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domingo, 22 de octubre de 2023

Por un mundo más igualitario: Las voces de los cuatro artistas argentinos que expusieron en la ONU, en Ginebra

 

Los cuatro artistas contaron cómo se gestó cada una de sus obras que llegaron nada menos que a Naciones Unidas.


Por Graciana Petrone para Revista El Visitante 

Barrotes cerrados que impiden sanar el dolor, un juego en el que sube el que más dinero tiene y baja el que no tiene, la transformación de la fragilidad a la fortaleza para poder luchar y el grito de indignación por la desigualdad de la riqueza en el mundo.

Las obras de los cuatro artistas plásticos argentinos que fueron seleccionadas para exhibirse en la sede de la ONU en Ginebra, Suiza, tras la convocatoria internacional #ImagineEquality “El arte de la igualdad. Un viaje hacia la Justicia”, están fuera de toda comprensión formal, ya que en cada una de ellas hay historias: las de sus autores y la de la gestación de la obra misma que, con sus particularidades, pronuncian un pedido desgarrador de igualdad a través de una de las formas más antiguas de expresión: la pintura.

La mega muestra, en la que fueron seleccionadas 38 obras de artistas de distintos países, concluye este 20 de octubre en el Palacio de la ONU en Ginebra y fue parte de la celebración de los sesenta años de la Fundación del Instituto de Naciones Unidas para el Desarrollo Social (UNRISD). Argentina, además, fue junto con Camerún uno de los dos países que tuvo cuatro representantes en la exhibición: Otto Gustavo Soria con su obra “Sube y Baja” –que además fue premiada– y Carlos Clementt con “Pobreza CEO” en la categoría Justicia Económica, respectivamente; Priscila Freire Yoder con “Hospital cerrado” en Justicia Social y Rubén Pérez Barrios con “El grito de la libélula” en Justicia de Género.     

Los cuatro artistas argentinos que contaron el proceso de construcción de sus trabajos de manera pormenorizada y el compromiso social y emocional que hay detrás de cada una de sus producciones.   

Otto Soria. Un juego en el que algunos pierden y otros ganan

Otto Soria hace cinco años que viene trabajando en “Libro de quejas”, una edición que consta de quince obras que, según contó, “todas responden a reclamos sociales y a la memoria colectiva. Sube y baja es parte de ese conjunto”.

Al hablar sobre cómo se gestó la pintura ganadora, una acuarela de 45 centímetros por 70 centímetros, el artista señaló: “La idea surgió por la desigualdad que hay en reparto de las riquezas y esa imagen se me ocurrió como para evidenciar cuán explotados están los pobres y que esa explotación sirve, de alguna forma, para que haya ricos”.

De hecho, Soria explicó que lo planteó como “un juego” y que en “Libro de quejas”, la acuarela está acompañada por un texto de su autoría que contiene una suerte de “instrucciones para ese juego en donde se indica que para ascender en ese sube y baja hay que usar dinero y, para descender, hay que perderlo”.

Soria trabaja en publicidad e intenta mantener al arte como un hobby para que, justamente, “la economía no invada el arte para poder crear libremente, sin tiempo de entregas”, y simplemente expresar lo que siente.

En 2022 expuso de forma individual en una galería de Puerto Madero en Buenos Aires en donde presentó todas las obras pertenecientes a la serie que integra el libro. También lo hizo en el marco de La Noche de los Museos en el aula de un colegio y el original de “Sube y baja” estuvo allí. Dibujante talentoso, comenzó con el lápiz y luego incursionó en la pintura con acuarela. “Me gusta porque tiene eso de incertidumbre, como la vida, uno piensa una cosa y después se va desbordando para otros lados y hay que ir tratando de reacomodarla. Es un poco el desafío tratar de domarla”.

Sobre la noticia de la selección, y luego la de la premiación dijo que lo alegró mucho. “Un poco el objetivo de mi trabajo –agregó– es señalar, marcar, llamar la atención sobre las cosas que considero están mal y que deberían ser de otra forma. Que Naciones Unidas tome a la obra para mostrarla es como que la amplifican, que le metieron un telescopio y la lanzaron al más allá”.

