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martes, 28 de septiembre de 2010

Tercer Congreso Argentino de Cultura 2010, realizado en la ciudad de San Juan

Graciana Petrone para
http://www.lacapital.com.ar/ed_senales/2010/9/edicion_100/contenidos/noticia_5151.html
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Cuando la cultura gana las calles

La gente colma las calles de la ciudad de San Juan
Los habitantes de San Juan desconocen el ritmo vertiginoso de las grandes concentraciones urbanas. Las calles dibujan líneas rectas, diagonales y rotondas que bordean los parques y las plazas. Los edificios públicos, de joven arquitectura, irrumpen en la escena cotidiana con aires renacentistas. Una idiosincrasia singular, mestizada de austeridad, soberbia, césped y cemento que rinde un verdadero culto al resurgimiento como consecuencia, tal vez, de sufrir en el pasado la catástrofe ambiental más sangrienta de la historia argentina.
Además del recuerdo y el dolor instalados en la memoria colectiva por aquel terremoto que el 15 de enero de 1944 cobró casi 10 mil vidas y destruyó gran parte de sus construcciones, los lugareños aún mantienen intactas muchas de sus costumbres provincianas.
En la ciudad de San Juan el horario de la siesta es respetado con la misma rectitud con que un musulmán reza sus oraciones. Pasado el mediodía, cuando el aire caliente y seco del zonda potencia los rayos del sol, las persianas de las casas y los comercios permanecen cerradas hasta que el calor cede y vuelve el momento de retomar la marcha de las actividades habituales. Pero entre el 15 y el 19 de septiembre pasado su tranquilidad fue interrumpida al convertirse en la sede del Tercer Congreso Argentino de Cultura.
Más de seis mil personas de todos los puntos del país participaron del evento y transformaron las calles cuyanas en laberintos a cielo abierto, en donde el debate y las inquietudes pugnaron por encontrar salidas favorables. Bajo el lema “Por una cultura federal en el camino hacia la integración latinoamericana”, intelectuales, jóvenes, representantes de organizaciones de pueblos originarios, artistas y ciudadanos analizaron ponencias y discursos desarrollados en función de las demandas de una sociedad en permanente cambio basada en la diversidad, la pluralidad del lenguaje, las nuevas tecnologías, el respeto y la equidad. Otra premisa del encuentro fue la “vinculación de conceptos históricamente disociados entre sí, como lo son civilización-barbarie o progreso-atraso”.
Los foros de reflexión, las conferencias magistrales, los talleres de participación colectiva para niños y adultos y las ponencias cobraron un papel estelar. En las plazas y calles sanjuaninas diversas muestras interdisciplinarias abordaron el arte, la historia, los derechos humanos y el humor gráfico, entre otros temas. Así, “Crónica de la Nación Latinoamericana” reseñó los procesos que funcionaron a favor de la emancipación del continente; “200 años de historia”, con curaduría de Felipe Pigna, ofreció material documental desde 1810 hasta el presente y “Camino al Bicentenario... ellos quieren contarnos” fue una impactante puesta que incluyó 50 pancartas armadas por las Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora con cartas, fotos y recuerdos que dieron cuenta de aspectos de la vida de los detenidos y desaparecidos durante la última dictadura militar. También hubo sesiones maratónicas con numerosas actividades recreativas: espectáculos circenses, teatro callejero, bibliotecas móviles y espectáculos musicales, todos los días y de forma ininterrumpida desde las 9 hasta las 2 de la madrugada.
“Una de las cosas más bellas que se vieron fue que el Congreso ganó las calles”, dijo el secretario de Cultura de la Nación, Jorge Coscia. Efectivamente el debate cobró más fuerza en las mesas de café, las plazas, las aceras y las ferias. Las voces de los ciudadanos comunes parecieron más interesadas por participar en discusiones cotidianas sobre la integración, la posibilidad de generar nuevos espacios de producción o fomentar el respeto a la diversidad regional, antes que en los informes oficiales que anoticiaban que la industria cultural alcanzó, durante 2009, un incremento del 7,9 por ciento, cifrá que se tradujo en una participación de 3,5 en el Producto Bruto Interno (PBI).
