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miércoles, 17 de noviembre de 2010

Masacre de Rincón Bomba: Un pasaje macabro de la historia argentina

Graciana Petrone

Centenares de aborígenes fueron masacrados en Formosa mientras reclamaban pacíficamente por comida. Exigen al Estado Nacional que reconozca el genocidio.

Alrededor de 500 cuerpos sin vida y bañados en sangre yacían diseminados sobre los senderos que bordean la plaza central de Ayo Bomba, una pequeña localidad de la provincia de Formosa. La tragedia ocurrió cuando efectivos de Gendarmería Nacional  abrieron fuego contra cientos de integrantes de la comunidad Pilagá, que reclamaban en forma pacífica por el envío de provisiones y medicamentos desde la Casa Rosada. Aunque una de las premisas del periodismo a la hora de informar es la inmediatez del hecho, cuando estos datos se conocieron en 2005, la noticia ya era vieja. La tribu aborigen agredida debió esperar más de 50 años para que saliera a la luz la verdad sobre la masacre de la que fue víctima su pueblo en octubre de 1947. 

La génesis del hecho, que en la actualidad se conoce como “Octubre Bomba”, tuvo lugar a mediados del siglo pasado cuando miembros de la tribu Pilagá se negaron a trabajar como esclavos en ingenios azucareros en la provincia de Salta y retornaron a Formosa. Al regresar a su lugar de origen enfrentaron otra dura realidad: la falta de comida. Fue entonces que iniciaron reclamos al gobierno de Juan Domingo Perón. “Cuando el General se entera de la situación envía dos vagones con alimentos, ropa y medicamentos”, cuenta Rodolfo Hachen, profesor de lingüística de la Escuela de Antropología de la Universidad Nacional de Rosario (UNR).

Pero lo cierto es que las provisiones fueron retenidas por la policía formoseña y repartidas entre los gendarmes y algunos habitantes del lugar. Según el académico, sólo les dejaron “los despojos y comida en mal estado”, lo que motivó la “muerte de 50 indígenas más por intoxicación”. La comunidad Pilagá creyó que Perón los había defraudado y salieron a reclamar en forma pacífica, totalmente desarmados, mientras los gendarmes asesinaron brutalmente a unos 500 aborígenes, en su mayoría niños, mujeres y ancianos. “Como una escena absurda en una película de Leonardo Fabio - explica - cientos de ellos marchaban por las calles portando retratos de Perón y Evita y fueron baleados por las ametralladoras”.

La verdad desenterrada y un reclamo que continúa
Durante una exploración llevada a cabo por profesionales del Equipo de Investigación del Crimen Forense, el 17 de marzo de 2005 fueron hallados 27 cadáveres, enterrados en distintos lugares de la localidad de Ayo Bomba y en sus alrededores. Enrique Prueguer, uno de los especialistas a cargo de la investigación que abrió la puerta de uno de los pasadizos ocultos más sangrientos de la historia de los pueblos originarios, detalló en su informe que los restos no estaban en una fosa común sino que se encontraron en diversos lugares. “La masacre no terminó cuando los gendarmes atacaron a los indígenas durante la manifestación – aclara Hachen al respecto - sino que los persiguieron y  los fueron matando y enterrando a medida que los ultimaban”.

Actualmente la comunidad Pilagá reclama al Estado que el “Octubre Bomba” se reconozca como genocidio. El pedido lo realizaron los abogados Carlos Díaz y Julio García ante el Juzgado Federal de Formosa en 2005, en una demanda donde exigieron que la Nación pague una indemnización a los aborígenes “por daños y perjuicios, lucro cesante, daño emergente, daño moral y determinación de la verdad histórica”.  Según cuenta Hachen, la Fundación Rigoberta Menchú actuó como aval en esos juicios, en los que se solicitaba un resarcimiento económico con el “mismo tratamiento” que se les había dado a las víctimas de la última dictadura Militar.

“La respuesta del Gobierno – asegura el catedrático - fue que no se trató de un genocidio ya que los Pilagá no constituían un pueblo. Se les negó el hecho histórico y también su carácter de ciudadano”. Para Hachen, el motivo del rechazo fue a causa de que Néstor Kirchner, quien estaba al frente del Ejecutivo Nacional en 2005, no quiso dar curso a una demanda dirigida directamente “contra la figura de Perón”.  Las distintas organizaciones de Derechos Humanos del país tampoco adhirieron su apoyo. “Recién este año algunas de las asociaciones están entendiendo que las causas de los aborígenes deben ser defendidas con el mismo tenor – sintetiza - y por primera vez, en 2010, algunas agrupaciones participaron en el Congreso de las Lenguas”.

Rodolfo Hachen, profesor de linguística de la Universidad Nacional de Rosario

Fuentes
Rodolfo Hachen, entrevista para FM Universidad, 30 de mayo de 2010
Documentales / archivo
Indymedia, nota de Eduardo Rodríguez Baz



















domingo, 7 de noviembre de 2010

Lunita Rosarina: un libro que reúne las columnas escritas por Sebastián Riestra para la edición online del diario La Capital

para www.elfisgondigital.com


Alguien dijo una vez que yo me fui de mi barrio… ¿cuándo, pero cuándo?, si siempre estoy llegando. Y si una vez me olvidé, las estrellas de la esquina de la casa de mi vieja,  titilando como si fueran manos amigas me dijeron: ‘gordo, quedáte aquí, quedáte aquí…’”. Como la voz ya agonizante y quebrada del “Polaco” Goyeneche en “Nocturno de mi barrio”, Lunita Rosarina (Editorial Homo Sapiens), el libro de Sebastián Riestra, atesora ese anclaje extraño entre el arraigo y la añoranza.

Aunque es difícil definir en qué estadio de la literatura reposan los microrrelatos que integran la obra, lo cierto es que provocan el impacto de estar ante la vehemencia de un cancionero tanguero que aglutina al infaltable “Sur”, “Niebla del riachuelo” o “Vuelvo al sur” y resume una suerte de ‘yo estuve ahí’, ‘hice lo mismo’ o ‘la pucha, cómo pasó el tiempo’. Sin embargo, la percepción táctil, olfativa, visual y auditiva de esas imágenes reconstruidas por el autor, son absolutamente nítidas y tangibles aunque los años, definitivamente, hayan trascurrido implacables.

El lanzamiento del libro tuvo lugar en el Auditorio de la librería Homo Sapiens y convocó a numerosos “amigos y lectores” a los que el autor agradeció su presencia, visiblemente conmovido. Lo acompañaron los escritores Marcelo Scalona y Andrea Ocampo, quienes expusieron sendos análisis sobre el trabajo presentado, el cual corresponde al tercer título de la colección “Ciudad y Orilla”.

 Lunita rosarina reúne escritos breves que Riestra publica semanalmente en la edición online del diario La Capital de Rosario, en donde también se desempeña como subsecretario de Redacción. “Cuando en el diario se plantean las columnas web como espacio abierto, no hay indicación alguna para que uno pueda ejercer su pluma”, dijo el autor, por lo que decidió lanzarse “en las aguas de la primera persona”. Los escritos, según explicó, son totalmente ajenos a la información o a la cobertura y hablan sobre la ciudad, el amor, el país, la política, los bares, las calles, los libros y los amigos.


¿Misceláneas o Aguafertes arltianas?
“No me gusta el rótulo de Aguafuertes, – expresó Ocampo – aunque bien capturan el espíritu de las arltianas ya que circulan del mismo modo: en un diario y ahora en un libro”. Para la escritora, algunos de los relatos de Riestra rondan la crónica y otros mutan hasta convertirse en microficciones: “Sobre todo, se mueven en el borde, terreno peligroso, donde la crítica social se mezcla con la poesía y la política se cruza con el recuerdo personal”.

