Me visitan

Mostrando entradas con la etiqueta LIBROS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta LIBROS. Mostrar todas las entradas

domingo, 22 de octubre de 2023

“La Redención del Camarada Petrov”, el nuevo libro del economista y escritor Eduardo Sguiglia

Con la solidez y la atención en el detalle preciso que lo caracteriza, el escritor Eduardo Sguiglia lanza su pluma hacia un universo de historias, acontecimientos y hechos reales, entre ellos, la sangrienta lucha de Hitler por terminar con el comunismo y, en contrapartida, la Gran Guerra Patriótica.


Por Graciana Petrone

En “La redención del camarada Petrov” (Edhasa 2023) el economista y escritor Eduardo Sguiglia regresa al pasado, con un halo benjaminiano que se vislumbra desde el título, para contar la vida de quien le da nombre al libro: el coronel soviético que tuvo que tomar, en cuestión de segundos y en soledad, la decisión que evitó una guerra nuclear entre la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y Estados Unidos.

Stanislav Petrov estaba de guardia la noche que fue llamada como “El Equinoccio de Otoño del 26 de septiembre 1983”. Se activaron las alarmas de que varios misiles estadounidenses se dirigían a Moscú. “El protocolo era claro: había que responder de inmediato, sin dudarlo, aunque esto desatara un enfrentamiento atómico. La moneda estaba en el aire, el futuro de la humanidad se jugaba en esos instantes”, señala la contratapa del libro. Aún así, Petrov dudó de las señales que emitían las computadoras y fue otra la historia. “Hoy vos y yo no estaríamos hablando”, dice Sguiglia en diálogo con Conclusión.

Con la solidez y la atención en el detalle preciso que lo caracteriza, el escritor lanza su pluma hacia un universo de historias, acontecimientos y hechos reales, entre ellos, la sangrienta lucha de Hitler por terminar con el comunismo y, en contrapartida, la Gran Guerra Patriótica en la que los soviéticos pretendían mostrar que habían vencido al fascismo europeo.

Y ese concepto de “Patriada que no debe confundirse con el cuartelazo (…)”, como escribió Borges alguna vez, aunque en otro contexto y en otros tiempos en el prólogo del poema “El Paso de Los Libres” de Arturo Jauretche, sea quizá lo más parecido al punto de partida de Sguiglia para contar los hechos. Porque Jauretche estuvo allí, en el frente de batalla, mientras que el personaje de ficción que eligió el economista para su novela también lo estuvo:  Se trata de Juan Meyer, un médico argentino que en “La Redención del Camarada Petrov” es utilizado para hilvanar los hechos reales.

Meyer estaba al mando de la unidad de combate soviético en una fila de partisanos y, al igual que Jauretche, puede contar la historia desde otro lugar, ya que estuvo en ella. Una novela que mantiene el vilo al lector desde principio a fin, pese a que muchos sepan el final.

— ¿Cómo surge la idea de incursionar en esta historia?

— Me enteré hace veinte años. De casualidad estaba en Naciones Unidas en Nueva York cuando trabajaba en Cancillería, y había un pequeño acto, modestísimo, en donde estaban celebrando lo que había hecho Petrov. Yo no lo conocí, lo vi a unos cuarenta metros de distancia, siempre tuve ganas de entrevistarlo, pero nunca pude. En ese momento una persona africana que estaba allí me explicó por qué lo homenajeaban. Yo me quedé impactado por el modesto homenaje. Le dieron mil dólares y una estatuilla.

—No tiene comparación lo que le dieron con lo que hizo…

— La Asociación de Ciudadanos de Suiza, en un acto de desprendimiento gigante, también le dio mil dólares y una estatuilla. Cuando volví a la Argentina, le pregunté a varios amigos y a gente que había sido del Partido Comunista y también a un gran periodista que ya no vive, que fue Isidoro Gilbert, quien me dijo que algo sabía. Él me consiguió un libro en donde se mencionaba en general el tema, y una nota muy vaga de un periodista inglés. Me quedó dando vueltas en la cabeza y no podía hilvanar cómo narrarlo. Porque yo trato siempre de encontrar una mirada argentina en estos temas y no me cerraba ningún personaje.

— Cómo iba a estar un argentino en las tropas de la URSS de entonces…

—Mientras pensaba estas cosas, de tanto en tanto, sale este documental “El hombre que salvó al mundo” que me sirvió. Reuní otros reportajes y así se fue consumando la idea. En algún momento determinado reuní materiales de algunos argentinos que participaron en la Segunda Guerra Mundial, tanto del frente occidental y otros que fueron partisanos.

—La misma muerte de Petrov fue, de hecho, algo que casi pasó desapercibido…

—Una cuestión interesante. Yo estuve en el Festival de Literatura de Alemania el año pasado y le pregunté a los propios alemanes si sabían de la existencia de Petrov y de lo que había hecho. ¡No tenían la menor idea! Es increíble cómo un hecho de esta naturaleza, que tuvo tanta implicancia para el resto de la humanidad haya quedado como olvidado. No podríamos ni estar hablando del libro y me pareció importante hacerle una redención a él, porque murió solo.

— La decisión que tomó Petrov tuvo sin dudas otras consecuencias para él…

—No la pasó bien. Vulnerar un protocolo. Imagináte la situación entre Ucrania y Rusia hoy, que alguien le vulnere el protocolo a Putin. Y a Petrov, en plena Guerra Fría, se le ocurre no cumplir el protocolo, por razones que están en la novela.

—Pareciera que cambian escenarios y actores

—Cuando estaba pensando en la novela jamás iba a suponer que iba a suceder la guerra entre Rusia y Ucrania. Buena parte de la trama es prácticame4nte el territorio en donde se está combatiendo ahora. Para mí es una enorme y a la vez terrible sorpresa. Pensé que todas estas cosas iban a ser parte del siglo pasado y pensé que, tanto Meyer como Petrov eran personajes del siglo pasado, pero esta situación los actualiza: la Guerra Fría, la lucha contra los nazis, eran parte del pasado.

—Pasan las mismas cosas de distinta forma

—Y qué tristeza. Buna parte de lo que le pasó a Petrov fue una falla tecnológica y estamos supeditados a las falencias de tecnología.

— ¿Se concluye que fue una falla tecnológica?