El compromiso social atraviesa todas las obras de los argentinos y a respecto Soria destacó: “Desde el arte se puede llamar la atención para que estos temas no queden tapados. Se me viene a la mente el Guernica de Picasso El arte es una manera linda de contar desgracias e injusticias y él, a través de algo muy bello, cuenta un verdadero desastre y es una forma de llegar a las personas”.


Rubén Pérez Barrios. Desde la fragilidad a la fortaleza

“El grito de la libélula” está inspirada en el 8 de mayo, el día en el que se recuerda a las víctimas de violencia institucional. En ese marco varios artistas habían sido convocados por el Ministerio de Cultura de la nación y la temática que eligió Barrios, desde la provincia de Santa Fe, fue con un hecho histórico que ocurrió en una de las comisarías más trascendentes de la ciudad capital de Santa Fe. “Un espacio que hoy se guarda para la memoria y en donde que se vejaba, se torturaba y se perseguía a grupos minoritarios, este caso al colectivo trans. A partir de una investigación, hablando con las chicas y escuchando distintos testimonios, es que surgió ‘El grito de la libélula’, una transformación de un estado de fragilidad a uno de fortaleza para la lucha”.

Pérez Barrios consideró que la obra “interpela sobre cuál es el papel de cada uno a la hora de defender los derechos”, en algunas ocasiones por la omisión, el silencio, o mirar para otro lado”.

El trabajo seleccionado del artista de profesión, de 54 años, nacido en Rosario y con más de tres lustros de vivir en la ciudad de Villa Gobernador Gálvez, es un mural de cinco metros de ancho por más de dos metros de alto. “En este momento está en la Fábrica Cultural el Molino, pero están desarmados. La idea es que a partir de la repercusión que hubo, tenga un lugar de descanso permanente en donde las personas puedan verlas en ese tamaño”.

Con casi 25 años de trabajo en el ámbito de las artes plásticas, galardonado y distinguido en varias ocasiones, Pérez Barrio dijo sobre la noticia de la sección de la UNRISD: “Siempre es un orgullo porque se trata del trabajo de uno y, especialmente, porque uno trata de comunicar cosas, uno elige el camino que va a andar a través del arte y muchas de mis obras tienen que ver con eso de lo social, o de la denuncia de distintas situaciones en el mundo y obviamente cuando hay una repercusión, cuando el mensaje que se quiere expresar llega a más personas es como un logro personal y hace que uno se sienta orgulloso de su trabajo”.

El artista rosarino trabaja pintando murales en distintos espacios abiertos en localidades del interior de la provincia de Santa Fe y el compromiso social está fuertemente vinculado a la esencia de sus obras.

“El muralismo tiene que ver con el dejar mensajes. Siempre digo que los artistas muralistas, por lo general, cuando tienen que llevar su obra a cielo abierto,  donde los espectadores son desconocidos e innumerables, se tiene pintar pensando en el espectador. Creo que eso hace que baje el ego de uno y suba la intención de poder comunicar algo. Si bien pinto en mi atelier, tengo una pasión muy marcada con pintar a cielo abierto y poder comunicarme”.

Sobre el mural en sí, Pérez barrios consideró que “es un desafío”, y que hoy “el arte tiene mucho de frivolidad y compite con la decoración”, aunque quizás sean modas o etapas, agregó que, a la hora de “hacer obras que inspiren o hagan preguntar cosas, se le da más trascendencia a lo decorativo”, pero que “es parte del juego y no deja de ser un desafío, como están las cosas, la decisión de pintar a cielo abierto con un contenido que suele ser bastante duro”.

Actualmente, el rosarino contó que tiene varios proyectos, pero remarco que los artistas necesitan más respaldo porque, en definitiva, su trabajo es un oficio: “Pagamos impuestos y no es una cuestión de pintar porque se tiene un tiempo libre. Es el trabajo de uno y a veces a nos gustaría más apoyo en ese sentido. Nos pasa al intentar vender nuestras obras y demás.

Yo puedo vivir del arte, obviamente uno lleva una vida sencilla, pero bueno, tengo esa satisfacción y que además me convoquen permanentemente para pintar murales, me dan la temática y me dejan decidir y, en base a eso, hago una composición”.

