien realizó un montaje especial que augura, mediante un fascinante juego de luces, sombras y dimensiones dispares, la infinidad de sensaciones que provocarán cada uno de los cuentos antologados.         
Los escritores seleccionados que integran Mi madre sobre todo son Osvaldo Aguirre (Colón, Buenos Aires, 1964), María Teresa Andruetto (Córdoba, 1954), Jorge Barquero (Rosario, 1952), Oliverio Cohelo (Buenos Aires, 1977), Mempo Giardinelli (Resistencia, Chaco), Angélica Gorosdicher (Buenos Aires, 1928), Liliana Heer (Esperanza, Santa Fe), Patricio Pron (Rosario, 1975), Guillermo Saccomano (Buenos Aires, 1948), Susana Szwarc (Quitilipi, Chaco),  Luisa Valenzuela (Buenos Aires) e Irma Verolín.  

domingo, 5 de diciembre de 2010

Daniel Miguez: Pibes chorros, estigma y marginación

Graciana Petrone
para http://www.lacapital.com.ar/ed_senales/2010/12/edicion_110/contenidos/noticia_5028.html


La dicotomía de la seguridad-inseguridad en el país es materia de debate constante sobre si el temor de los ciudadanos a ser víctimas de un delito violento, o de morir en manos de sus victimarios, es simplemente una sensación o una realidad tangible respaldada por datos estadísticos. Los pibes chorros, estigma y marginación, de Daniel Míguez y la tesis de investigación Entre la inseguridad y el temor, instantáneas de la sociedad actual, realizada por Míguez en forma conjunta con Alejandro Isla, desarrollan y profundizan sobre uno de los temas que emerge, desde comienzos de la década del 90 hasta hoy, como la principal preocupación de los argentinos.
Para estudiar en profundidad la problemática es necesario remontarse a los momentos históricos y a los modelos económicos que propiciaron, de alguna manera, la aparición del desempleo, la naturalización del abuso del poder policial sobre ciertos sectores de la ciudadanía, la pauperización y la pobreza en todas sus expresiones. También es preciso desmitificar algunos conceptos, fuertemente instalados en el imaginario colectivo, respecto a los móviles que llevan a los jóvenes a quebrar la ley en edad temprana.
“En ciudades que han sido tradicionalmente pobres —explica Míguez— la miseria no puede generar delitos puesto que no hay distancias marcadas entre lo que las personas desean y lo que poseen”. Pero si en un país se promueven metas comunes de consumo, tal como sugiere el sociólogo Robert Merton, y hay sectores sociales que sufren restricciones crecientes y que no tienen posibilidades reales de alcanzarlas, entonces el delito puede transformarse en un problema social y “muchas veces la trasgresión es una manera de alcanzar”, aunque sea transitoriamente y a un alto costo, “las metas que la sociedad propone” pero que difícilmente logren por las vías legales.
Los pibes chorros, estigma y marginación es una segunda edición, corregida y actualizada del libro homónimo publicado en 2004, en donde el autor sostiene que el problema de quienes quiebran la ley a temprana edad está vinculado a “una suerte de anomia que tiene que ver con un estado de decepción en torno al trabajo dentro de la estructura de las familias”. Y aunque esté instalado con vehemencia en el imaginario social que “los pibes chorros” surgen de la naturalización de la violencia, el consumo de drogas, privaciones materiales o ausencia de vínculos afectivos, Míguez asegura que, si bien esos son elementos que forman parte de su entorno, no son causales directos de la delincuencia.
Para sostener su teoría el autor realizó una serie de encuestas a jóvenes que viven en situaciones marginales y que estuvieron presos en algún momento de su vida. Las respuestas demostraron que la situación que más sufrimiento les provoca a los chicos es estar separados de sus madres o sus hermanos cuando son privados de la libertad, sumado a que el deseo de salir del delito es mayor cuando son padres.
La idea de que el entorno familiar los empuja a delinquir es también refutada por Míguez, ya que quienes son adultos y se consumaron en la actividad criminal, no quieren que sus hijos reiteren el mismo patrón, por conocer el padecimiento dentro de las cárceles.
Tribus carcelarias