Según Scalona, Lunita rosarina es una línea de construcción lírica formada por textos breves  o misceláneas, con la capacidad de construir sintagmas con un enorme cuidado. “Eso hace que en una prosa como ésta se pueda saborear el impacto lírico y la conmoción, más allá de la revelación de una verdad o la denuncia de una justicia”, agregó.

“Por la libertad y por aquel amigo que ya no está”
Uno de los momentos más conmovedores de la noche ocurrió, casi al final del encuentro, cuando Riestra dedicó Lunita Rosarina a Omar, “un entrañable amigo y compañero de andanzas”, fallecido. “Negro, por la libertad”, dijo, después de llenar su vaso de una petaca  (que bien pudo estar cargada de gin o ginebra, aunque carezca de sentido saber de qué bebidas se trataba) y lograr que más de un presente se emocionara hasta las lágrimas. Seguidamente leyó el texto “Adiós al amigo”, transcripto al pie de esta nota.         

“Una ciudad entre los bulevares – dijo Ocampo – donde las donde las generaciones confluyen y reconocen como pequeña ciudad interior y en ella especiales lugares de encuentro”. El libro, sin dudas, encierra la magia de un modo de mirar, de un espacio común, de un sitio inefable en el que sólo los rosarinos reconocen el arraigo, tal vez el amor (por qué no el desamor) y todos los sitios transitados que quedaron atrás, ya sean edificios demolidos, bares que cerraron sus puertas o, simplemente, que fueron sepultados por el olvido.

Adiós al amigo, por Sebastián Riestra
Fue una época de alcoholes estridentes y andanzas sin límite. La ciudad empezaba donde nosotros queríamos y no se terminaba nunca. La noche, en cambio, y como la vida, tenía fin: inevitablemente llegaba, inoportuna pero bella, la mañana.
(Y nos encontraba en cualquier parte, riéndonos casi siempre. Irreverentes, salvajes y –ahora lo comprendo– hermosos en nuestra desafiante libertad, que se negaba a ser vencida por el mundo, por la razón y por los años).
Ahora, claro, es tarde. Como suele pasar, llegó primero la muerte y se quedó con todas las flores. Las flores se pudren y los recuerdos pasan. Pero hay un poco de tiempo, antes, para que intenten salvarlos las palabras.
Y eso es lo que busco hacer aquí, salvar a los recuerdos de la muerte que se llevó al amigo. El ya está muerto pero por favor que no le pase lo mismo a la memoria. El ya se fue, malamente y dolorido, pero no vamos a dejar que el dolor nos derrote y nos aplaste o nos convierta en polvo y en olvido.
La ciudad se abría generosa y nosotros la andábamos sin miedo. Éramos amigos como sólo a los veintipico se es amigo. No nos importaba casi nada, es decir, nos importaba lo importante. En esa lista no figuraban el dinero ni las mujeres: sí el amor, que no es lo mismo. Y los libros, los discos, los árboles, los ríos, las botellas, las ideas, las calles, los perros, los naipes, la dulzura.
Creíamos en los gestos y éramos capaces de tenerlos. Creíamos en la aventura y teníamos el coraje de buscarla. Creíamos en el mar y fuimos a verlo.
Lo que nos separó después no importa. Estaremos siempre juntos en alguna vereda. Nuestras sombras se quedaron por ahí abrazadas. En algún barrio caminamos zigzagueando un poco: ginebras que recorrimos de la mano.
No hace falta nada más que haber estado. Con eso alcanza. Lo hicimos una vez y nos florece. Se nos escapan los pétalos por la boca. Volamos tanto que nos confundimos con el cielo.
El Negro anda en los bares y en nosotros. Hasta que otra vez nos reunamos, lo seremos. Bandera que entregamos al viento.
Amigo.

Sebastián Riestra 
Datos del autor
Sebastián Riestra nació en Rosario (1963), publicó cuatro libros de poesía: El ácido en las manos (1991), El porvenir de los muertos (2002), Clitoriana (2003) y Romero (2004).Participó en diversas antologías poéticas, coordinó talleres y ciclos en Rosario, Buenos Aires, La Plata y la provincia de Santa Fe. Actualmente es subsecretario de Redacción diario La Capital de Rosario.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Horacio González: "las bibliotecas deben replantearse"

Graciana Petrone para
http://www.lacapital.com.ar/ed_senales/2010/11/edicion_106/contenidos/noticia_5031.html