Finalmente, Pérez Barrios contó que uno de sus murales, que se erige en la Estación Rosario Norte de Rosario, tiene que ver con la migración. Se trata de una obra que habla sobre lo doloroso del destierro, ya sea el tener que haberse ido por razones económicas o por muchas otras. “Hay un alambre de púas y una muñeca enganchada en ese alambre como diciendo: los niños también sufren ese desarraigo al cruzar una frontera”.

El grito de la libélua, mural de Pérez Barrios.

Priscila Freire Yoder. Hierros como obstáculos que impiden sanar.

“Hospital cerrado” es la obra seleccionada de Priscila Freire Yoder, nacida en Córdoba. Desde que terminó sus estudios secundarios su deseo era estudiar Arte, incluso cursó dos años el Profesorado, pero según contó, debió abandonarlo por razones económicas. “Estaba entre estudiar arte o Trabajo Social. El arte me parecía como pintar flores, retratos y cosas lindas para adornar, y me dije: ‘Quiero hacer algo que pueda transformar a la sociedad’, y a la semana se inscribió en la en la Licenciatura en Trabajo Social de la Universidad Nacional de Córdoba (UCA).

Después, se trasladó a Buenos Aires en 2006, creía que iba a ser temporal y regresaría a Córdoba, pero comenzó como Voluntaria en la Asociación Civil  en la que lleva 17 años como integrante. Al tiempo se postuló para una beca de investigación de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) y la obtuvo, por lo cual se quedó para desarrollar la maestría en diseño de Políticas y Programas Sociales.

“La vida seguía en la intervención, trabajando desde esta asociación civil y después ingresé a trabajar en el ámbito de la Salud, primero en salas comunitarias y luego en hospitales”.

Sobre la construcción de la obra contó: “No quiero que quede como la obra puntualizar un hospital en un día, en una situación, pero la obra fue pintada a partir de un hospital en un día en una situación. Se cerró la puerta porque había paro. Nunca fui partidaria de los paros que afectan el pueblo contra el pueblo.  Nuca había visto las rejas cerradas del Hospital, la gente siempre entraba y se le decía que había paro y la gente podía llegar a la guardia”

Freire Yoder evocó que siempre que había una medida de fuerza quedaban personas y profesionales en el centro de salud que le daban cierta contención a los pacientes: “Pero ese día se cerraron los portones y no había ni siquiera atención mínima en medio de la sensación del dolor, del sufrimiento, del padecimiento y del decir: ‘No puedo pasar, no puedo acceder a que alguien me calme el dolor’.

La artista plástica y trabajadora social asiste desde su lugar a pacientes que padecen tuberculosis. “La gente llega destruida. Pueden llegar con un dolor fuertísimo, pero para ellos es parte de la vida cotidiana. Hay mujeres  que vienen a tener a su bebé y nunca se hicieron una ecografía”, señaló.

En “Hospital cerrado” la artista detalló que “hay tres personas agarrando barrotes que son obstáculos en el acceso a la salud y que a veces tienen que ver en qué momento de su enfermedad llegan a recibir la atención”.

“¿Qué nos está faltando para que la gente pueda acceder a su diagnóstico, está el acceder también al tratamiento, a la prevención, porque incluso hay enfermedades que no deberían darse? En este momento estamos tratando enfermedades que no deberían existir como la tuberculosis, que yo trabajo tanto y que sigue existiendo”.

“Creo que la gente no tiene que tener barreras para llegar a la salud y a mí me pasó el dolor por las vísceras y por eso mi cuadro es tan visceral. Le ves la mirada, lo ves por dentro, le ves los pulmones lastimados, hay una mujer embarazada y el bebé está con una expresión como diciendo ¿Qué va a ser de mí? Es lo que intenté mostrar.

Inspirada en el pintor ecuatoriano Oswaldo Aparicio Guayasamín, fallecido en 1999, Freire Yoder intenta reflejar el concepto humanista del artista que, en un período de su vida,  dejó de pintar cuadros decorativos y con la venta de una de esas obras recorrió América Latina y, cuando volvió a Ecuador, dejó de pintar lo que pintaba para empezar a reflejar el dolor del pueblo y dijo: “Mi arte es un grito de dolor que quiere herir y lastimar”.

“Creo también que mi cuadro no es solamente para mostrar el dolor, sino que intento dar esperanza”, agregó.