A pura feria
Otro de los ejes del Congreso fue fortalecer el federalismo y fomentar la integración en la diversidad de la “Patria Grande”. La feria federal, denominada Feria del Encuentro y realizada en el gigantesco predio de la ciudad, operó como punto de unión para estrechar lazos entre las provincias argentinas. En cada uno de los stands, las regiones mostraron sus artesanías, maquetas y folletos turísticos representativos. El espacio perteneciente a la provincia de Santa Fe exhibió títulos de los autores más emblemáticos de la literatura local y en donde la Poesía Completa de Aldo Oliva ocupó, en tierras sanjuaninas, un merecido lugar de privilegio.
Dentro del predio funcionaron también la Feria de la Cultura Popular y el Libro, donde hubo conferencias y presentaciones editoriales y cinematográficas; el stand del Centro Federal de Inversiones (CFI), que exhibió un imponente mural con la reproducción de las obras plásticas ganadoras del premio federal, y la Carpa de Cultura y Vino, con las infaltables degustaciones y 24 puestos gastronómicos en los que cada provincia ofreció sus sabores tradicionales. En el sector de la Secretaría de Cultura de la Nación, una pantalla gigante ofreció durante los cinco días que duró el congreso numerosas producciones audiovisuales. El recorrido completo por las instalaciones dejaba en los visitantes la sensación de realizar varios viajes fugaces (y en una misma noche) hacia todos los puntos del país.
Recuerdos de provincia
Pirámide truncada, insignia de la Independencia en 1816  
Muchos de los temas que Sarmiento desarrolló en sus escritos sobre civilización y barbarie, crispaciones políticas, educación o pedagogía fueron también abordados en el Congreso. Pero más significativo aún fue que a espaldas de donde hoy renace la réplica de aquella pirámide blanca con punta truncada, se levanta el opulento edificio del Centro Cívico de la ciudad de San Juan. El sitio no es otro más que el mismísimo solar que él describió, en Recuerdos de Provincia, como un paraje desolador al que iban de vez en cuando las vacas a guarecerse del sol bajo las sombras de los álamos. Pasados casi dos siglos, su tierra convocó a intelectuales, funcionarios de Estado y ciudadanos para discutir el desarrollo, la integración, las políticas culturales y los cambios de paradigmas.
“Uno de los planteos que genera más dicotomías es definir a las políticas culturales —aseguró el artista plástico Daniel Santoro—- No tengo en claro qué es una política cultural, como tampoco tengo en claro, definitivamente, lo que es cultura. Siempre es un tema de arduo debate. Generalmente se usa como una anatema para desprestigiar a una gestión cultural. Lo que se dice es que un gobierno «carece de una política cultural» y, lamentablemente, es muy difícil remontar esa imputación porque es muy difícil definir una política cultural y es ahí que hay una paradoja insoluble”. Para Coscia “los cambios de paradigmas van de la mano con el modelo que el gobierno plantea como país”, aunque desde cualquier gestión el intento no resulte sencillo. “Como funcionario yo expreso esta dualidad resistencia-gobierno —dijo—. Soy secretario de Cultura pero todos los días me levanto con una actitud de resistir a las fuerzas que siempre se oponen a cambiar las estructuras clásicas”.
Poco antes de las 12 del domingo 19 de septiembre en el Auditorio Juan Victoria, Coscia cerró formalmente el Congreso y expuso las conclusiones que, garantizadas por las autoridades de las áreas de Cultura de todas las provincias, se elevarán a la Cámara de Diputados de la Nación para que el Legislativo formalice la constitución del Consejo Federal de Cultura, junto a la ratificación de los “Diez Puntos Estratégicos” del proyecto de la Ley Federal de Cultura. Los días de exhaustivos debates terminaron; bajo el calor del sol sanjuanino el público emprendió el regreso a sus hogares con la esperanza de que se concrete la tarea más compleja: traducir las teorías en hechos reales.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Nuestro Vinicius, el libro de la escritora y periodista Liana Wenner sobre una de las leyendas de la Bossa Nova