Horacio González 
Hace más de seis años que dirige la Biblioteca Nacional, el lugar por donde pasaron las grandes definiciones culturales de las épocas a lo largo de la historia argentina, fundamentalmente durante el siglo XIX. Portador de un diálogo insoluble y filosófico, Horacio González enfrenta uno de los cambios más profundos y paradigmáticos de la actualidad: las formas de lectura y apropiaciones que genera el libro electrónico, entre aquel ideal romántico en donde todo tiempo pasado fue mejor y la necesidad de adaptarse a las nuevas tecnologías.
—Hay símbolos e historias detrás de los libros, pero en la actualidad pareciera que en los adolescentes el grado de pertenencia y apropiación de esas tradiciones se dibuja sobre una línea un tanto difusa. ¿Por qué?
—Es cierto que hay una discontinuidad en la cultura y eso da la oportunidad a las nuevas generaciones de retomar el hilo. En este momento están cambiando las modalidades de lectura y los focos de interés cultural, aunque es difícil imaginar una sociedad o un tiempo histórico sin las mismas tareas culturales que se reiteren, bajo distintos nombres, a lo largo de todos los tiempos. Lectura va a haber siempre y desinterés (o el juicio sobre el desinterés) también va a existir. Siempre habrá quien declare que la generación anterior o la que le sigue son desinteresadas.
—¿Los momentos históricos marcan los modos de apropiaciones culturales?
—No en vano hay un cierto privilegio por nuestro propio tiempo y por eso es común que digamos "mi tiempo". Siempre creemos que hay una edad dorada, aquel tiempo que se presentaría como adánico, primitivo; un tiempo del nacimiento de las cosas al que nosotros habríamos asistido y hubiéramos tenido ese privilegio. Cada generación hace un cómputo respecto a la desaparición de las cosas que nos hubieran interesado, pero hay que tener confianza en que cada vez alguien retomará el hilo. Introducirse a un tema es algo que no tiene una explicación fácil y todos parecemos susceptibles de ser declarados vagos, indiferentes, de estar al margen del conflicto o preocupados por nuestras propias cosas. Sin embargo, tarde o temprano, levantamos el hilo suelto que parecía extinguido.
—El libro electrónico es causa de continuos debates. ¿Cómo trabaja la Biblioteca Nacional los proyectos relacionados con esa cuestión?
—El libro electrónico convive con todas las formas de libro conocidas, pero nosotros tenemos la obligación de declarar como forma superior el libro de papel. El libro electrónico es una pequeña biblioteca ambulante que genera la posibilidad de que algunas librerías y bibliotecas puedan ser sometidas a un severo interrogante. Las mediaciones urbanas o la experiencia vital del libro podrían desaparecer y no me gustaría que eso ocurra, por lo tanto ahí hay una gran responsabilidad de las empresas que difunden el libro electrónico. Cuando se habla de soporte, la civilización no es una cadena de soportes que van desde el DVD al iPhone, sino que es un conjunto de soportes asimétricos y discontinuos. De modo que no puede ser igual el libro electrónico al de hace cinco o seis siglos. Soy favorable a los procesos de digitalización, pero no hay en Argentina una política general de digitalización como en Francia, que hace de eso una cuestión de Estado y de disputa del control de la cultura. Acá eso no existe. Hay tecnología pero faltan proyectos generales, que deberán discutir las instituciones junto a los encargados de definir las políticas públicas.
—¿Es probable, entonces, que las generaciones nacidas en la era digital encuentren su significación en el libro electrónico?
—Es probable, pero no he visto personas por la calle hoy con el libro electrónico. Hay un locus, un lugar de la lectura del mundo que puede ser una biblioteca o un ómnibus; el libro electrónico lo sustituye pero no arraiga la experiencia primigenia del lector urbano. Uno imagina que avances técnicos pueden llegar a reproducir con cierta fidelidad, aunque no sea lo mismo, los efectos de la lectura del libro tal como se la conoce hasta ahora. Por un lado es innovador y por otro, hace como que la cultura vuelva a épocas muy pasadas en donde sólo existía la relación forma-contenido. La reproducción técnica es maravillosa al nivel del descubrimiento de nuevos aparatos, pero al mismo tiempo retrocedería a una forma primitiva de la relación forma-contenido.
—¿Cómo vive la Biblioteca Nacional su bicentenario?
—Tiene un paralelismo casi riguroso con los períodos históricos y sociales de la Argentina, desde Mariano Moreno hasta hoy. A pesar de que en su momento hubo directores que estuvieron más de cuatro décadas, hoy la biblioteca no está por encima de los momentos culturales. Eso siempre está sometido a discusión, si la Biblioteca es parte del Estado pero se expresa en un plano más inmune que el Estado a las vicisitudes políticas o si vive la vida política del Estado. Es un dilema interesante.
—¿Esos dilemas se han replanteado luego de la dictadura?
—La Biblioteca vive la vida de los ciclos políticos de la Argentina, lo que presupone un cambio de estatus. Antes los medios de comunicación dialogaban con el Estado de otra manera, eran parte del Estado y al mismo tiempo se situaban con un cierto privilegio de la palabra cultural. Hoy quienes pueden reclamar a los Estados son los medios de comunicación y tal como aparecen hoy en el mundo contemporáneo, las bibliotecas deben replantearse su situación, ya que hoy no son el centro por donde pasan las definiciones culturales de la época. Lo eran hasta la época de Paul Groussac y también en ciertos momentos donde estuvo Borges, simplemente porque estaba Borges. Hoy las bibliotecas quieren salvarse desde lo social o comunitario adquiriendo rápidamente las tecnologías, lo que en cierto punto es necesario, pero también deberían recuperar su autonomía cultural.
Instantánea
Horacio González (Buenos Aires, 1944) se doctoró en Ciencias Sociales en la Universidad de San Pablo en 1992. Además de director de la Biblioteca Nacional, es profesor en la Universidad de Buenos Aires, la Universidad Nacional de Rosario y en la Facultad LIbre. Es editor de la revista "El ojo mocho" y entre sus libros se encuentran El filósofo cesante, Arlt: política y locura, El arte de viajar en taxi y Aguafuertes pasajeras. González participará en un encuentro donde se discutirá en torno a la conservación de obra plana, que se desarrollará el 17 y 18 de este mes, en el Centro Cultural Parque de España.

lunes, 25 de octubre de 2010

“La mano izquierda de Dios”, el cuarto tomo del trabajo de Horacio Verbitsky sobre la Historia política de la Iglesia Católica.

Cuando hace quince años Horacio Vertbitsky escuchó, de boca del ex Capitán de Corbeta Adolfo Scilingo, que los capellanes del ejército fueron una pieza fundamental en un tenebroso plan que consistió en arrojar a civiles desde los aviones, ya que “confortaban a los oficiales que volvían de esas misiones siniestras”, nunca pensó que aquella conversación sería el disparador de un extenso trabajo de investigación. La mano izquierda de Dios (Editorial Sudmericana), presentado recientemente, corresponde al cuarto título de “Historia política de la Iglesia Católica”, el pormenorizado estudio llevado a cabo por el periodista, que revela la participación  activa del clero argentino en la vida del país.

“Él se lo buscó”
La mano izquierda de Dios abarca el período que va desde el 24 de marzo de 1976 hasta el 10 de diciembre de 1983 y revela, con detalles precisos, citas, fechas y testimonios directos hasta qué punto la Iglesia se adhirió, justificó y solapó al aparato represor de la dictadura: nada menos que a las muertes, las torturas, los secuestros y las desapariciones llevadas a cabo por el Gobierno militar.

En sus primeras páginas el libro muestra la verdadera historia del asesinato de Luis Bonamín, un militante de la Juventud Peronista Universitaria y sobrino nieto del presbítero castrense Victorio Bonamín, quien no hizo absolutamente nada para prevenir su secuestro y posterior ejecución. Según cuenta Verbitsky, cuando los padres del muchacho pidieron ayuda al sacerdote para encontrar a su hijo, la respuesta fue: 'Él se lo buscó'. 

También describe cómo la Iglesia colaboró con la entrega de ciudadanos a las fuerzas militares. “La policía de Córdoba – escribe Verbitsky – pidió que los colegios parroquiales y religiosos entregaran la lista de domicilios  de sus profesores y alumnos y el Seminario Menor de Jesús María la de su personal docente y administrativo”. La información entregada por el clero “permitió el secuestro y la desaparición de al menos dos alumnos  de colegios religiosos”. 
  
Casi como la Santa Inquisición
La Iglesia celebró abiertamente la llegada de Jorge Rafael Videla a la presidencia, ya que sostenía que, con la ayuda del Gobierno militar, el país iba a librarse de la “subversión y la deshonestidad”. Tal como consta en las páginas del libro el arzobispo de Avellaneda, Antonio Quarracino, vio “un renacimiento de la esperanza”, en tanto el de Rosario, Guillermo Bolatti, dio por superado “el peligro de una ruptura de la unidad de la patria”. Verbitsky explica que en aquel momento “subversión era un término indefinido que comprendía a guerrilleros, opositores políticos, gremialistas, personas con ideas liberales, socialcristianas o preocupadas por cuestiones sociales”, lo que convertía en posibles blancos a miles civiles.

Basados en los tratados filosóficos de San Agustín y Santo Tomás, que “si el orden, querido y establecido por Dios es amenazado o agredido, es necesaria la violencia para reestablecerlo”, muchos altos sacerdotes del clero argentino apoyaban las torturas y los secuestros ya que consideraban que “buena es la violencia que se ejerce en defensa de la verdad, el bien y el orden, frente al error, el mal y el desorden”. Por entonces el vicario de las Fuerzas Armadas, Adolfo Tórtolo, criticó duramente a los curas que protestaban contra las estructuras de la iglesia y llamó “insensata” a la frase: “No se puede predicar a estómagos vacíos”.

La mano izquierda de Dios relata, con datos precisos, de qué manera la Iglesia consintió las atrocidades llevadas a cabo por el Gobierno militar durante los años que duró la dictadura, como así también la fractura interna sufrida, que provocó la dimisión de sacerdotes y en algunos casos, su tortura y muerte. Luego de sus tristes intervenciones en la política del país, la credibilidad y la confianza en el clero, por parte de los ciudadanos argentinos, ha disminuido notoriamente. “Abandonar los combates por el control del Estado es, antes que una alternativa, el único camino que la Iglesia Católica tiene para frenar su lento pero constante descenso hacia la irrelevancia”, concluye el periodista.