—En una parte de la novela hay un breve pasaje de una científica noruega, ellos lo estudiaron seriamente porque si pasa alguna catástrofe están directamente involucrados por la cercanía. Traté de resolverlo bien porque la explicación es muy compleja. Para abreviarla es un poco lo que se cita en la novela es la relación entre las nubes y la posición del Sol y de la Tierra. Nubes muy altas que, de alguna manera, por unos instantes, hicieron que aparezca en el sistema de satélites imágenes que parecían como misiles y no eran tales.

—Y la lucidez de Petrov y paradójicamente su muerte fue casi invisible…

—Paradójicamente, en un mundo hiperconectado, una muerte como la de Petrov hubiera merecido al menos veinte líneas en un diario. Este libro en buena parte es eso, una redención al camarada Petrov.

SOBRE EL AUTOR

Nació en abril de 1952 en Rosario (Argentina), vivió exiliado en México entre 1977 y 1982 y desde 1983 reside en Buenos Aires. Publicó investigaciones y ensayos: Agustín Tosco, El Club de los PoderososLa ideología del poder económico, y libros de ficción que han sido traducido a distintas lenguas: Fordlandia, No te fíes de mí si el corazón te fallaUn puñado de gloria, Ojos Negros Los Cuerpos y las Sombras. Se desempeñó como profesor regular de la UBA, primer embajador argentino en Angola y ganó dos premios nacionales de economía, en 1994 y 1998. También fue distinguido por los gobiernos de Bolivia, Brasil y Chile. Su novela Fordlandia resultó finalista del Dublin Literary Award y el periódico The Washington Post la seleccionó como una de las cuatro mejores del año 2002. The New York Times, por su parte, consideró que las novelas de Sguiglia remiten a las obras de Conrad o Kafka, en las que, frente a los extremos de un universo indiferente, los seres humanos tienen que ponerse de acuerdo con sus propios paisajes interiores. Sguiglia integró los jurados literarios de Casa de Las Américas (Cuba) y Casa del Teatro (República Dominicana) y fue uno de los siete creadores latinoamericanos premiados por la Fundación Rockefeller para residir en el Bellagio Center Arts&Literary Arts de Italia en 2017.

Nota publicada en Diario Conclusión  

“Perón Verde”, un libro que indaga en el ambientalismo como “lo más novedoso de la doctrina peronista”

Sorprendido por el mensaje a los pueblos y gobiernos del mundo escrito por Perón en 1972, el antropólogo Claudio Vizia realizó una investigación exhaustiva sobre el líder del peronismo y la cuestión ambiental.


Por Graciana Petrone

En «Perón Verde. Ambientalismo y doctrina en el pensamiento y la obra del General Perón» (Ediciones Pueblos del Sur), el antropólogo social y magíster en Sistemas Ambientales Humanos Claudio Vizia desarrolla un trabajo de investigación  a través del cual vuelve al pasado para dar con los pasos del General desde que era adolescente y vivía con su padre –que era boyero de estancia en el sur– y ya mostraba un fuerte interés por la naturaleza y la ecología. Pero para el autor hubo un quiebre que lo llevó a indagar sobre el tema, algo que además lo interpeló como peronista y ambientalista: fue conocer el “Mensaje Ambiental a los pueblos y gobiernos del mundo” redactado por Perón en 1972 durante su exilio en Madrid. Un escrito que, según Vizia, tenía previsto presentarse en la Cumbre de la Tierra en Estocolmo ese mismo año, pero que “fue interceptado por los servicios de inteligencia”.

El libro surgió. como muchas ideas o proyectos, «de un modo bastante casual». Cuenta Vizia que en 2010 había terminado un posgrado en Sistemas Ambientales Humanos y que su tesis giró sobre la ecología en el pensamiento de Marx.  Pero al cumplirse los 40 años del Mensaje ambiental de Perón, el autor leyó una una nota del periodista fallecido Miguel Grinberg, sobre el cual refiere que «fue un hombre de una gran trayectoria y uno de los primeros ecologistas de la Argentina», a tal punto de que fue el único periodista que estuvo presente en la Cumbre de Río de 1992, «que justamente se realiza en el vigésimo aniversario de la Cumbre de Estocolmo».

En esa nota breve, que salió publicada en un portal de noticias de Buenos Aires, Grimberg elogia el mensaje ambiental de Perón y explica la trascendencia que tenía. «Llega a la conclusión de que es una obra bastante olvidada por quienes dicen representar al movimiento. Yo tenía un absoluto desconocimiento de esta obra. Me sorprendió mucho. Soy ambientalista y soy peronista y no la conocía. En los años 70 cuando Perón regresó a la Argentina, yo estaba en la secundaria y tenía una vaga idea de que Perón había hablado de Ecología, pero no sabía exactamente si había escrito algo. Hasta ahí llegaba mi conocimiento».

—¿Cómo continuó el derrotero de la elaboración del libro?

—Inmediatamente lo que hice fue conseguir el texto y realmente me sorprendí porque es la primera obra, de carácter integral, redactada por un estadista, no por un especialista. Empecé a reunir información de contexto y me sirvió para tener una mejor formación doctrinaria porque mis conocimientos de los textos clásicos del peronismo eran bastante básicos. Me hice más peronista en el curso de la investigación que dio origen a este libro.

—¿Por qué es tan importante conocer el mensaje ambiental de Perón?

—Perón lo que dice en el mensaje es que hay que detener la marcha suicida que tiene la humanidad en contra de sí misma y en contra de la naturaleza, que es necesaria una reconciliación de la humanidad con la naturaleza y también de los humanos entre sí. Él recuerda el enunciado del principio de la tercera posición, pero dice que ahora esta cuestión es prioritaria y trasciende más allá de las ideologías y de las diferencias políticas. Hace una enumeración muy precisa.

—¿Cómo toma conocimiento Perón de lo que se estaba llevando a cabo a nivel internacional, estando exiliado?

—Perón estaba muy al tanto de los avances que iba teniendo el equipo técnico que preparó los documentos para la Cumbre de Estocolmo. Era un equipo del Instituto Tecnológico de Massachusetts que tenía como director a un canadiense. Pero el fundador del Club de Roma, que llevó adelante toda esta obra, fue Aurelio Peccei. Ahí está el vínculo con Perón porque Peccei fue, durante la década del 50, gerente en Sudamérica de Fiat y fue el encargado de montar la planta de Fiat en Córdoba.