Los “pibes chorros” tienen una estructura de valores armada en torno a las relaciones con el medio donde viven. Son códigos de convivencia que respetan con vehemencia y que establecen premisas como no robar dentro del barrio o causar el menor daño a sus víctimas, salvo en aquellas situaciones en donde su vida esté en riesgo. Sugestivamente, la forma de delinquir es la que les da la posibilidad de infundir respeto dentro de las cárceles, en donde hay estructuras jerárquicas y piramidales devenidas del modus operandi y tipo de crimen que hayan cometido.
Según detalla Míguez, quienes gozan de mayor jerarquía en la jerga delictiva son los “chorros de caño” o los que roban a mano armada sin dañar a sus víctimas. Debajo se ubican los “pilotos”, quienes difícilmente participen en los atracos en forma directa; luego están los “mulos o soldados”, que logran más liderazgo dentro que fuera de las cárceles.
Los “transas” o narcotraficantes no son bien vistos en las penitenciarías, ya que muchos detenidos sufrieron pérdidas de familiares a causa de las drogas. De la peor manera son catalogados los violadores: no son considerados verdaderos delincuentes y son obligados a realizar las “tareas domésticas”. Por último, aparecen los “cachivaches, giles y barderos”, identificados con los jóvenes que “roban dentro del barrio, los que matan por un par de zapatillas o que cobran peaje en los pasillos y esquinas”.
Tanto Los pibes chorros, estigma y marginación como  Entre la inseguridad y el temor, están basados en años de investigación y aportan datos reveladores sobre la relación entre el aumento del crimen y el miedo generalizado de los ciudadanos a convertirse en víctimas. El primer título, sobre todo, muestra una realidad que condena a muchos jóvenes que tal vez tengan la posibilidad de pensar en un futuro distinto.
“Una apreciación cuidadosa de esta problemática —dicen Míguez e Isla— muestra que no es sólo una mayor frecuencia de delitos lo que hace que se propague la sensación de inseguridad”. En Argentina el 70 por ciento de la programación televisiva está ocupado con noticias relacionadas al sistema penal, mientras que los autores indican que cierto tipo de atentados decrecieron a partir de 2003 pero “reina una suerte de alerta pública respecto a la cuestión”. Sus reflexiones parecen convincentes, ya que durante la última dictadura militar muchos sentían que vivían en la sociedad más segura del mundo, cuando se producían miles de secuestros, torturas, muertes, robos de niños y desapariciones.

lunes, 25 de octubre de 2010

“La mano izquierda de Dios”, el cuarto tomo del trabajo de Horacio Verbitsky sobre la Historia política de la Iglesia Católica.

Cuando hace quince años Horacio Vertbitsky escuchó, de boca del ex Capitán de Corbeta Adolfo Scilingo, que los capellanes del ejército fueron una pieza fundamental en un tenebroso plan que consistió en arrojar a civiles desde los aviones, ya que “confortaban a los oficiales que volvían de esas misiones siniestras”, nunca pensó que aquella conversación sería el disparador de un extenso trabajo de investigación. La mano izquierda de Dios (Editorial Sudmericana), presentado recientemente, corresponde al cuarto título de “Historia política de la Iglesia Católica”, el pormenorizado estudio llevado a cabo por el periodista, que revela la participación  activa del clero argentino en la vida del país.

“Él se lo buscó”
La mano izquierda de Dios abarca el período que va desde el 24 de marzo de 1976 hasta el 10 de diciembre de 1983 y revela, con detalles precisos, citas, fechas y testimonios directos hasta qué punto la Iglesia se adhirió, justificó y solapó al aparato represor de la dictadura: nada menos que a las muertes, las torturas, los secuestros y las desapariciones llevadas a cabo por el Gobierno militar.

En sus primeras páginas el libro muestra la verdadera historia del asesinato de Luis Bonamín, un militante de la Juventud Peronista Universitaria y sobrino nieto del presbítero castrense Victorio Bonamín, quien no hizo absolutamente nada para prevenir su secuestro y posterior ejecución. Según cuenta Verbitsky, cuando los padres del muchacho pidieron ayuda al sacerdote para encontrar a su hijo, la respuesta fue: 'Él se lo buscó'. 

También describe cómo la Iglesia colaboró con la entrega de ciudadanos a las fuerzas militares. “La policía de Córdoba – escribe Verbitsky – pidió que los colegios parroquiales y religiosos entregaran la lista de domicilios  de sus profesores y alumnos y el Seminario Menor de Jesús María la de su personal docente y administrativo”. La información entregada por el clero “permitió el secuestro y la desaparición de al menos dos alumnos  de colegios religiosos”. 
  