Historia política de la Iglesia católica

A partir del momento en que Scilingo le contó a Verbitsky que la alta jerarquía de la Iglesia aprobaba los “vuelos de muerte” y llevaban paz a los oficiales encargados de arrojar los cuerpo al mar, el periodista publicó cuatros tomos de la “Historia política dela Iglesia Católica”. Los libros fueron “Cristo vence”, la Iglesia en la Argentina: un siglo de historia política (1884-1983); “La Violencia Evangélica”, de Lonardi al Cordobazo; Vigilia de armas, del Cordobazo de 1969 al 23 de marzo de 1976 y La mano izquierda de Dios, la última dictadura (1976- 1983). 




martes, 19 de octubre de 2010

Encuentro Homenaje al escritor Haroldo Conti



La Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), junto a la Sede de Gobierno de la UNR, la Subsecretaría de Derechos Humanos de la UNR y el cine el Cairo, invita a participar en el encuentro Homenaje a Haroldo Conti que se llevará a cabo entre los días 19 y 24 de octubre. Las actividades principales serán ciclos de cine, muestras gráficas,  mesas y debates que girarán en torno a la vida y obra del escritor, crítico y guionista de cine, desaparecido durante la última dictadura militar. “La idea surgió con el propósito de recuperar la tradición literaria de Haroldo Conti, que lamentablemente ha quedado fuera del canon argentino”, expresó Alejandro Vila, integrante de la parte organizativa de las jornadas.


“También teníamos la idea de hacer un encuentro que no se agotara en la obra literaria, sino que diera cuenta de su vida y sus pasiones y el cine era una de ellas”, dijo. Es por ello que está prevista una serie de proyecciones, a partir del 21 de octubre en el cine El Cairo, con películas basadas en sus obras. Tal es el caso de “Sudeste”, su primera novela, llevada a la pantalla grande por Sergio Renán en 1977. También se exhibirá el documental "El Retrato Postergado", de  Andrés Cuervo, " Homo Viator", de Miguel Mato y " Crecer de Golpe".    


El acto inaugural está previsto para hoy a las 18 en la Sede de Gobierno UNR, Maipú 1065 y contará con la participación de Marcelo Conti, hijo del escritor y curador de la muestra fotográfica itinerante “Como un león”, del Museo de Arte y Memoria de La Plata, que se exhibirá durante 15 días en el salón principal de la Sede de Gobierno UNR. A las 19, Magdalena Aliau, profesora de la Escuela de Letras (UNR) hará un comentario crítico sobre el cuento “Como un león” y a las 20 tendrá lugar la Mesa de diálogo "La vida, la política y la literatura de Haroldo Conti", a cargo de Nestor Restivo, Mario Goloboff y Marcelo Conti, con la coordinación de Mirtha Taborda.


La convocatoria es gratuita y abierta a la comunidad. Quienes deseen  obtener el certificado de asistencia del Encuentro, deberán inscribirse previamente en la Secretaría Estudiantil de la Facultad de Humanidades y Artes (UNR), entre Ríos 758. No obstante, la entrada al cine costará 6 pesos y 3 para los estudiantes de la UNR.


Programa del Encuentro Homenaje a Haroldo Conti
19 de octubre
(Sede de Gobierno UNR, Maipú 1065)
18.00 hs: Apertura del Encuentro. Acto Homenaje a Haroldo Conti. Con la participación de Marcelo Conti.
Inauguración de la muestra itinerante "Como un león" del Museo de Arte y Memoria de La Plata.
19:00 hs: Comentario crítico sobre el cuento "Cómo un león" a cargo de la  la Prof. Magdalena Aliau (U.N.R Carrera de Letras)
20:00 hs: Mesa de diálogo: "La vida, la política y la literatura de Haroldo Conti"  Nestor Restivo, Mario Goloboff y Marcelo Conti. Coordina: Mirtha Taborda
 20 de octubre
(Salón de Actos, Facultad de Humanidades y Artes, Entre Ríos 758)
18.00 hs: “Los escritores hablan de Haroldo”
 Carlos María Domínguez, Mario Goloboff y Marcelo Britos
21 de octubre
(Salón de Actos, Facultad de Humanidades y Artes, Entre Ríos 758)
18.00 hs. “El cine y Haroldo Conti”
Emilio Bellón, Andrés Cuervo y Sergio Bellotti
22 de octubre
(Salón de Actos, Facultad de Humanidades y Artes, Entre Ríos 758)
18:00 hs. “Haroldo Conti y su generación en el canon literario argentino”
Eduardo Romano, Iciar Recalde y Graciela Aletta de Sylvas
Ciclo de Cine  El Cairo, Santa Fe 1120.
21 de octubre - 20:30 hs. "El Retrato Postergado".  Dirección: Andrés Cuervo
22 de octubre - 20:30 hs. "Sudeste". Dirección: Sergio Bellotti
23 de octubre - 20:30 hs. " Homo Viator". Dirección: Miguel Mato
24 de octubre - 20:30 hs. " Crecer de Golpe". Dirección: Sergio Renán.
(fuente: entrevista de Andrea Ocampo con Marcelo Britos y Alejandro Vila para el programa Obra en deconstrucción, FM RAdio Universidad Rosario) 

martes, 28 de septiembre de 2010

Tercer Congreso Argentino de Cultura 2010, realizado en la ciudad de San Juan

Graciana Petrone para
http://www.lacapital.com.ar/ed_senales/2010/9/edicion_100/contenidos/noticia_5151.html
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Cuando la cultura gana las calles