—Uno de los tantos contactos claves de Perón…

Se habían conocido con Peccei en Italia en 1938, cuando se veía la inminencia de la guerra. Habían cursado juntos un seminario de Economía política en Turín y trabaron una amistad. Es una inferencia mía: el vínculo con Peccei siguió hasta los años 50 y Perón era una persona que era muy cuidadosa en sus contactos. En el “Mensaje ambiental a los pueblos y gobiernos del mundo” y el documento “Los Límites del Crecimiento” de la Cumbre de Estocolmo hay cuestiones que son de información que coinciden. Esto se debía, sin duda, a un vínculo personal.

—Y no fue el único vínculo…

—No. Otro vínculo personal que tuvo Perón con la Cumbre de Estocolmo fue el de su amistad con Josué de Castro, un médico brasilero que escribió dos textos muy difundidos: “Geografía del hambre” y “Geopolítica del hambre”. Fue designado primer presidente de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) cuando la ONU crea este organismo. Hay testimonios de intercambio epistolar entre ellos y tuvieron, al menos, una entrevista personal en París. Son los vínculos que tenía Perón relacionados con la organización de la Cumbre de Estocolmo.

—¿Cuál es el camino que traza usted en Perón verde?

—Trato de ubicar cómo se inscriben estos desarrollos ambientales de Perón dentro de la doctrina peronista. Si analizamos en su conjunto a la doctrina, vemos que se compone de dos elementos: uno es el conformado por los tres principios que son soberanía política, independencia económica y justicia social, y el otro elemento es la doctrina propiamente dicha, la actualización de la estrategia teniendo como referencia a los principios teóricos en función de los objetivos nacionales que son la grandeza de la nación y la felicidad del pueblo. Pero la doctrina se va actualizando de acuerdo a las condiciones cambiantes del tiempo.

—¿Cómo se inscribe entonces lo medioambiental en la doctrina peronista?

—Considero que lo ambiental es el elemento más novedoso de la última actualización doctrinaria de Perón, que es un período que se inicia a fin de los años 60, para mí con “La hora de los pueblos”. Ahí empieza a hablar del papel estratégico de Latinoamérica como reservorio de recursos naturales y de alimentación y habla de que en el futuro las guerras pueden ser por el agua y por los alimentos y, que cada vez que el Norte necesitó de los recursos del sur, se los apropió por las buenas o por las malas. Él decía que tenemos que estar alertas para defender estas cuestiones que, así como son la fortaleza en nuestra región, también son un gran riesgo.

—Una percepción muy actual pensando en Benetton en el sur y lo que ocurrió recientemente en Jujuy con el tema del litio…

—Esto mismo lo repite, de alguna manera, aunque formulado en otros términos, en el mensaje ambiental que contiene una última parte que se dedica los países del tercer mundo: “Como países que tenemos riquezas naturales, debemos defenderlas con uñas y dientes de la voracidad de los monopolios” y esto también cobra una gran actualidad. El interés casi descarado que la jefa del comando sur manifestó sobre la cuestión del litio. También hay que pensar en que las guerras de las últimas dos décadas son por el petróleo…

—¿Por qué lo ambiental como lo novedoso en la doctrina peronista?

—Me puse a comprar algunos documentos fundamentales del Justicialismo como el primer y segundo plan quinquenal. Todos los documentos empiezan por los apartados ‘político’, ‘económico’ y ‘social’, y luego hay otras cuestiones de relevancia como lo cultural, científico, etc. Comparados estos documentos con los estratégicos del último período, que son el modelo argentino para el proyecto nacional y los instrumentos de planificación, vemos que la novedad y como título, aparece lo ambiental. Por eso sostengo que es el elemento más novedoso que Perón introduce en su última actualización doctrinaria.

TRAS LAS HUELLAS DEL GENERAL

—En el libro partí de esta idea fundamental, de cómo se inscribe este mensaje en la doctrina e hice un recorrido retroactivo, estructurado en forma histórica. Distingo tres períodos: uno formativo en el que Perón está ligado a la cuestión ambiental, ante todo por su ascendencia étnica, ya que era de origen tehuelche por parte de su abuela materna y su abuelo paterno era coya. Tenía ante todo una relación con los hijos de la tierra que tenía que ver con su sangre. Por otro lado, en su infancia ayudaba a su padre que era boyero, administrador de estancia en el sur. Él andaba solo por el campo y tuvo la posibilidad de conocer a gauchos, indios, inmigrantes europeos y pudo apreciar lo que era la diversidad étnica del sur argentino.

LA TIERRA Y LA ETNIA, DOS ELEMENTOS MUY MARCADOS

—La cuestión de la tierra siempre estuvo muy presente. Hay una obra vocacional que él publica en 1934 que se llama “Toponimia Patagónica”, de terminología araucana. Eso fue durante su destino en Neuquén. Fue algo que hizo más allá de las órdenes de la superioridad. Lo hizo por su cuenta. Se dedicó a recorrer la Gran Patagonia y buscaba los epónimos, los lugares geográficos que tenían una denominación araucana. Entonces iba a esos lugares y se entrevistaba con ancianos o con caciques y le decían el significado que tenían y además el uso social. Trabajó de una manera como trabajamos los etnógrafos, haciendo trabajo de campo y hablando con informantes de manera bastante rigurosa.

GEOPOLÍTICA ESTRATÉGICA

—En ese mismo año Perón también publica un libro que le había encargado la superioridad “Memoria topográfica de Neuquén” en donde analiza con un gran rigor topográfico y un gran conocimiento del terreno. Fue un libro destinado a maniobras militares, pero también él saca sus conclusiones geopolíticas porque dice que en lo que es la frontera entre Chile y la Argentina, la población chilena está multiplicada por veinte veces sobre la población argentina y que eso constituía una potencial amenaza geopolítica.

Hay que recordar de que las hipótesis de conflicto clásicas, hasta que Perón las cambia, para el Ejército argentino eran los países vecinos: Argentina y Chile. Perón, justamente cuando formula y lanza el proyecto del ABC, la Unión Aduanera y Comercial entre Argentina, Brasil y Chile, con ese solo movimiento cambia la hipótesis de conflicto histórica de las Fuerzas Armadas argentinas y, a su vez, empieza a gestar una nueva unidad geopolítica en el sur.