La artista contó que en el reverso del cuadro hay una pintura abstracta. La obra está expuesta en el hospital donde trabaja y dijo que cuando la situación en el ámbito laboral es demasiado triste y desgarradora, “cuando ya el dolor es mucho”, lo dan vuelta y muestran la obra abstracta.

La noticia de la preselección y luego de la selección final llegó con mucha emoción. Había enviado dos obras. “Estaba a la expectativa y presentía que alguno iba a encontrar su lugar porque era algo que tal vez no mostraba una belleza estética, pero que es una arte que levanta la voz de los que no tienen voz y que tienen que ser vistos y escuchados.

“Para mí, mi obra es mi trayectoria de dolor. Uno se va del trabajo pensando en que puede allanar el camino, porque algunos tienen una alfombra roja para llegar a la salud y otros tienen miles de obstáculos y tiene que ver con los vacíos, porque hay diez turnos para 500 personas que están haciendo la cola. Soy muy sensible, lo voy absorbiendo y el pincel y la pintura me permiten expresarlo”.

Hospital cerrado, Priscila Freire Yoder.

Carlos Clementt. Entre el agobio, la asfixia y lo injusto.

“Pobreza CEO” es la obra del artista Carlos Clementt quien intentó plasmar el agobio y el grito ante la injusticia en el reparto del dinero en el mundo, señalando la teoría de derrame. “A esta obra la comencé en el año 2021, cuando salió el caso de los Panamá Papers, que provocó en mí una indignación muy grande. Cuando empecé a pintar no lo hice pensando en eso, sino que fue saliendo. La característica de mi pintura es que es abstracta, no es algo figurativo. Me expreso desde el sentimiento y las emociones”, contó a un medio rosarino.

Y amplió: “Empecé a trabajar y de forma inconsciente comencé a chorrear con colores metalizados y vino al consciente que lo podía asociar con la riqueza, con la teoría del derrame. El cuadro está basado en eso, es una pared llena de agujeros donde desborda la riqueza, por eso hablaba de pintura metalizada, como cobre, plata y bronce. Estaba haciendo unos dibujos y tenía un hombre desencajado, con la cara distorsionada y lo recorté, lo probé y lo puse y quedó”.

Clementt comenzó a pintar desde muy chico, pero a inicios de los años 80 un viaje a Brasil cambiaría el rumbo de su vida cuando comenzó a trabajar pintando tablas de surf. De regreso a Rosario continuó pintando sin exponer e integró el grupo “Pintores del Oeste”. Desde hace 16 años trabaja en centros de salud en prevención de adicciones y desarrolla talleres de arteterapia.

“Cuando me lo comunicaron fue algo espectacular, que realmente no me lo esperaba, no me imagina que una obra mía iba a ser expuesta en Suiza. Es un logro importante, de ser un pintor rosarino a ser un pintor internacional, es una puerta que se abre en mi carrera. Hace 30 años que pinto y nunca pasé de las muestras en Rosario, alguna muestra colectiva en Buenos Aires, pero de repente ser reconocido es muy importante.



sábado, 21 de octubre de 2023

Dibujos de Marcelo Gonella que retratan imaginarios sociales y políticos, pasados y actuales

“El arte tiene que ver con una decisión política.", dijo el artista plástico y médico pediatra Marcelo Gonella, en la inauguración de la muestra que reúne una series de impactantes dibujos.


Por Graciana Petrone 

la muestra “Cociente colectivo”, del artista plástico Marcelo Gonella, en la planta baja de la Asociación Empleados de Comercio (AEC), de Corrientes 450. Se trata de una serie de obras que reúne el trabajo realizado por el artista en la última década, atravesado por tema político social, con una mirada crítica.

“Fueron varias muestras que fui haciendo y terminó en lo que vemos ahora, pero arranó con “Poderoso Caballero” (don dinero), otro que era “Pecado capital” y que tenía que ver con el capitalismo y el neoliberalismo y, después, terminamos con esta que le pusimos Cociente colectivo”, dijo Gonella a Conclusión.

El nombre de la muestra surgió, según contó el artista, cuando acompañaba a su hijo estudiando matemática: “Estaba dando cociente, dividendo, y yo no me acordaba qué era cociente y es el resultado de la división, entonces creo que tenía que ver con eso, un poco con lo que estamos atravesando, que tiene que ver con conciliar. Cociente colectivo como el inconsciente colectivo, algo que tenemos incorporado como sociedad y algunas cosas que deberíamos cambiar”.