La gente colma las calles de la ciudad de San Juan
Los habitantes de San Juan desconocen el ritmo vertiginoso de las grandes concentraciones urbanas. Las calles dibujan líneas rectas, diagonales y rotondas que bordean los parques y las plazas. Los edificios públicos, de joven arquitectura, irrumpen en la escena cotidiana con aires renacentistas. Una idiosincrasia singular, mestizada de austeridad, soberbia, césped y cemento que rinde un verdadero culto al resurgimiento como consecuencia, tal vez, de sufrir en el pasado la catástrofe ambiental más sangrienta de la historia argentina.
Además del recuerdo y el dolor instalados en la memoria colectiva por aquel terremoto que el 15 de enero de 1944 cobró casi 10 mil vidas y destruyó gran parte de sus construcciones, los lugareños aún mantienen intactas muchas de sus costumbres provincianas.
En la ciudad de San Juan el horario de la siesta es respetado con la misma rectitud con que un musulmán reza sus oraciones. Pasado el mediodía, cuando el aire caliente y seco del zonda potencia los rayos del sol, las persianas de las casas y los comercios permanecen cerradas hasta que el calor cede y vuelve el momento de retomar la marcha de las actividades habituales. Pero entre el 15 y el 19 de septiembre pasado su tranquilidad fue interrumpida al convertirse en la sede del Tercer Congreso Argentino de Cultura.
Más de seis mil personas de todos los puntos del país participaron del evento y transformaron las calles cuyanas en laberintos a cielo abierto, en donde el debate y las inquietudes pugnaron por encontrar salidas favorables. Bajo el lema “Por una cultura federal en el camino hacia la integración latinoamericana”, intelectuales, jóvenes, representantes de organizaciones de pueblos originarios, artistas y ciudadanos analizaron ponencias y discursos desarrollados en función de las demandas de una sociedad en permanente cambio basada en la diversidad, la pluralidad del lenguaje, las nuevas tecnologías, el respeto y la equidad. Otra premisa del encuentro fue la “vinculación de conceptos históricamente disociados entre sí, como lo son civilización-barbarie o progreso-atraso”.
Los foros de reflexión, las conferencias magistrales, los talleres de participación colectiva para niños y adultos y las ponencias cobraron un papel estelar. En las plazas y calles sanjuaninas diversas muestras interdisciplinarias abordaron el arte, la historia, los derechos humanos y el humor gráfico, entre otros temas. Así, “Crónica de la Nación Latinoamericana” reseñó los procesos que funcionaron a favor de la emancipación del continente; “200 años de historia”, con curaduría de Felipe Pigna, ofreció material documental desde 1810 hasta el presente y “Camino al Bicentenario... ellos quieren contarnos” fue una impactante puesta que incluyó 50 pancartas armadas por las Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora con cartas, fotos y recuerdos que dieron cuenta de aspectos de la vida de los detenidos y desaparecidos durante la última dictadura militar. También hubo sesiones maratónicas con numerosas actividades recreativas: espectáculos circenses, teatro callejero, bibliotecas móviles y espectáculos musicales, todos los días y de forma ininterrumpida desde las 9 hasta las 2 de la madrugada.
“Una de las cosas más bellas que se vieron fue que el Congreso ganó las calles”, dijo el secretario de Cultura de la Nación, Jorge Coscia. Efectivamente el debate cobró más fuerza en las mesas de café, las plazas, las aceras y las ferias. Las voces de los ciudadanos comunes parecieron más interesadas por participar en discusiones cotidianas sobre la integración, la posibilidad de generar nuevos espacios de producción o fomentar el respeto a la diversidad regional, antes que en los informes oficiales que anoticiaban que la industria cultural alcanzó, durante 2009, un incremento del 7,9 por ciento, cifrá que se tradujo en una participación de 3,5 en el Producto Bruto Interno (PBI).
A pura feria
Otro de los ejes del Congreso fue fortalecer el federalismo y fomentar la integración en la diversidad de la “Patria Grande”. La feria federal, denominada Feria del Encuentro y realizada en el gigantesco predio de la ciudad, operó como punto de unión para estrechar lazos entre las provincias argentinas. En cada uno de los stands, las regiones mostraron sus artesanías, maquetas y folletos turísticos representativos. El espacio perteneciente a la provincia de Santa Fe exhibió títulos de los autores más emblemáticos de la literatura local y en donde la Poesía Completa de Aldo Oliva ocupó, en tierras sanjuaninas, un merecido lugar de privilegio.
Dentro del predio funcionaron también la Feria de la Cultura Popular y el Libro, donde hubo conferencias y presentaciones editoriales y cinematográficas; el stand del Centro Federal de Inversiones (CFI), que exhibió un imponente mural con la reproducción de las obras plásticas ganadoras del premio federal, y la Carpa de Cultura y Vino, con las infaltables degustaciones y 24 puestos gastronómicos en los que cada provincia ofreció sus sabores tradicionales. En el sector de la Secretaría de Cultura de la Nación, una pantalla gigante ofreció durante los cinco días que duró el congreso numerosas producciones audiovisuales. El recorrido completo por las instalaciones dejaba en los visitantes la sensación de realizar varios viajes fugaces (y en una misma noche) hacia todos los puntos del país.
Recuerdos de provincia
Pirámide truncada, insignia de la Independencia en 1816  
Muchos de los temas que Sarmiento desarrolló en sus escritos sobre civilización y barbarie, crispaciones políticas, educación o pedagogía fueron también abordados en el Congreso. Pero más significativo aún fue que a espaldas de donde hoy renace la réplica de aquella pirámide blanca con punta truncada, se levanta el opulento edificio del Centro Cívico de la ciudad de San Juan. El sitio no es otro más que el mismísimo solar que él describió, en Recuerdos de Provincia, como un paraje desolador al que iban de vez en cuando las vacas a guarecerse del sol bajo las sombras de los álamos. Pasados casi dos siglos, su tierra convocó a intelectuales, funcionarios de Estado y ciudadanos para discutir el desarrollo, la integración, las políticas culturales y los cambios de paradigmas.
“Uno de los planteos que genera más dicotomías es definir a las políticas culturales —aseguró el artista plástico Daniel Santoro—- No tengo en claro qué es una política cultural, como tampoco tengo en claro, definitivamente, lo que es cultura. Siempre es un tema de arduo debate. Generalmente se usa como una anatema para desprestigiar a una gestión cultural. Lo que se dice es que un gobierno «carece de una política cultural» y, lamentablemente, es muy difícil remontar esa imputación porque es muy difícil definir una política cultural y es ahí que hay una paradoja insoluble”. Para Coscia “los cambios de paradigmas van de la mano con el modelo que el gobierno plantea como país”, aunque desde cualquier gestión el intento no resulte sencillo. “Como funcionario yo expreso esta dualidad resistencia-gobierno —dijo—. Soy secretario de Cultura pero todos los días me levanto con una actitud de resistir a las fuerzas que siempre se oponen a cambiar las estructuras clásicas”.
Poco antes de las 12 del domingo 19 de septiembre en el Auditorio Juan Victoria, Coscia cerró formalmente el Congreso y expuso las conclusiones que, garantizadas por las autoridades de las áreas de Cultura de todas las provincias, se elevarán a la Cámara de Diputados de la Nación para que el Legislativo formalice la constitución del Consejo Federal de Cultura, junto a la ratificación de los “Diez Puntos Estratégicos” del proyecto de la Ley Federal de Cultura. Los días de exhaustivos debates terminaron; bajo el calor del sol sanjuanino el público emprendió el regreso a sus hogares con la esperanza de que se concrete la tarea más compleja: traducir las teorías en hechos reales.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Nuestro Vinicius, el libro de la escritora y periodista Liana Wenner sobre una de las leyendas de la Bossa Nova

Graciana Petrone para
http://www.lacapital.com.ar/ed_senales/2010/9/edicion_99/contenidos/noticia_5080.html


De más y en generosas proporciones la pasión fluye de la sangre de un bahiano, del paso electrizante de las comparsas de Río y del temblor de las batucadas, muchas veces improvisadas en las puertas de los morros. Esa forma, que desconoce términos medios, propició en Brasil explosiones de amor, sexo, música, poesía e incluso violencia. Así, entre sus historias de arraigo y saudade, a mediados del siglo pasado y en la antesala de los años de plomo, surgió la bossa nova, ese mestizaje de jazz con ritmos de samba que tuvo, entre sus voces más referenciales, al mítico y revolucionario Vinicius de Moraes (1913-1980).

Poeta, crítico de cine y diplomático devenido en cantautor, fue parte de un movimiento que no sólo transformó los campos de la literatura y la música en su tierra sino también las formas de consumo estético en otros lugares de Latinoamérica. Uruguay y Argentina fueron los países que acogieron a la bossa nova con más fuerza y permitieron que la seducción de sus canciones, despojadas de toda carga política, anclara en el Buenos Aires nocturno de 1968, sin encontrar el menor atisbo de resistencia. Por el contrario, en un contexto social sumamente convulsionado el fenómeno Vinicius con su particular forma de cantarle a la vida, al erotismo, a las mujeres y a la amistad (como quien susurra versos de amor), fue un éxito imparable. Nuestro Vinicius, de la escritora y periodista Liana Wenner, relata en forma pormenorizada ese hechizo que comenzó cuando Ediciones de la Flor publicó su libro de poemas Para vivir un gran amor.

"La primera edición de Para vivir... salió en agosto de 1968, coincidiendo con el show que Vinicius y Doryval Caymmi dieron en el teatro Ópera —apunta Wenner—. En sólo dos años De la Flor vendió quince ediciones de ese título, que además exportó a Montevideo y Santiago de Chile". Vinicius publicó otras cuatro obras con el mismo sello: Para una muchacha con una flor, Antología poética, Orfeo de la Concepción y El arca de Noé. "Los libros que editaba De la Flor eran un suceso y el Poetinha armaba un verdadero revuelo cuando firmaba ejemplares y, mucho más adelante, esto se produjo a mayor escala en la primera Feria del Libro".