—Parece como si Perón hubiera andado por los pasos de sus antecesores, cuando en el siglo XIX los gobernantes no sabían quiénes ni cuántos poblaban el sur argentino…

—Este libro que publica Perón puede dar una idea de lo que ha sido esta gran área geográfica que abarcó la gran migración mapuche al sur, que empezó a fines del siglo XVIII y se cerró a fines del ese siglo y parte del XIX. Para los que dicen que los mapuches son chilenos, bueno, es un prejuicio que encubre intereses ideológicos bastante reaccionarios porque la existencia de los mapuches en el territorio argentino era previa a la creación de las naciones.

PERÓN VERDE

El libro no está en los grandes circuitos comerciales, fue editado por Ediciones Pueblos del sur, que dirige Luis Mainelli. En Rosario está en Oliva Libros y Homo Sapiens, entre otras.

Nota publicada en Diario Conclusión 

Débora D'antonio: “Vamos hacia el pasado con nuevas ideas, con nuevas preguntas, incluso con nuevos conceptos”

Entrevista con la investigadora del Conicet Débora D’Antonio, directora junto con Valeria Pita, de la colección “Nueva historia de las mujeres en la Argentina” que se presentó en la Feria del Libro de Rosario 2023.


Por Graciana Petrone 

La colección “Nueva historia de las mujeres en la Argentina” (Editorial Prometeo) reúne a más de cincuenta autores especializados en la materia y constituye un valioso material de archivo para estudiantes y académicos, como también para un amplio público lector. Presentada en tres tomos, la obra está dirigida por las investigadoras del Conicet Débora D’Antonio y Valeria Pita quienes vieron posible elaborar una obra que pusiera en discusión algunas de las ideas clásicas de la historia tradicional.

El trabajo fue gestado durante la pandemia lo que contribuyó, según dijo D’Antonio a Conclusión“a ir hacia atrás con una sensibilidad histórica que colocó el punto del incierto, de lo indefinido y de que el pasado también es una construcción fuerte desde el presente, y esas preguntas llevan a que el pasado se mueva”.

La colección, que hasta el momento cuenta con tres volúmenes y un cuarto que saldrá a la luz en octubre próximo en el marco de los “40 años de Democracia”, se presentará este miércoles 9 de agosto a las 17 en la Sala Hugo Diz, en tercer piso del Centro Cultural Fontarrosa, de San Martín 1080, en la Feria Internacional del Libro de Rosario.

—¿Como surge la idea de comenzar con una mirada desde el pasado al presente y de reunir a distintos autores abordando la misma temática desde distintas perspectivas?

— En principio surgió en medio de la conversación de dos amigas. Somos dos las directoras, quienes incursionamos en campos distintos. Valeria Pita que es especista del siglo XIX y yo del siglo XX, del pasado más reciente en nuestro país. Entrevimos que era posible hacer una historia que pudiera poner en discusión algunas de las ideas clásicas de lo que podríamos llamar la historia tradicional. Sobre la base del trabajo previo, de más de veinte años, donde también tuvimos un crecimiento y un desarrollo muy importante, como también de las autoras que invitamos a participar, tanto porque los temas se multiplicaron y los períodos se amplificaron, como también porque las preguntas que nos hacíamos veinte años atrás tienen hoy otro movimiento.

—Si bien la colección reúne a académicos especializados, no propone una lectura acartonada y academicista, ¿ese fue uno de los objetivos?

— Una de las ideas de esta obra es poner a disposición una serie de conocimientos que tengan un formato más accesible, más amable, que no sea un lenguaje crítico, sino poder comunicar los hallazgos que hay en materia de historia de las mujeres. Hace largo rato que venimos construyendo un espacio de trabajo, que tiene su historia y que también creció mucho en los últimos años. Sobre la base de ese armado importante de redes, de grupos de estudio y de la disposición de nuevos registros documentales, es que vimos que teníamos la oportunidad de poner en valor todo ese trabajo. Si bien es cierto que muchos de estos trabajos forman parte de recorridos que son más especializados, de gente que tiene recorridos investigativos en el Conicet, en las universidades, también vimos que era una posibilidad invitar a públicos más amplios a que ingresaran a estas historias.

Valeria Pita, directora de la colección, historiadora e investigadora.



—Cómo fue el proceso de selección de temas y materiales?

—A partir de lo que había disponible empezamos a jerarquizar los temas, los problemas, las preguntas, e invitamos a los investigadores e investigadoras a traer sus propias historias, la profundidad del trabajo con los documentos, la posibilidad de colocar las evidencias a funcionar en razón de las nuevas preguntas. Así apareció un primer índice y, a partir de eso, nos dimos cuenta que el trabajo era amplio y profuso. Lo que creíamos que se podía resolver en dos tomos terminó siendo en cuatro. Obviamente no significa que en esos cuatro tomos esté todo lo que se puede decir, siempre una dirección de obra y una selección, como en este caso, que significa jerarquizar ciertos temas sobre otros, o algunas preguntas sobre otras, pero a grandes rasgos creemos que tenemos una obra muy representativa de lo que se ha trabajado en la Argentina.

—¿Cómo influyó haber pensado la construcción de esta obra en pleno contexto de asilamiento por la pandemia?

—En pandemia todo estaba cerrado, no había encuentros, festejos ni clases. Nos tuvimos que reconvertir en muchos sentidos y también fue un modo de pensarnos a nosotras mismas en un contexto de total incertidumbre, de algo que teníamos previsto y que de golpe se trastocó todo. Eso nos llevó a mirar hacia atrás y pensar cómo serían las vidas de esas mujeres, que también tenían fragilidades, imprevistos, situaciones que quizás no pudieron resolver del modo que hubieran querido. Eso nos ayudó a ir hacia atrás con una sensibilidad histórica que colocó el punto del incierto, de lo indefinido y de que el pasado también es una construcción fuerte desde el presente y esas preguntas nos llevan a que el pasado se mueva. Vamos hacia atrás con nuevas ideas, con nuevas preguntas, incluso con nuevos conceptos. Fuimos muy cercanas a esta idea de que el pasado tiene mucho movimiento. Capturar esos destellos y esas huellas, quizás fue la invitación que le hicimos a las investigadoras que, aunque tuviesen un background con sus propios temas y objetos de estudio, lo pudieran dinamizar en este contexto nuevo.

—¿Hay un trabajo estrictamente de investigación que no pierde la cercanía con el lector común?