Se exhiben más de 15 dibujos impactantes que reflejan los distintos contextos sociales y políticos que se fueron sucediendo en el país durante los últimos años. “Hay obras que tiene que ver con la pandemia, otras con el tarifazo en su momento, temas que son tan vigentes hoy, que no parece que los hubiera hecho con tanto tiempo de diferencia”, dijo.

DE ALCORTA A ROSARIO

Gonella nació en Alcorta, en 1968. Llegó a Rosario apenas terminó el secundario, con la ilusión de estudiar Bellas Artes. “Pero como todo hijo de laburante, primero era ser médico, lo otro era un deseo, lo primero quizás como un mandato familiar o como que era la única manera de vivir, y lo fui postergando”.

Y continuó: “Me había anotado en Bellas Artes y nunca la pude empezar la carrera. Pasaron más de 20 años y, para mi sorpresa, seguía teniendo la matrícula de la Facultad y pude elegir los horarios y la pude hacer”.

En la muestra también hay dibujos que retratan a las infancias. Al respecto señaló: “Uno siempre dibuja lo que uno piensa y siente, para mí la infancia es muy importante porque es una etapa de la vida en donde se es muy vulnerable, sin herramientas para enfrentar lo que pasa alrededor. Siempre está presente el tema de la infancia”.

“El arte tiene que ver con una decisión política. Hay gente que se puede ofender, o no, pero bueno, son pensamientos y creo que la idea es que, en este momento en donde hay tanto enojo, la idea sería un poco en vez de enojarse, ponerse a dibujar”, concluyó.


Nota para Diario Conclusión 



martes, 21 de enero de 2020

Cuando pintar es una tarea de constante evolución y crecimiento

Un artista en vías de desarrollo, así decidió llamar a su primera muestra de cuadros y bocetos el artista plástico Rubén Farías. Según contó a El Ciudadano, se trata, justamente, de una experiencia de trabajo en constante evolución y crecimiento. La exhibición cuenta con curaduría de Alicia Galeano

Por Graciana Petrone

PH: Hernán Rades Fotografía

“Un artista en vías de desarrollo”, así decidió llamar a su primera muestra de cuadros y bocetos el artista plástico Rubén Farías. Según contó a El Ciudadano, se trata, justamente, de una experiencia de trabajo en constante evolución y crecimiento.

La exhibición cuenta con curaduría de Alicia Galeano y será este viernes 12 de abril a las 19 en La Casa de La Memoria, de Santiago 2815.

—¿Cómo surge la idea de pintar una serie de escritores entre los que están Poe, García Márquez, Kafka…?

—Bueno, tiene que ver con gran parte de mi vida porque la lectura y la escritura son una parte importante de mi vida. Soy librero, vivo de eso y en un sentido plasmar las imágenes de escritores que admiro y me atraen mucho era como trasladar a esas imágenes un sentimiento que llevo desde los cinco años que empecé a leer.

—¿De cuántas obras está compuesta la muestra?

—Según la curadora (Alicia Galeano) el número de piezas varía. Me dijo: ’Dejá de pintar, por favor’. Hay seis pinturas de escritores, también dos o tres trabajos de una serie que se llama ‘Cosas que no hago hace mucho’. Y después, si se quiere, es una especie de retrospectiva. Yo empecé a estudiar y a trabajar con la curadora hace cuatro años y la idea es mostrar el desarrollo o la evolución en un proceso. Por eso el nombre de la muestra.

—¿Cuándo empezaste a pintar?

—Pinté esporádicamente en distintos momentos de mi vida pero desde que empecé a trabajar con esta profe, los bocetos y pinturas que exhibo ahora son de hace cuatro años a esta parte y abarcan el proceso de aprendizaje que no termina nunca, por suerte, y es un desarrollo hacia el objetivo de la pintura. Empecé haciendo cosas planas con respecto a los colores y ahora hay matices. Los colores me habitan desde otro lugar.

—¿A qué te referís con que ‘los colores te habitan desde otro lugar’?