Diplomacia y alcohol
La década del 60 entraba en su último cuarto de siglo. La otrora prosperidad del gobierno de Juscelino Kubitschek, en la que Brasil brilló en el teatro, la poesía, las artes plásticas y hasta en el fútbol (con su primer campeonato mundial), era cosa del pasado. Veinte años más tarde, la dictadura del mariscal Costa e Silva anunciaba medidas extremas y persecutorias contra miles de ciudadanos. De Moraes supo de la noticia a través de la prensa en un hotel de Lisboa. "Esa noche tenían función —reseña Wenner—. Antes de terminar, Vinicius se pronunció contra ese golpe dentro del golpe y recitó el poema «Mi patria» mientras Baden Powell comenzaba a puntear los acordes del himno nacional brasilero". La democracia era historia, pero también su carrera diplomática.

Sus costumbres noctámbulas y la adicción al alcohol lo alejaron de sus funciones. Las recorridas por los bares de Copacabana y las fiestas con bebidas y mujeres hasta el amanecer eran incompatibles con el trabajo del Ministerio. "Era común que sin haber dormido —cuenta Wenner— tuviese que ir al puerto de Montevideo a recibir algún barco que llegaba de Brasil". Su amigo Daniel Terra recuerda en el libro que a veces, cuando el buque llegaba, él subía a la planchada con "una botella de whisky encima". Tampoco congeniaba con la paternidad; aunque tuvo cinco hijos fue un padre ausente. Se casó en ocho oportunidades y no faltaron los conflictos de divorcio, especialmente con la bahiana Gesse Gessy. El último matrimonio, "hecho de despedidas y desencuentros", lo contrajo con la argentina Marta Rodríguez Santamaría, treinta y cinco años menor que él.

Un disco alquímico
"Felicidad", "Irene", "Lamento de la colina" y la emblemática "Chica de Ipanema" son algunos de los temas del long play La Fusa, grabado junto a Toquinho y María Creuza. Fue un "disco alquímico" que funcionó como "piedra de encantamiento" y, en definitiva, lo que llevó a Liana Wenner a escribir Nuestro Vinicius: "Una endovenosa de alegría, belleza, erotismo y vitalidad en un momento en que la realidad circundante era la devastación y el encierro de donde emanaba una fuerte sensación de claustrofobia".

Al poco tiempo de su primer recital en Buenos Aires, Vinicius era una "leyenda viviente". Extremadamente carismático entabló amistad con intelectuales, burgueses, artistas o bohemios: Daniel Divinsky, María Rosa Oliver, Pirí Lugones, el Bambino Veira, Mario Trejo, Egle Martin y Libertad Leblanc, sólo por mencionar algunos. Amante del tango, conoció a Astor Piazzola y a Horacio Ferrer, quien cuenta en el libro que juntos pensaron escribir a cuatro manos un musical que se llamaría "Los exiliados de la Cruz del sur".

Nuestro Vinicius reconstruye el vínculo que aquel foráneo, con un idioma diferente y costumbres exóticas, estableció con la juventud de la época y funcionó, en medio del caos, como un elemento purificador. Para su editor, Pablo Avelluto, habla de un "universo cultural porteño que ya no existe más", de una recuperación de "La Fusa como punto de encuentro de diferentes tradiciones", la gente del Mau Mau, los tilingos o "Carlos Perciavalle inventando el café concert".

Con emotividad, Liana Wenner detalla la llegada de sus poemas al país, sus días en Brasil, sus mujeres, los espacios nocturnos en los que impuso nuevas formas de escuchar música e incluso, cuando componía sus versos desnudo en la bañera, el mismo lugar donde encontró la muerte en la madrugada del 9 de julio de 1980.

Datos de la autora
Liana Wenner nació en Buenos Aires en 1968. Es periodista cultural y de espectáculos, y se desempeña como emprendedora cultural. "Me sentía en deuda con Vinicius por haberme dado instantes de indestructible felicidad cuando escuchaba el long play La Fusa en mi tocadiscos de plástico color anaranjado. Ese tocadiscos estaba en mi cuarto, y allá afuera la belleza y el amor habían desaparecido. Eran los finales de una década que empezó muy bien y terminó muy pero muy mal: los setenta", dice en el prólogo de Nuestro Vinicius.


miércoles, 25 de agosto de 2010

Marcelo Scalona: presentación del libro EL PORTADOR

El Portador, la flamante novela de Marcelo Scalona, entrega un relato vehemente, alejado de todo objetivismo crítico

GRACIANA PETRONE, para
http://www.elfisgondigital.com/fsgw/arte/nota60130

Roberto Retamoso, Alma Maritano y Marcelo Scalona
26/08/2010 - “Yo estoy en la otra vereda del objetivismo literario, no me interesa la gente que escribe lejos de escribir, que no pone nada propio, que no se sabe qué piensa, que no sufre, que no coge, que no transpira...”, dijo el escritor Marcelo Scalona, durante la presentación de su flamante novela El portador. La obra es el segundo título de la colección Ciudad y orilla, de la Editorial Homo Sapiens, dirigida por el propio autor y destinada a difundir las producciones locales. El encuentro, que convocó a un numeroso público, contó con la opinión de dos expertos en materia narrativa: Roberto Retamoso y Alma Maritano.

Si futurismo, mezcla de géneros, relato negro, realismo o surrealismo es lo que contiene El portador, fue lo que debatieron durante casi dos horas los presentadores en una charla que, puntualmente, giró en torno de las interpelaciones de Maritano a Retamoso a partir del “mundo delictual” recreado por Scalona. “En un primer momento –indicó Retamoso- el relato concuerda con las novelas de Chandler o de Hammet, donde lo delictivo no es más que la manifestación de la esencia social, caracterizada por la inmoralidad, la corrupción y la injusticia social del sistema capitalista”.

Según el crítico, en un primer momento la lectura puede llevar a suponer que se está frente a un relato policial pero de pronto el texto excede y desborda las formas canónicas del policial negro: “Cobra tintes de fantástico, de relato futurista, de profecía, de ficción poética. De este modo, se pone en cuestión el realismo propio de todo policial, particularmente el negro”.

VIAJE LITERARIO Y SOCIAL
Para Maritano y Retamoso la imagen del narrador de El portador es un “alter ego del autor” y sus personajes tienen características “onettianas”, comentario al que Scalona agregó “algunas similitudes” con el personaje de la novela Prisión perpetua, de Ricardo Piglia o con Gil Wolf, creación de Rodolfo Fogwill. “Wolf, era un alter ego de Fogwill”, dijo, en referencia al pseudónimo que utilizaba el recientemente desaparecido escritor para firmar algunos de sus artículos realizados durante la última dictadura militar.

Aunque los expertos literarios que presentaron El portador concluyeron que el relato es “una mezcla de géneros”, Lilian Neuman, columnista de la revista española La Vanguardia, asegura en la contratapa del libro que es “una novela negra, dura, inmisericorde. Un viaje literario y social en una ciudad que todo lo admite (…) el robo, los negociados entre comisarios corruptos y funcionarios de alto rango, la magia de una melodía perdida y la conspiración temeraria”.

HOMO SAPIENS VA POR MÁS
Uno de los aspectos más relevantes a destacar es la calidad de la edición: una obra de casi 400 páginas, cosida (hecho que sólo se ve en las grandes editoriales porteñas) con un diseño de tapa, realizado por Emiliano y Edgardo Juárez, que logra un fuerte impacto visual, augurando así la intensidad del contenido.