—Fue una apuesta, porque también parte de los sentidos renovados que nosotros queremos aportarle a la historia es la posibilidad de poder comunicar de una manera cercana, que no sea hiper especializada, crítica, pero a la vez sin perder el nivel y esos marcos por los cuales cada una de las investigadoras se distinguen en sus temas de trabajo. Efectivamente, como dirección de obra, fua acompañar esos procesos de escritura, de ponernos en cada uno de los artículos para deconstruir los argumentos, para que llegaran de una manera clara, profundizar históricamente y acercar al lector a estas historias que son muy disímiles y atraviesan distintos períodos y problemas. Uno muchas veces naturaliza sus propios temas y como que los da por sentado, pero cuando empezás a leer temas de otras personas te das cuenta que el que sabe es el que escribe, pero el que lee tiene que zambullirse en esa lectura y para que lo haga hay que entusiasmarlo.

—¿Cómo confluye esa suerte de historias que también están relatadas por imágenes?

— Además de la escritura, que fue un desafío muy importante, tuvimos un segundo desafío: una obra acompañada por mas de 600 imágenes que tienen mucha calidad. Transitamos la búsqueda de un equilibrio, trabajamos muchísimos con los acervos documentales de los archivos nacionales, provinciales y municipales que realmente son una gloria y que nos han ofrecido a cada una de las investigadoras, de manera gratuita, ese material. Eso nos permitió que cada uno de los artículos ofrezca, a quien lee, distinciones en lo visual que discuten o que presentan el problema desde distintas aristas. No es un guión aparte, sino uno que acompaña desde lo visual y profundiza sobre diversas cuestiones. Los artículos tenían una cantidad determinada de caracteres, porque también el espacio en la palabra hace a la manera de divulgar debidamente, entrelazados con el lenguaje visual. Hay panfletos de época, materiales que hablan de la vida cotidiana, poesías, literatura de cada una de los períodos. Todo eso encontró un modo de ser y un diseño que entienden que ese entrelazamiento entre lo escrito y lo visual permiten identificar escenarios.

—¿Cómo fue trabajar el pasado desde el presente?

—Fue un trabajo muy pensado y un aprendizaje. ¿Cómo ordenamos el material, a quién invitamos? Por otro lado, estaba la preocupación de acercar sin convertir ni aplanar el pasado que tiene su lugar, su especificidad y dialoga con el presente con sus diferencias, forjar esas historias en el ir y venir, con el problema que tenemos en la actualidad, pero a la vez distinguirlos de lo que ha sucedido en el pasado. Fue un desafío.

— ¿Cómo han ido evolucionando o reconvirtiéndose las mujeres a lo largo de la historia?

—La historia de las mujeres tuvo muchas claves de lectura, primero hubo una idea de la mujer como pura víctima, después una idea de una historia complementaria. Y esto discurre por otros lados, no por el que las mujeres siempre fueron víctimas, por el contrario, le damos mucho valor a la presencia femenina y a las posibilidades que tuvieron en sus propios términos las esclavas, las trabajadoras, las indígenas, las presas políticas, las políticas, las feministas, las enfermeras… Hay de todo en esta obra. Uno podría indexar un montón de temas, pero cada una de ellas, aunque estuvieron bajo estructuras que uno podría decir que efectivamente fueron opresivas porque el mundo del trabajo lo fue, porque muchas veces los hogares también fueron opresivos, siempre tratamos de buscar los resquicios para poder poner en valor la forma positiva en que esas mujeres pusieron en valor sus sueños, sus ilusiones, sus desesperanzas, sus modos de conseguir cosas, de peticionar, de conseguir su libertad cuando fueron esclavas, de conseguir mejores posicionamientos en el mercado de trabajo, de fugarse cuando fueron presas políticas.

—Es decir que esas mujeres, en distintos contextos y con los recursos que tenían, pudieron resolver esas situaciones…

—Sí, hay muchos ejemplo de los lugares que ocuparon, por ejemplo, impensados en el mundo editorial para para mujeres que estaban recluidas en los ámbitos domésticos y, sin embargo, desde esos lugares mujeres de clases altas utilizaron el ámbito del viaje o de poder recorrer el mundo para poder dar su visón sobre lo que estaban viendo en las historias contemporáneas y ponerlas en valor en el mercado editorial. Lo mismo desde las cocinas, cómo desde ese lugar las mujeres, en relación con las empeladas domésticas, pudieron armar esos manuales de cocina que fueron tan influyentes y que se armaron en esas trazas entre mujeres de distintos sectores sociales y razas.

—¿Esta colección constituye un interesante material de archivo para investigadores, estudiantes y público más amplio también?

—Completamente. Está en un equilibrio, justamente, que está muy bueno para poder ser leído por una joven de un colegio secundario, por una trabajadora interesada en su sindicato y para los profesionales también. Hay muchos debates historiográficos, pero alguien que no esté estrictamente en el mundo de la historiografía lo puede percibir, porque las personas intervienen discutiendo problemas, planteando nuevos y ofreciendo otras opciones sobre qué pasa si las mujeres se incorporan al mercado de trabajo, si se expande o no la noción de trabajo tal como ha sido entendida por una historiografía más clásica. Qué pasa con la política si solamente la vemos en el Parlamento o los partidos políticos y no la vemos en las calles, en las rutas, en las cárceles. Allí la noción de política también se expande. La obra se ofrece de manera más directa o indirecta, depende quién lea. Para un lector común está presente y se ve, pero también es interesante para un especialista en el tema, porque se ofrecen distinciones que marcan un tipo y una lógica de la historiografía.

—¿A cuántos autores reúne y qué temas aborda el cuarto tomo que está en proceso de edición?