—Me saco las pinturas de las tripas. Lo que quiero decir con eso es que ahora puedo plasmar lo que siento y antes no. Antes era una sucesión de manchas, tal vez, y desde ese lugar no podía extraer una figura. Ahora, si bien hay bocetos y un proceso en la creación que me permite expresar más concretamente lo que quiero pintar, pinto lo que siento.

—Hablás de bocetos, técnicas, crecimiento y en vías de desarrollo constante, ¿cómo es este proceso desde lo artístico?

—Precisamente eso, desarrollo y crecimiento. Cuando empecé a trabajar con esta santa mujer (por la profesora y curadora de la muestra) me decía ‘mirá, te conviene bocetar, practicar, no ir directamente a meter la pintura’. En aquel tiempo lo hacía en lo que es fibrofácil. Incluso hay cosas que están pintadas sobre durlock que encontraba en la calle y Alicia me dijo que era como muy perenne el material (risas) y ahí me sugirió que yo trabaje con un criterio. Así que empecé a hacer bocetos. El dibujo tiene otra cosa que me permite verlo en blanco y negro y proyectarlo en mi cabeza. Por lo general hago uno, lo laburo mucho y después sí, en una noche lo llevo a la tela.

—Después de este proceso, ¿qué tipo de evolución o de nuevas técnicas ponés en práctica ahora?

—Ahora estoy pintando con acrílico sobre lienzo y desarrollo un proceso que es muy lindo para mí. Yo hago el soporte, compro el cuadrado, le pego la tela, lo blanqueo y después lo trabajo con la pintura.

—Es tu primera muestra individual, algo así como largar a un hijo solo a la vida, ¿cómo te estás sintiendo en este momento?

—Participé en dos muestras colectivas muy ricas y muy variadas que se hacían en la peatonal, “Artistas a cielo abierto”, algo super reinvindicable. Pero ahora sí, hago esto que es algo así como soltar las criaturas al primer día del jardín. No sabés lo que va a pasar pero a la vez creo que es el momento, al menos siento la necesidad de hacerlo. Seleccioné unos 24 laburos sobre 60 y es como bueno, decir: ‘Acá están mis cosas, mírenlas, díganme qué les parece’.

—¿Cualquiera puede dibujar o pintar?

—Cualquiera puede hacer cualquier manifestación artística. Ahora, creo que tenés que tener una capacidad. Por darte un ejemplo, yo soy pésimo músico, no tengo la menor idea de cómo se toca ningún instrumento y creo que cualquiera podría tocar la guitarra, aunque no cualquiera podría ser Keith Richards.

Nota publicada en diario El Ciudadano

Obreras: muestra que interpela desde el pasado para repensar el presente

Detrás de cada material artístico y bibliográfico de la muestra están, justamente, ellas, las que le dan nombre a la exhibición y que a través de la participación gremial se fueron abriendo paso en medio de un ambiente hostil

Por Graciana Petrone


Obreras, trabajo en el frigorífico y el barrio Saladillo es una exhibición que cuenta con curaduría de Laura Pasquali y que intenta retratar la vida de las trabajadoras del frigorífico Swift a mediados del siglo pasado, en un contexto social e histórico en el que la desigualdad de género se potenciaba en todos los ámbitos y, el del trabajo, no quedaba fuera de ese mandato patriarcal.

En Obreras se destacan los trabajos del rosarino Aldo Magnani, discípulo de Ricardo Sivori y Juan Grela, sólo por nombrar algunos, pero también devenido en maestro de artistas y conocido como el “pintor del Saladillo”. Es que una parte especial de la zona sur de la ciudad fue el espacio por excelencia que inspiró a la mayoría de sus obras y en donde vivió y plasmó  distintos momentos y paisajes que daban cuenta de cómo era la vida en la popular barriada en la que, justamente, se instaló el frigorífico.

El archivo fotográfico que se presenta en diferentes pasajes de la muestra pertenece a los historiadores barriales Alfredo Monzón y Nora Laborde. Además, en el invernadero del museo se proyectan los cortos sobre “Fugas y resistencias. Trabajadoras: imagen y representación o hacer visible lo invisible”, de las realizadoras Carolina Rimini y Mónica Fessel.

La curadora destacó durante la inauguración, que Obreras reúne material diverso que fue creado de manera colaborativa entre el entre el archivo fotográfico del museo local, bibliografía y fotografía del Museo 1871 Berisso, el que tiene colección del Swift y con elementos del museo Raúl Malatesta de Villa Gobernador Gálvez.