El primer título de la colección Ciudad y orilla fue el libro de cuentos Estuve, de Miguel Sedoff. Las próximas publicaciones que entregará la Editorial Homo Sapiens serán de Sebastián Riestra, Patricia Suárez, Beatriz Vignoli y Daniel Briguet. Sin dudas una gran apuesta en pos de la difusión de la narrativa local.


domingo, 22 de agosto de 2010

Colección Negro Absoluto: sus último títulos, Sacrificio, de Leonardo Oyola y Sangre Kosher, de María Inés Krimer

Graciana Petrone para
http://www.lacapital.com.ar/ed_senales/2010/8/edicion_95/contenidos/noticia_5050.html

Como una verdadera explosión narrativa la novela negra fue, en sus orígenes, un discurso crítico para el escenario estadounidense decadente y corrupto de 1930. Cuatro décadas más tarde en Argentina autores como Juan Carlos Martelli o Rodolfo Walsh también dispararon su disconformidad hacia un contexto altamente politizado. El relato del crimen entonces, con secuencias verosímiles, escenarios familiares y personajes oscuros que operan fuera de la ley, emerge como una de las estructuras más sólidas para cuestionar o simplemente desnudar los errores de un sistema.

No es casual que las historias sobre mafias y delincuencia regeneren el interés de los lectores y sobrevivan a otros géneros. La Colección Negro absoluto, dirigida por Juan Sasturain, irrumpe así en pleno siglo XXI como un conjunto de voces que denuncian asesinatos y submundos. Sus últimos títulos, Sangre Kosher, de María Inés Krimer y Sacrificio, de Leonardo Oyola, ofrecen sus intrigas en pequeñas cuotas con mensajes finales no menos que apocalípticos.

Sacrificio, esoterismo orillero
Si una de las pautas del género es apelar a la inteligencia del lector, Sacrificio perturba hasta las mentes más brillantes. Cuenta la historia de Fátima Sánchez o Víbora Blanca, una niña de condición humilde perseguida por las tragedias, que con el paso de los años desarrolló particulares poderes: tiene la capacidad de predecir el futuro, advertir la cercanía del peligro y comunicarse con las almas de los muertos a través de las aves.

Ya convertida en toda una mujer espera un hijo de Charly (un paria al que mataron durante un enfrentamiento entre bandas del Gran Buenos Aires) y deberá huir de su rival, Marabunta, otra bruja conocida de las villas porteñas, quien juró robarle a su bebé. Un ex suboficial de policía y un joven amigo de la infancia la protegerán, balas y sangre de por medio, en su escape frenético.

Los episodios de Sacrificio suceden entre tiroteos y persecuciones donde Fátima y Marabunta se enfrentan en una lucha para medir sus poderes terrenales y parapsíquicos. A veces cuerpo a cuerpo y otras, a la distancia. "La suma de peripecias oscuras y golpes de efecto visual propios de un cine clase B —explica Sasturain en el prólogo— con muertos vivos y tenebroso humor negro, fuertes dosis de esoterismo orillero y mitología popular, podría llegar a ser trivial en otras manos y en otras palabras".

Oyola es osado, no da tregua ni regala espacios en blanco. Mezcla fetichismo, elementos de la naturaleza, salvajismo humano y creencias urbanas para representar escenas fantasmales y generar sensaciones angustiantes dignas del género de terror. Entrega un relato ambicioso, por momentos escrito con furia, de escenarios comunes y con personajes sórdidos y reales.

Sangre Kosher, al frío y al calor del relato criminal 
Si las variaciones de temperatura son algunas de las pistas para establecer los contrastes entre el policial negro y el clásico, la novela de Krimer reúne características de ambos. La clave de la fusión permanente del frío y del calor habita en la piel de su protagonista, Ruth Epelbaum, una mujer solitaria, cercana a los 50 y obsesionada por la trata de blancas, lo que le hizo perder su trabajo en el archivo de la Sociedad Israelita de Entre Ríos.

Epelbaum viaja a Buenos Aires y se instala en un departamento en Villa Crespo. En la gran ciudad, fiel a las características del género negro, Ruth se vuelve detective sin proponérselo cuando Chiquito Gold, a sabiendas del motivo de la renuncia a su empleo en Entre Ríos, le encarga ir en busca del paradero de su hija Débora, quien desapareció sin dejar rastros. En su ruta por develar si la joven fue reclutada por una red de proxenetas o si escapó por propia decisión, atravesará por una seguidilla de acontecimientos oscuros en los que arriesgará su propia vida.

Los desafíos de Ruth generan una angustia extrema a medida que avanza en su cometido pero ella seguirá las pistas con una frialdad e inteligencia formidables. Para llegar a Débora penetrará en el mundo de la noche, aparecerán cadáveres a su paso y entablará relaciones obligadas con hombres que, escondidos detrás de una sonrisa amigable, tal vez la conduzcan hacia los verdaderos culpables: un personal trainer, el empleado de la joyería del padre de la joven desaparecida, un ex funcionario y hasta un juez.

Según Sasturain, Ruth es mucho más que un detective, es un personaje pleno que tiene una vida propia: "Nunca deja de ser una mina, nunca deja de estar en la Argentina de hoy, de vivir en Villa Crespo, de hacer bizcochuelos o traspirar tras el pelado juez Fontana en el gimnasio; es judía todo el tiempo y tiene los años, el cuerpo y las ganas, las amigas y los puntos que tuvo o se recruzan cada tanto".

Desde la tibieza inteligente de Krimer hasta la hoguera estremecedora de Oyola, las dos novelas trabajan el suspenso con un permanente estado de tensión. Encontrar al culpable será trabajo del lector, en complicidad absoluta con sus protagonistas: profesionales para quienes llegar a la verdad es cuestión de vida o muerte, de riesgo o audacia, investigadores que comenzarán una persecución obstinada sobre las pistas de los asesinos, lo que provocará más y más muertes. Lejos están aquellos detectives del policial clásico para los que resolver el enigma era casi un juego o una deducción lógica sobre piezas desarticuladas.

martes, 27 de julio de 2010

EL ANGEL NEGRO, del periodista y escritor Rodolfo Palacios

raciana Petrone para
http://www.lacapital.com.ar/ed_senales/2010/7/edicion_91/contenidos/noticia_5058.html


Es la tarde del 19 de enero de 1952. El calor del verano sofoca las calles del barrio de Vicente López. En una casa del conurbano bonaerense Víctor Elías, un empleado respetado de la empresa General Motors, anota junto a las efemérides del día uno de los momentos más sublimes de su vida: “Nació mi hijo Carlos Eduardo. Es hermoso. Todos dicen que se parece a su madre”. Pero lo que ignora es que junto a su mujer Aída, acaban de traer al mundo a quien casi dos décadas más tarde se convertiría en el asesino múltiple más grande de la historia criminal del país. El periodista Rodolfo Palacios reconstruye en El Ángel Negro la vida de Carlos Eduardo Robledo Puch o El Monstruo, Gato Rojo, Hiena, Diablo con Cara de Niño (entre tantos nombres con que la prensa de la época lo llamó), quien mató a sangre fría y por la espalda a once personas entre el 15 de marzo de 1971 y el 3 de febrero de 1972.