—Son cerca de trece autores y autoras. Los temas son diversos y se inicia con la rebelión de las amas de casa en los años finales de la última dictadura militar. Es algo muy interesante. Hay un nuevo costado y es qué hicieron las amas de casa: el motín de las bolsas, cómo las amas de casa se rebelan contras las alzas de precios, contra el IVA. También aparecen las mujeres travestis que es una nueva manera de pensar en las mujeres, se introduce ahí todo el debate que el campo de estudio de historia de las mujeres y géneros viene tramitando desde hace más de dos décadas. Hay una historia festiva de las luchas de las travestis en la ciudad de Buenos Aires; una mezcla de la lucha que tuvieron contra el Código Contravencional de la Ciudad de Buenos Aires que no está solamente visto en términos de persecución, sino de cómo se va construyendo una identidad muy nueva llena de brillos y lentejuelas. Es una mezcla de calabozos y de perfomance; están las lesbianas; lo que hicieron las mujeres sobrevivientes de los centros clandestinos de detención para modificar, tanto en el marco social como en el judicial, lo que tenía que ver con la comprensión de la violencia sexual en los espacios de detención; están las piqueteras, las indígenas, la cuestión mapuche. La idea es tratar de pensar problemas que tienen las distintas geografías del país.



sábado, 21 de octubre de 2023

El Soviet de Rosario: “Entre 1917 y 1921 fueron los períodos más agitados de la clase trabajadora”

Entrevista con el escritor y profesor de Historia, Paulo Menotti sobre su flamante libro que relata la fuerza de anarquismo en Rosario.



Por Graciana Petrone

“El Soviet de Rosario. Rebelión de estudiantes y obreros anarquistas” es el título del libro que el periodista, escritor y profesor de Historia, Paulo Menotti, presentará este miércoles 30 de agosto a las 18 en la Biblioteca Argentina “Juan Álvarez”, de presidente Roca 731, acompañado por Pablo Suárez. Se trata de un trabajo de investigación que intenta echar luz y propone una mirada más exhaustiva sobre lo ocurrido el 7 de febrero de 1921 cuando un grupo de estudiantes de Medicina y de obreros anarquistas tomaron la Municipalidad de Rosario y “declararon un soviet”.

El autor señaló a Conclusión de que muchos historiadores lo tomaron como un hecho aislado, sin embargo, “entre 1917 y 1921 en Rosario habían pasado cosas muy importantes, que había sido un período de huelgas muy agitado” y a partir de allí es que Menotti comenzó a hacer una investigación y también una maestría sobre el tema.

—¿Qué fue lo que impulsó este libro?

—Surge porque algo había escuchado sobre el tema de profesoras como Alejandra Monserrat y Agustina Prieto, incluso había salido en un corto de History Channel como una rareza de la ciudad que unos estudiantes y trabajadores anarquistas habían izado una bandera roja en la Municipalidad de Rosario en 1921. A partir de ahí, yo estaba haciendo otra investigación, viendo diarios de la época y otros archivos y me empecé a dar cuenta de que entre 1917 y 1921 en Rosario habían pasado cosas muy importantes, que había sido un período de huelgas muy agitado. Empecé a hacer una maestría y tomé justamente el Soviet de Rosario.

— Se toma de referencia lo que sucedió con los Talleres Vasena y en la Patagonia, pero no se habla mucho sobre este tema. ¿Este libro viene a reivindicar parte de lo que fue movimiento anarquista en Rosario?

—Sí. A mí me parece que entre 1917 y 1921 fue un período de los más agitados de la clase trabajadora y nosotros lo conocemos a través de acontecimientos que fueron muy dramáticos como la Semana Trágica, la Patagonia Rebelde, La Forestal.

—Lo que nos dan en las escuelas secundarias…

—Son los más relevantes porque en algunos casos se hablan de dos mil muertos, en otros de 500 y de 200 también, es decir que fue muy importante, pero acá en Rosario hubo una conflictividad social muy importante como la huelga de los ferroviarios en 1917 adonde hay muchos muertos; una huelga policial en donde la Policía en vez de acuartelarse hace una asamblea con los anarquistas y después matan a 16 en una balacera. Después la masacre en la Plaza San Martín con gente protestando para que liberen a los detenidos por paros, son portuarios, y la Policía rodea la plaza y se abalanza a la plaza con sable en mano contra la gente dejando cincuenta heridos y dos muertos. Hay muchos acontecimientos cotidianos que casi siempre está muriendo una persona o hay muertes. El Soviet de Rosario es como que se instala en la cresta de esa ola. En La Forestal en ese momento se están enfrentando 500 hombres armados. El Concejo deliberante era opositor al intendente que era radical, y el Concejo empieza a echar gente y los municipales entran en paro, se arma una conflictividad muy grande en la ciudad, tumban tranvías, los prenden fuego, se agarran a tiros con la policía.

—El intendente decide parar los carnavales a causa de esto, no es un hecho menor, aunque parezca hoy una frivolidad, teniendo en cuenta lo que significaban los carnavales para la ciudad a fines del siglo XIX y principios del Siglo XX…

—A pesar de que los anarquistas también e oponían al carnaval, era una fiesta muy popular y el intendente los suspende porque y ya no puede contener la situación social y si bien no era una forma de declarar un estado de sitio, podría decirse que casi lo fue. En ese marco hay algunos historiadores, como Juan Álvarez que dicen que el Soviet de Rosario en realidad es una escena más de carnaval. Le baja el precio, intenta no darle importancia. Pero otros historiadores, y yo también, estamos viendo de que esta gente tal vez no estaba armada, que no se tirotearon o no hubo muertos, pero es como un acontecimiento más que corona todo lo que viene aconteciendo en la ciudad. Hay que comprenderlo en ese ciclo de huelgas, sino no lo podemos entender.

—Este ciclo de huelgas no es un hecho aislado, ¿se da también  el marco internacional, en medio de la efervescencia que dejó la Revolución Rusa?

—Son repercusiones justamente de la Revolución Rusa que hubo en distintos lugares del mundo, y aquí también: de cómo los trabajadores, y también los anarquistas que después se oponen a la Unión Soviética porque a medida que va transcurriendo el tiempo se van desencantando, pero en ese momento hay un grupo de anarquistas que son llamados anarco bolcheviques, que simpatizan mucho con la Revolución Francesa y que piensan que es el momento de la revolución y están acariciándolo y por eso realizan estas acciones directas, como le llaman ellos.

“El Soviet de Rosario. Rebelión de estudiantes y obreros anarquistas” tuvo una gran repercusión en la Feria Internacional del Libro de Rosario 2023 que se llevó a cabo hace poco menos de un mes en la ciudad.

El libro se puede adquirir en las librerías rosarinas Buchin, Puerto Libro, Paradoxa, Puerto Libro y Oliva Libros, entre otras.