Nativas, inmigrantes y obreras
Detrás de cada material artístico y bibliográfico están ellas, las que le dan nombre a la exhibición y que a través de la participación gremial se fueron abriendo paso en medio de un ambiente hostil.

“Obreras, nativas e inmigrantes que se instalaron en el barrio y un tránsito natural era precisamente el activismo político y gremial por las condiciones de trabajo. Las mujeres han sido o podría decirse que se supone que fueron las voces silenciadas en este proceso. Nuestra investigación da cuenta de que están presentes y, en aquellos ámbitos donde no las podíamos visibilizar, está el trabajo de los museólogos y museólogas para poder visibilizarlas”, dijo Pasquali.

En una de las pantallas que se exhiben sobre las paredes de una de las salas del museo se proyectan placas con experiencias de las trabajadoras del frigorífico. Placas que hablan, escritos que obligan a repensar el presente en función de un pasado hostil para la mujer. Uno de esos carteles versa:

“Para ir a comer teníamos que hacer un camino como cuando llevan los animales al matadero, un caminito con la cabeza gacha y la panza vacía”.

“Recorridos múltiples”
La disposición de las fotografías, archivos multimedia, proyecciones y otros montajes que componen Obreras le da al espectador la  posibilidad de realizar “múltiples recorridos”.

“No hay un único sentido para recorrerla, puede venir una escuela a mirar solamente la sala del Swift y trabajar en función del trabajo infantil, de las condiciones laborales, de la relación entre la patronal y los trabajadores”, dijo Pasquali.

La curadora consideró que otro recorrido posible es pensar la relación de la vida obrera y el mundo del activismo gremial y político. “Proponemos los recorridos múltiples, si bien hay uno sugerido pero nos interesa mucho que cada uno venga con su necesidad propia. Quizás alguien quiera ver el barrio, ver las fotos, opinar (a través de cartelitos en una de las paredes de las salas del museo). Ese es el sentido, venir con inquietudes propias y desenvolverse como quieran hacerlo”, agregó.

Una muestra que interpela
“Exponer la experiencia laboral de las mujeres de clase obrera no puede implicar una mera formalidad conmemorativa, sino provocar el debate y la reflexión sobre algunos condicionamientos de nuestro presente”, se señala en el dorso del folleto de la muestra. Casi las mismas palabras dijo la curadora en el escenario durante la inauguración.

“La intención es que a todos les pase algo cuando recorran la exposición, que tengan una sensación que se llevan algo. La idea de interpelar es que reflexionen y piensen en lo que es una muestra que se construyó de forma colectiva”, dijo el director del Museo de la Ciudad, Nicolás Charles.

En diálogo con El Ciudadano, Pasquali dijo que “para muchas mujeres el frigorífico era la única forma de resolver su vida material, ya sea por ser solteras, viudas o tener que contribuir con el sostén de su hogar”

“En ese marco la lucha permanente fue por la desigualdad salarial, las condiciones de trabajo, los problemas vinculados al acoso, todas realidades en un mundo masculinizado que fue feminizándose de a poco, porque la presencia de la mujer fue siendo cada vez mayor en el frigorífico”, concluyó la curadora.

Curadora: Laura Pasquali
Equipo de trabajo Gisela Figueroa, Luisina Agostini y Beatriz Argiroffo.

Nota publicada en diario El Ciudadano


Objetos de deseo hechos con técnicas originarias y material desechable

Los objetos que integran la muestra, que incluye fotos de Gustavo Goñi y cuenta con curaduría de Mauro Guzmán y la participación del artista Mauro Caporali, iluminan el subsuelo de la sala ubicada en Balcarce 238

Por Graciana Petrone


Retazos de telas, cuentas, dijes, mostacillas, perlas, pinturas, papel, espejos, colores, pedazos de acrílico o cadenas. Nada se descarta. Todo lo que para uno puede dejar de ser necesario se reconvierte en objeto de deseo y utilidad para el otro, a través de la mirada y las manos de la artista plástica y diseñadora Marina Gyciuk . Con esa premisa partió para concluir un trabajo de más de un año que reúne accesorios, máscaras y bijouterie realizadas con material desechable y técnicas qom.