Casi como la Santa Inquisición
La Iglesia celebró abiertamente la llegada de Jorge Rafael Videla a la presidencia, ya que sostenía que, con la ayuda del Gobierno militar, el país iba a librarse de la “subversión y la deshonestidad”. Tal como consta en las páginas del libro el arzobispo de Avellaneda, Antonio Quarracino, vio “un renacimiento de la esperanza”, en tanto el de Rosario, Guillermo Bolatti, dio por superado “el peligro de una ruptura de la unidad de la patria”. Verbitsky explica que en aquel momento “subversión era un término indefinido que comprendía a guerrilleros, opositores políticos, gremialistas, personas con ideas liberales, socialcristianas o preocupadas por cuestiones sociales”, lo que convertía en posibles blancos a miles civiles.

Basados en los tratados filosóficos de San Agustín y Santo Tomás, que “si el orden, querido y establecido por Dios es amenazado o agredido, es necesaria la violencia para reestablecerlo”, muchos altos sacerdotes del clero argentino apoyaban las torturas y los secuestros ya que consideraban que “buena es la violencia que se ejerce en defensa de la verdad, el bien y el orden, frente al error, el mal y el desorden”. Por entonces el vicario de las Fuerzas Armadas, Adolfo Tórtolo, criticó duramente a los curas que protestaban contra las estructuras de la iglesia y llamó “insensata” a la frase: “No se puede predicar a estómagos vacíos”.

La mano izquierda de Dios relata, con datos precisos, de qué manera la Iglesia consintió las atrocidades llevadas a cabo por el Gobierno militar durante los años que duró la dictadura, como así también la fractura interna sufrida, que provocó la dimisión de sacerdotes y en algunos casos, su tortura y muerte. Luego de sus tristes intervenciones en la política del país, la credibilidad y la confianza en el clero, por parte de los ciudadanos argentinos, ha disminuido notoriamente. “Abandonar los combates por el control del Estado es, antes que una alternativa, el único camino que la Iglesia Católica tiene para frenar su lento pero constante descenso hacia la irrelevancia”, concluye el periodista.


Historia política de la Iglesia católica

A partir del momento en que Scilingo le contó a Verbitsky que la alta jerarquía de la Iglesia aprobaba los “vuelos de muerte” y llevaban paz a los oficiales encargados de arrojar los cuerpo al mar, el periodista publicó cuatros tomos de la “Historia política dela Iglesia Católica”. Los libros fueron “Cristo vence”, la Iglesia en la Argentina: un siglo de historia política (1884-1983); “La Violencia Evangélica”, de Lonardi al Cordobazo; Vigilia de armas, del Cordobazo de 1969 al 23 de marzo de 1976 y La mano izquierda de Dios, la última dictadura (1976- 1983). 




domingo, 19 de septiembre de 2010

Nuestro Vinicius, el libro de la escritora y periodista Liana Wenner sobre una de las leyendas de la Bossa Nova

Graciana Petrone para
http://www.lacapital.com.ar/ed_senales/2010/9/edicion_99/contenidos/noticia_5080.html


De más y en generosas proporciones la pasión fluye de la sangre de un bahiano, del paso electrizante de las comparsas de Río y del temblor de las batucadas, muchas veces improvisadas en las puertas de los morros. Esa forma, que desconoce términos medios, propició en Brasil explosiones de amor, sexo, música, poesía e incluso violencia. Así, entre sus historias de arraigo y saudade, a mediados del siglo pasado y en la antesala de los años de plomo, surgió la bossa nova, ese mestizaje de jazz con ritmos de samba que tuvo, entre sus voces más referenciales, al mítico y revolucionario Vinicius de Moraes (1913-1980).

Poeta, crítico de cine y diplomático devenido en cantautor, fue parte de un movimiento que no sólo transformó los campos de la literatura y la música en su tierra sino también las formas de consumo estético en otros lugares de Latinoamérica. Uruguay y Argentina fueron los países que acogieron a la bossa nova con más fuerza y permitieron que la seducción de sus canciones, despojadas de toda carga política, anclara en el Buenos Aires nocturno de 1968, sin encontrar el menor atisbo de resistencia. Por el contrario, en un contexto social sumamente convulsionado el fenómeno Vinicius con su particular forma de cantarle a la vida, al erotismo, a las mujeres y a la amistad (como quien susurra versos de amor), fue un éxito imparable. Nuestro Vinicius, de la escritora y periodista Liana Wenner, relata en forma pormenorizada ese hechizo que comenzó cuando Ediciones de la Flor publicó su libro de poemas Para vivir un gran amor.

"La primera edición de Para vivir... salió en agosto de 1968, coincidiendo con el show que Vinicius y Doryval Caymmi dieron en el teatro Ópera —apunta Wenner—. En sólo dos años De la Flor vendió quince ediciones de ese título, que además exportó a Montevideo y Santiago de Chile". Vinicius publicó otras cuatro obras con el mismo sello: Para una muchacha con una flor, Antología poética, Orfeo de la Concepción y El arca de Noé. "Los libros que editaba De la Flor eran un suceso y el Poetinha armaba un verdadero revuelo cuando firmaba ejemplares y, mucho más adelante, esto se produjo a mayor escala en la primera Feria del Libro".