ESCUCHAR LA ENTREVISTA AQUÍ

Nota publicada en Diario Conclusión 

miércoles, 27 de abril de 2022

Con el libro Expreso, la Editorial Biblioteca de La Vigil retoma colección truncada por la dictadura

Más de cuatro décadas después, la colección renueva su apuesta con la pluma de Beatriz Vignoli. Desde la editorial dijeron que "es difícil llegar a la altura" de la autora, y que "no hay muchas personas de las que uno pueda dar cuenta de la producción, de la calidad y de la amplitud que ofrece".



Por Graciana Petrone


Con el libro Expreso, de Beatriz Vignoli, la Editorial Biblioteca de La Vigil retomará nada menos que la colección «Poetas Argentinos» cuya continuidad quedó trunca cuando la emblemática institución de Alem y Gaboto fue intervenida durante la última dictadura cívico militar.

La serie está constituida por cuatro ediciones, únicamente de poesía, cuyo número inicial vio la luz en 1967 con el poemario Del otro lado, de Francisco Paco Urondo.

El libro de Vignoli, que se presentará este viernes 29 de abril a las 18.30 en Alem 3084, ya está disponible en librerías.

La redención parece ser, ante todo, lo que impulsa la flamante continuidad de una colección que tuvo como exponentes, además de Urondo, a Francisco Madariaga, a Hugo Gola y a Rodolfo Alonso quienes publicaron en 1967, 1968 y 1969, respectivamente.

Poetas Argentinos llega en 2022 para sanar. Al decir de Walter Benjamin, para repensar el pasado desde el lugar de los vencidos y reparar el dolor.

La Biblioteca, la editorial, las escuelas y todo lo que rodeaba a La Vigil, y lo que ese conjunto representaba para la comunidad fue arrebatado con botas y armas en 1977. No en vano la misma Vignoli cita al académico alemán en las páginas preliminares de su libro.

Después, aparecen los poemas que componen Expreso, con versos que se expanden suaves, indoloros, como hilos de agua que buscan en el barro algún surco por donde filtrase, penetrar en la tierra y volver en planta, animal, caricia o cielo.

Expreso seduce al lector para que éste se lo apropie de la forma que prefiera. Algunos de sus poemas fueron “escritos en una noche” o quizás porque a través del título la autora indica que dice, escribe, que entrega su poesía a partir de una sola palabra, conjugada en presente del indicativo, en primera persona.

Expreso (yo expreso, Vignoli expresa y todos terminamos haciéndolo a través de sus páginas), porque hablar, escribir, leer, crear o comunicar en cualquiera de sus vertientes es una manera de vivir en libertad.

Vignoli ofrece la constante búsqueda del deseo –nunca perdido– para encontrar el lugar más amable y “pueda volverse uno lector”, como dice Michel Pettit.

De eso se trata la lectura.

Cuatro décadas después

Más de cuatro décadas después, la colección renueva su apuesta y con una escritora mujer. La elección de Vignoli para la continuidad de la serie iniciada por el libro de Urondo no fue azarosa.

Una de las directoras de la colección, Romina Gianfelicci, señaló que si bien a Vignoli se la referencia con la poesía, su obra es vasta y prolífica, mientas que sus críticas literarias o sobre artes plásticas «son lecturas imprescindibles».

“Es difícil llegar a su altura. No hay muchas personas de las que uno pueda dar cuenta de la producción, de la calidad y de la amplitud que ofrece”, agregó.

“Por eso lo hacemos con Beatriz, lo que nos muestra que además de estar a la altura de la herencia de aquel proyecto enorme que era La Vigil, nos muestra también que estamos a la altura de los tiempos que corren y es que una mujer, por fin, llegue a esta colección”, dijo a Conclusión Gianfelicci.

Gente con swing

A pocos días de presentarse Expreso, Gianfelicci adelantó que se trata de un poemario que está escrito en un lenguaje coloquial, cercano, amable y fácil de dejarse llevar por esas palabras. “Conserva eso de Beatriz, porque Beatriz tiene rock. Nunca abandonó esa posición un tanto rebelde y que le da sentido a la buena poesía, a la buena literatura y al buen arte en general”.

“Conservar esa veta de rebeldía y decir las cosas de un modo diferente, un poco provocativo, es lo que la identifica. Cuando digo que tiene rock, me refiero a que tiene encanto y, de esa misma manera, lo tiene su poesía”.

Los ejemplares ya están disponibles en las librerías de la ciudad y que también tiene un descuento del 40 por ciento para los socios de La Vigil.


Publicado en el Diario Conclusión




miércoles, 22 de enero de 2020

Los obreros de la tierra: poesía contra el arrebato del trabajo, el pan y la semilla

Desde un entorno social y político adverso y devastador como fueron los últimos cuatro años en Argentina, en “Los obreros de la tierra”, Luciano Trangoni desarma los objetos, los sentimientos y partes del pensamiento y del cuerpo para reconstituirlos de tanto avasallamiento

Por Graciana Petrone

Foto: Franco Trovato Fuoco
“Cada vez sonrío menos / pero no te pongas triste / que esto no es nada / es la rapsodia de un peregrino / que amasa la harina de la envidia mutua (…)”, escribe Luciano Trangoni en Los obreros de la tierra (Baltasara Editora 2019).

Se trata del tercer libro de poemas publicado por el rosarino que asegura escribir desde el conflicto, desde el dolor y, en este caso, con “una mirada mística de los problemas sociales”.
Los obreros de la tierra surge en medio de un entorno social y político que no es ajeno al autor; por el contrario, comprometido con la palabra, Trangoni desarma los objetos, los sentimientos y cada parte del pensamiento y del cuerpo que siente que fueron avasallados de alguna manera durante los últimos cuatro años en el país. “Pareció que nos quisieron arrebatar lo más esencial, lo más simple: el trabajo, el pan y la semilla en cuanto al símbolo del origen de algo”, dice en diálogo con El Ciudadano.



Una mirada mística

—¿Cómo fue el proceso de escritura de Los obreros de la tierra?
—Siempre trato de hacer una obra conceptual desde el inicio hasta el final. Que tenga una línea, una estructura, una columna vertebral de sentido. No es un conjunto de poemas que se fueron acumulando sino que tienen un sentido. En la construcción de este libro tuve una mirada mística de los problemas sociales. Creo que ahí junté todo lo que me estaba pasando.