Los objetos que integran la muestra, que incluye fotos de Gustavo Goñi y cuenta con curaduría de Mauro Guzmán y la participación del artista Mauro Caporali, iluminan el subsuelo de la sala ubicada en Balcarce 238. Algo de esa luz que invade el espacio produce una sensación impactante a la primera mirada del visitante y se resume en el nombre que eligió para la exposición: “Soñé que tu piel destellaba soles”.

Gryciuk asegura que la elección fue azarosa, que un día se despertó inspirada y el nombre de la muestra, con fuerte sesgo poético, simplemente “surgió”. Aunque la luz que los mismos objetos “destellan” parece hacerlos funcionar como pequeños soles que, sin ser estrellas algunas, tienen luz y vida propia.


—¿Cómo surge esta muestra y hace cuánto que trabajás en ella?

—Es un trabajo que vengo haciendo hace un año con piezas escultóricas para el cuerpo, pensando en esta fusión de mi trabajo como diseñadora de ropa para usar en la calle y, al mismo tiempo, mi trabajo de retomar algunas cosas en relación a las texturas y tejidos de los pueblos originarios. Casi todas estas piezas están tejidas con esa técnica.

—¿Tu trabajo de taller con mujeres de la comunidad qom influyó en la realización de estos objetos?

—Yo ya vengo trabajando desde hace varios años a manera de proyectos pero también me apropio de esta técnica de manera artística, la que deconstruyo y vuelvo a armar de otro modo. Me gusta pensar que las técnicas uno las puede reinventar y así generar algo nuevo. Es también como un homenaje y señal de respeto al origen de esa técnica.

—Los objetos que se muestran parecen no ser sólo artísticos, parecen ir más allá…

—Desde hace tiempo hago como un trabajo de reincorporación de otros materiales reciclados. Estoy pidiéndoles todo el tiempo materiales a mis amigos y a gente que trabaja en el rubro, sobre todo restos de telas y de bijouterie. Con eso hago esta fusión de objetos que son pensados para el cuerpo. No tanto como objetos textiles-artísticos sino que en algún momento puedan transformarse en una colección de accesorios comerciales.

—Gargantillas, máscaras y colgantes que salen de la cotidaneidad, lo que no le quitan lo glamoroso…  

—Es que justamente trabajo entre los bordes de lo utilitario y lo no utilitario. En realidad me gusta correr esos riesgos de no estar en ningún lado y posicionarme en el límite entre una cosa y la otra. Me gusta ese riesgo, es como una postura ideológica y hasta política en ese sentido, de que nadie puede decir que algo es determinado sino que los objetos fluyen y cada uno los toma para el lado que desea.

—¿Las máscaras colgadas en la pared tienen algún significado en especial?

—No. El juego es que todas estas piezas están pensadas para el cuerpo y no hay ningún cuerpo, entonces el cuerpo lo pone el espectador. Ese es el juego que yo hago, que la gente pueda apropiarse de estas piezas, jugar y reinventarlas.

—Eso corta con la distancia que suele poner el mismo espectador con la obra de arte…

—También es la idea de recrear una tienda en donde uno agarra las cosas, se las prueba y se mira al espejo. Esto de tomar distancia con la obra de arte le pasa a todo el mundo porque no estamos acostumbrados a tocar una obra de arte. Hay todo un mito en ese sentido y por eso lo que vamos a hacer es que la gente las agarre, se las pruebe. Hay dos espejos y un hashtag (en Twitter, Facebook e Instangram) donde la gente puede subir las fotos que se saca. Es como un evento virtual que está sucediendo a medida que se desarrolla.

—¿Cuál sería tu mensaje para ese espectador no familiarizado con muestras de arte y que de repente viene a verla?

—Que se anime, que venga con una mirada abierta para ver algo bello con cosas que fueron descartadas porque en algún momento no servían más. Me parece que es todo un aprendizaje, sobre todo en este momento que está tan en crisis la idea del capitalismo en el consumo de objetos que no tiene sentido porque uno sabe que en meses lo va a desechar. Bueno, es conceptualmente trabajar eso: los objetos y materiales se pueden revivir y volver a utilizar. Es un poco la mirada que me gustaría que la gente tuviera al venir a ver esta muestra.

Nota publicada en Diario El Ciudadano