Diplomacia y alcohol
La década del 60 entraba en su último cuarto de siglo. La otrora prosperidad del gobierno de Juscelino Kubitschek, en la que Brasil brilló en el teatro, la poesía, las artes plásticas y hasta en el fútbol (con su primer campeonato mundial), era cosa del pasado. Veinte años más tarde, la dictadura del mariscal Costa e Silva anunciaba medidas extremas y persecutorias contra miles de ciudadanos. De Moraes supo de la noticia a través de la prensa en un hotel de Lisboa. "Esa noche tenían función —reseña Wenner—. Antes de terminar, Vinicius se pronunció contra ese golpe dentro del golpe y recitó el poema «Mi patria» mientras Baden Powell comenzaba a puntear los acordes del himno nacional brasilero". La democracia era historia, pero también su carrera diplomática.

Sus costumbres noctámbulas y la adicción al alcohol lo alejaron de sus funciones. Las recorridas por los bares de Copacabana y las fiestas con bebidas y mujeres hasta el amanecer eran incompatibles con el trabajo del Ministerio. "Era común que sin haber dormido —cuenta Wenner— tuviese que ir al puerto de Montevideo a recibir algún barco que llegaba de Brasil". Su amigo Daniel Terra recuerda en el libro que a veces, cuando el buque llegaba, él subía a la planchada con "una botella de whisky encima". Tampoco congeniaba con la paternidad; aunque tuvo cinco hijos fue un padre ausente. Se casó en ocho oportunidades y no faltaron los conflictos de divorcio, especialmente con la bahiana Gesse Gessy. El último matrimonio, "hecho de despedidas y desencuentros", lo contrajo con la argentina Marta Rodríguez Santamaría, treinta y cinco años menor que él.

Un disco alquímico
"Felicidad", "Irene", "Lamento de la colina" y la emblemática "Chica de Ipanema" son algunos de los temas del long play La Fusa, grabado junto a Toquinho y María Creuza. Fue un "disco alquímico" que funcionó como "piedra de encantamiento" y, en definitiva, lo que llevó a Liana Wenner a escribir Nuestro Vinicius: "Una endovenosa de alegría, belleza, erotismo y vitalidad en un momento en que la realidad circundante era la devastación y el encierro de donde emanaba una fuerte sensación de claustrofobia".

Al poco tiempo de su primer recital en Buenos Aires, Vinicius era una "leyenda viviente". Extremadamente carismático entabló amistad con intelectuales, burgueses, artistas o bohemios: Daniel Divinsky, María Rosa Oliver, Pirí Lugones, el Bambino Veira, Mario Trejo, Egle Martin y Libertad Leblanc, sólo por mencionar algunos. Amante del tango, conoció a Astor Piazzola y a Horacio Ferrer, quien cuenta en el libro que juntos pensaron escribir a cuatro manos un musical que se llamaría "Los exiliados de la Cruz del sur".

Nuestro Vinicius reconstruye el vínculo que aquel foráneo, con un idioma diferente y costumbres exóticas, estableció con la juventud de la época y funcionó, en medio del caos, como un elemento purificador. Para su editor, Pablo Avelluto, habla de un "universo cultural porteño que ya no existe más", de una recuperación de "La Fusa como punto de encuentro de diferentes tradiciones", la gente del Mau Mau, los tilingos o "Carlos Perciavalle inventando el café concert".

Con emotividad, Liana Wenner detalla la llegada de sus poemas al país, sus días en Brasil, sus mujeres, los espacios nocturnos en los que impuso nuevas formas de escuchar música e incluso, cuando componía sus versos desnudo en la bañera, el mismo lugar donde encontró la muerte en la madrugada del 9 de julio de 1980.

Datos de la autora
Liana Wenner nació en Buenos Aires en 1968. Es periodista cultural y de espectáculos, y se desempeña como emprendedora cultural. "Me sentía en deuda con Vinicius por haberme dado instantes de indestructible felicidad cuando escuchaba el long play La Fusa en mi tocadiscos de plástico color anaranjado. Ese tocadiscos estaba en mi cuarto, y allá afuera la belleza y el amor habían desaparecido. Eran los finales de una década que empezó muy bien y terminó muy pero muy mal: los setenta", dice en el prólogo de Nuestro Vinicius.