Aquel joven de 19 años, de rostro pálido, ojos celestes y rizos dorados sobre la frente que la Justicia halló culpable de cometer más de una decena de asesinatos atroces durante una desenfrenada carrera delictiva. Dos mujeres, siete custodios de los comercios que asaltó y dos de sus cómplices y únicos amigos, Quique Ibáñez y Víctor Somoza, fueron sus víctimas. Al último, luego de acribillarlo, le desfiguró el rostro y las huellas dactilares con un soplete para que la policía no lo identificara.


Las claves
El Ángel Negro no es una biografía novelada. Desde lo técnico, es una crónica brillante que intercala diálogos intimistas y relatos. Una no ficción que profundiza sobre Robledo y ensambla los engranajes de la máquina del terror, aún antes de que se activen sus primeros movimientos diabólicos.

El libro reúne datos personales y perfiles de sus padres y abuelos, fallos judiciales, peritajes médicos, recorridos por sus antiguos hogares, hechos concretos contados por amigos de la infancia y por familiares de las víctimas, entre muchos otros elementos. Pero el eje que lo vuelve fascinante lo conforman los interminables y agotadores encuentros del periodista con el asesino en el Penal de Sierra Chica, donde hace treinta y siete años purga cadena perpetua, sin libertad condicional.

Palacios invade, observa e indaga para lograr una historia sólida con ambientes y climas exactos sin más soporte que la literatura. Asume los riesgos de la crónica, aunque no le fue fácil mantener la entereza emocional frente al Ángel de la Muerte, y después contarlo. En más de una ocasión, dice, le costó “sostenerle la mirada” o “darle la espalda a Robledo” dentro del penal. Afuera, la sombra del asesino no se quedó atrás: lo asedió durante meses enviándole cartas, lo que le ocasionó “algunos trastornos” en su vida privada.

Una conexión particular, acompañada de pequeños estados paranoicos, es la que establecieron asesino y periodista. Durante una de sus charlas, en que le preguntó en dónde viviría en caso de que la Justicia le otorgue la libertad condicional, el criminal respondió: “¡En tu casa! ¿Dónde querés que viva? Me tirás un colchoncito en el living y a otra cosa”. El delirio de persecución, entonces, no fue un hecho infundado.

Aún así, la seducción por penetrar en la mente de quien ocupó durante meses las primeras planas de la prensa argentina pesó más que cualquier otro efecto perturbador posible. Un detonador inmediato que disparó cinco años de trabajo y culminó con la reconstrucción de una historia ya contada.

“Palacios es audaz —asegura Jorge Lanata en el prólogo del libro— escribe, décadas después, sobre un personaje que Soriano instaló como una cicatriz en la memoria colectiva. Sale airoso”. Lo logra, sin dudas. Reelabora la leyenda desde la percepción de un cronista experto o “sobre todo” —como dice Martín Caparrós sobre el género— “la situación de una mirada” junto “al espesor de un buen relato”.

lunes, 26 de julio de 2010

Muestra fotográfica: "Rosario, una ciudad que se sigue fundando"

Graciana Petrone para el Fisgón Digital.Com
www.elfisgondigital.com/fsgnw/arte/nota.vsp?nid=58908

Así como el ejercicio de la evocación reafirma la presencia de los recuerdos en la memoria del hombre, el oficio del fotógrafo inmortaliza lo retratado para entregárselo al mundo. Una función histórica que acorta las distancias y hace posible que lugares, momentos u objetos sean propiedad de todos. Justamente para establecer la permanencia en el registro de los rosarinos la Fundación Diario La Capital (FDLC) presentó el libro y la muestra “Rosario, imágenes de una ciudad que se sigue fundando”. Los mismos ofrecen una mirada antigua y otra actual de los edificios más emblemáticos de la urbe local. El prólogo y los epígrafes pertenecen al poeta y periodista Alberto “Gary” Vila Ortiz, quien fue convocado especialmente por la institución para realizar el trabajo. La galería de fotos podrá visitarse desde el viernes 23 de julio hasta el 30 de agosto.

El libro fue realizado en ocasión de la celebración del Bicentenario de la Patria y constituye “una invitación al recuerdo”, dice el presidente de la FDLC, Carlos Vila. También que “hoy, a la vista de dar respuestas a un país que se sigue preguntando acerca de su posible identidad, los rosarinos contestan desde el orgullo que da el trabajo, del saber que la ciudad no es fruto de ningún milagro y que quienes le dieron su fisonomía lo hicieron con mucho esfuerzo”.

Miradas de ayer, de hoy y de siempre
Los créditos de las imágenes antiguas son propiedad del archivo del MDLC y las actuales pertenecen a Sergio Torriginio, de la sección Fotografía del diario. Ambas partes realizaron una conjunción singular que muestra el progreso urbano, como también el encantamiento que produce la inmutabilidad, con el paso de los años, de las construcciones palaciegas de siglos pasados.

Algunos de los lugares elegidos son La Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), el Palacio Fuentes, el Teatro El Círculo, el Puerto de Rosario, el Viejo Mercado Central y hasta el registro del actual Puente Rosario Victoria, al que acompaña una imagen anterior a su construcción. Cada sitio retratado conduce inevitablemente a la evocación.

El Paraná, un dios indomable
“El Paraná es un dios indomable, aún nuestro dios”, escribe Vila Ortiz en el epígrafe que acompaña a la fotografía antigua del paraje en donde levantaron el Puente Rosario- Victoria. Como buen rosarino y poeta, el periodista evidencia, en los pies de las imágenes, esa fraternidad especial e indiscutida entre los habitantes de la ciudad y su río: “Hoy la ciudad es otra, ya no le damos la espalda al río, el auge de la construcción ha sido sorprendente y la visión del Paraná es otra desde la construcción del Puente”.

Vila Ortiz explica que para la redacción de las líneas que acompañan las fotografías recurrió, en muchos casos, a su memoria. “Pero mucho más importantes son los libros que he utilizado para confirmar datos, corregir recuerdos, tratar de tener una mayor exactitud, aunque no la exactitud de un historiados, porque no lo soy” aclara. Para su trabajo buscó, en primer lugar, una obra referencial como los es Historia de Rosario, de Juan Älvarez. También, a libros de Miguel Ángel De Marco, Rafael Ielpi y a otros más específicos como La polémica fundación de Rosario, de Marta Frutos de Pietro o Rosario, comienzos de una moderna arquitectura, de Ernesto Yaquinto, entre muchos otros.

“Lo que se desea en este libro es mostrar los cambios surgidos en la ciudad, una ciudad que celebró el primer Centenario de Mayo con un fervor espléndido. Hoy la ciudad es otra y lo prueban largamente las fotografías”, dice Vila Ortiz. Sin dudas, esta selección de imágenes ayudará aún más a reforzar el recuerdo y la admiración por los lugares comunes y queridos para todos los rosarinos.

Días y horarios de visita a la Muestra fotográfica
"Rosario, imágenes de una ciudad que se sigue fundando" es el nombre de la exposición que inaugurará el viernes 23 a las 19 en el Museo Diario La Capital . Son fotografías tomadas, algunas hace varias décadas, acompañadas de otras actuales, tomadas por los reporteros gráficos de La Capital, que remiten a los mismo paisajes. Cada imagen será acompañada por un relato referencial escrito por Gary Vila Ortiz.

Esta muestra, realizada por la Fundación La Capital en oportunidad del Bicentenario de la Revolución de Mayo, es una invitación al recuerdo, un reconocimiento de lo que es hoy la ciudad y una pregunta sobre el porvenir, pero sobre todo es un homenaje a todos aquellos que construyeron y a quienes siguen construyendo un Rosario mejor.

La muestra podrá visitarse, de martes a domingos, de 15 a 20, hasta el 30 de agosto. El MDLC agradece la gentileza del Museo de la Ciudad.