—¿Sentís que pudiste plasmar una problemática política y social desde la poética en sí y no ser tan explícito como en libros anteriores?
—Me pasó con un libro anterior a éste que es La conspiración de los neuróticos, que nunca pudo ser publicado. De hecho, Beatriz Vignoli hizo el prólogo y me dijo que le había gustado mucho. Ese libro hace eje en la desaparición y muerte de Santiago Maldonado. Si bien he ido compartiendo algunas cosas por las redes sociales, fue un libro que rebotó por todos lados. Creo que fue demasiado explícito.



Escribir desde el conflicto

—¿Creés que provocó algún tipo de resistencia?
—La resistencia misma que dejaron estos últimos cuatro años. Hay amigos y conocidos a los que les gustó mucho ese trabajo pero desde la parte editorial no sé si estaban interesados en publicar algo de esas características. Quizás hoy, mirando hacia atrás, La conspiración de los neuróticos tiene otro sentido. Los obreros de la tierra vino después.

—¿Qué tiempo te llevó escribir este nuevo libro?
—Un año es el tiempo que me lleva hacer un libro. Ya tengo otro más. 2019 fue un año tremendo en lo personal, en lo colectivo y en lo social y yo escribo desde el conflicto, desde la tristeza o el sufrimiento, no puedo escribir sentado en una playa tomando sol, mi poesía no nace ahí. Como el año que pasó fue tan fuerte, el arte y la poesía me permitieron sobrellevar todo eso.



La semilla como origen

—Hay elementos que se van repitiendo a lo largo del libro: pan, trabajo, semilla, padre
—Son cosas que están en el contexto de lo más elemental. De algún modo es lo que estamos reclamando y necesitando hoy, que es lo básico, el pan, la semilla y el trabajo. Creo que todo tiene que ver con que nos están queriendo hacer olvidar de lo esencial, de lo más primitivo. No tenemos ni eso. En estos últimos años pareció que nos quisieron arrebatar lo más simple: la semilla en cuanto al símbolo del origen de algo.

—Sos docente. ¿Cómo ves el contacto de los chicos con la poesía?
—Trabajo en educación primaria, en el Hogar Escuela de Granadero Baigorria, que es el único que hay en la provincia con esas características. En relación a la lectura de los chicos, en el caso del lugar en donde trabajo, si no leen en la escuela no lo hacen fuera de ese ámbito. Trabajo mucho con la literatura en general y a los chicos les representa un universo completamente diferente a la realidad que viven.



Incómodo y doloroso

—¿Qué diferencias ves entre “Los obreros de la tierra” y “El sanatorio de los hechiceros imaginarios”, publicado en 2016?
—Básicamente, el cambio es la idea general en el espacio que yo me imagino a la hora de componer ese trabajo. El sanatorio de los hechiceros imaginarios son tres libros en uno y ahí ya hay una diferencia enorme. El que le da título a la obra, que tiene un aura de encierro, está escrito como si fuera la mirada de un paciente en un lugar demencial. No me preguntés por qué pero se fue armando desde esa idea. El último de esos tres libros se llama Máscaras y me doy cuenta, después de ver la obra terminada, que aborda la hipocresía, la falsedad y las apariencias que, muchas veces, en un estado de supervivencia en medio de la mediocridad, me hacen mucho ruido.

—¿En Los obreros de la tierra lograste una poesía más universal?
—Puede ser. Este libro me gustó mucho, y también lo que me fue pasando al hacerlo. La experiencia de la escritura, por lo menos para mí, en el fondo la encuentro placentera, aunque el acto de escribir en sí, desde el lugar que lo hago, muchas veces es bastante incómodo y hasta doloroso. Cuando el trabajo está terminado lo veo de otra manera y me genera placer. Todo eso que ocurrió en algún momento, y que alguien lo pueda leer, me parece que está muy bueno.



Poner el cuerpo

—En este libro hurgás sin miedo en el dolor. ¿Cómo fue ese proceso?
—Antes me preguntaste en qué se diferenciaba este trabajo de los anteriores y creo que se trata de que aquí pude escarbar más. Quizás al principio uno se anima menos a hurgar dentro de sí mismo pero a medida que pasa el tiempo se va haciendo esa profundización interna, se llega más a donde se quiere llegar.

—¿Tu poesía después de terminada atraviesa un camino de reescritura?
—Sí. Escribo pero después lo vuelvo a trabajar. A veces siento que escribí una genialidad y cuando vuelvo a leer lo que escribí, descarto la mayoría de las cosas. Le dedico tiempo. Cuando me pongo a escribir, ese día no hago otra cosa, no salgo de mi casa, me siento y me quedo inmerso en lo que estoy haciendo. Siento que me entrego a eso y me cuesta mucho porque es poner el cuerpo en cada cosa que escribo.



El delirio de Cortázar

—¿Cuáles fueron las lecturas que te influenciaron como escritor?
—Recuerdo así como un enamoramiento con Julio Cortázar. Más allá de que obviamente había leído otras cosas, pero cuando me encontré con Cortázar deliré. Leí todo. Al empezar a escribir me di cuenta de que estaba lleno de tips de Cortázar. Cuesta mucho despegarse de las lecturas. A lo mejor hasta ahora no lo logré. En poesía César Vallejo y también Charles Bukowski, sobre el que siento que su poesía es muy atrevida, que rompe de alguna manera con la “grandiosa” de Borges, por ejemplo. Eso también me abrió a otras lecturas y al poder verlas desde otro lugar. Roberto Bolaño, no sé si es mala palabra o no, pero su poesía me gusta mucho. Me acuerdo de haber leído 2266, esa novela que me pareció inmensa. Cuando terminé de leerla no hice más narrativa y me dije: “Después de esto no puedo escribir más una novela”



Biografía
Luciano Trangoni nació en Rosario (1974). Es docente y escritor. Publicó las novelas Los zapatos de los muertos (2006) y Acá no hay dónde (2009); el libros de cuentos 17 pesos y monedas (2010) y los poemarios La confusión de las lenguas (2012); El sanatorio de los hechiceros imaginarios (2016). Publicó en distintas revistas y diarios locales y nacionales y participó en jornadas académicas, talleres y ciclos de lectura. En 2012 recibió el premio poesía Hugo Mandón, organizado por la Sociedad Argentina De Escritores (Sade). En 2018 ganó el primer premio en el concurso “Homenaje a Fabricio Simeoni” y una mención especial en el certamen nacional de Poesía “Adolfo Bioy Casares”.

Nota publicada en diario El Ciudadano