Graciana Petrone para
http://www.lacapital.com.ar/ed_senales/2010/9/edicion_99/contenidos/noticia_5080.html


De más y en generosas proporciones la pasión fluye de la sangre de un bahiano, del paso electrizante de las comparsas de Río y del temblor de las batucadas, muchas veces improvisadas en las puertas de los morros. Esa forma, que desconoce términos medios, propició en Brasil explosiones de amor, sexo, música, poesía e incluso violencia. Así, entre sus historias de arraigo y saudade, a mediados del siglo pasado y en la antesala de los años de plomo, surgió la bossa nova, ese mestizaje de jazz con ritmos de samba que tuvo, entre sus voces más referenciales, al mítico y revolucionario Vinicius de Moraes (1913-1980).

Poeta, crítico de cine y diplomático devenido en cantautor, fue parte de un movimiento que no sólo transformó los campos de la literatura y la música en su tierra sino también las formas de consumo estético en otros lugares de Latinoamérica. Uruguay y Argentina fueron los países que acogieron a la bossa nova con más fuerza y permitieron que la seducción de sus canciones, despojadas de toda carga política, anclara en el Buenos Aires nocturno de 1968, sin encontrar el menor atisbo de resistencia. Por el contrario, en un contexto social sumamente convulsionado el fenómeno Vinicius con su particular forma de cantarle a la vida, al erotismo, a las mujeres y a la amistad (como quien susurra versos de amor), fue un éxito imparable. Nuestro Vinicius, de la escritora y periodista Liana Wenner, relata en forma pormenorizada ese hechizo que comenzó cuando Ediciones de la Flor publicó su libro de poemas Para vivir un gran amor.

"La primera edición de Para vivir... salió en agosto de 1968, coincidiendo con el show que Vinicius y Doryval Caymmi dieron en el teatro Ópera —apunta Wenner—. En sólo dos años De la Flor vendió quince ediciones de ese título, que además exportó a Montevideo y Santiago de Chile". Vinicius publicó otras cuatro obras con el mismo sello: Para una muchacha con una flor, Antología poética, Orfeo de la Concepción y El arca de Noé. "Los libros que editaba De la Flor eran un suceso y el Poetinha armaba un verdadero revuelo cuando firmaba ejemplares y, mucho más adelante, esto se produjo a mayor escala en la primera Feria del Libro".

Diplomacia y alcohol
La década del 60 entraba en su último cuarto de siglo. La otrora prosperidad del gobierno de Juscelino Kubitschek, en la que Brasil brilló en el teatro, la poesía, las artes plásticas y hasta en el fútbol (con su primer campeonato mundial), era cosa del pasado. Veinte años más tarde, la dictadura del mariscal Costa e Silva anunciaba medidas extremas y persecutorias contra miles de ciudadanos. De Moraes supo de la noticia a través de la prensa en un hotel de Lisboa. "Esa noche tenían función —reseña Wenner—. Antes de terminar, Vinicius se pronunció contra ese golpe dentro del golpe y recitó el poema «Mi patria» mientras Baden Powell comenzaba a puntear los acordes del himno nacional brasilero". La democracia era historia, pero también su carrera diplomática.

Sus costumbres noctámbulas y la adicción al alcohol lo alejaron de sus funciones. Las recorridas por los bares de Copacabana y las fiestas con bebidas y mujeres hasta el amanecer eran incompatibles con el trabajo del Ministerio. "Era común que sin haber dormido —cuenta Wenner— tuviese que ir al puerto de Montevideo a recibir algún barco que llegaba de Brasil". Su amigo Daniel Terra recuerda en el libro que a veces, cuando el buque llegaba, él subía a la planchada con "una botella de whisky encima". Tampoco congeniaba con la paternidad; aunque tuvo cinco hijos fue un padre ausente. Se casó en ocho oportunidades y no faltaron los conflictos de divorcio, especialmente con la bahiana Gesse Gessy. El último matrimonio, "hecho de despedidas y desencuentros", lo contrajo con la argentina Marta Rodríguez Santamaría, treinta y cinco años menor que él.

Un disco alquímico
"Felicidad", "Irene", "Lamento de la colina" y la emblemática "Chica de Ipanema" son algunos de los temas del long play La Fusa, grabado junto a Toquinho y María Creuza. Fue un "disco alquímico" que funcionó como "piedra de encantamiento" y, en definitiva, lo que llevó a Liana Wenner a escribir Nuestro Vinicius: "Una endovenosa de alegría, belleza, erotismo y vitalidad en un momento en que la realidad circundante era la devastación y el encierro de donde emanaba una fuerte sensación de claustrofobia".

Al poco tiempo de su primer recital en Buenos Aires, Vinicius era una "leyenda viviente". Extremadamente carismático entabló amistad con intelectuales, burgueses, artistas o bohemios: Daniel Divinsky, María Rosa Oliver, Pirí Lugones, el Bambino Veira, Mario Trejo, Egle Martin y Libertad Leblanc, sólo por mencionar algunos. Amante del tango, conoció a Astor Piazzola y a Horacio Ferrer, quien cuenta en el libro que juntos pensaron escribir a cuatro manos un musical que se llamaría "Los exiliados de la Cruz del sur".

Nuestro Vinicius reconstruye el vínculo que aquel foráneo, con un idioma diferente y costumbres exóticas, estableció con la juventud de la época y funcionó, en medio del caos, como un elemento purificador. Para su editor, Pablo Avelluto, habla de un "universo cultural porteño que ya no existe más", de una recuperación de "La Fusa como punto de encuentro de diferentes tradiciones", la gente del Mau Mau, los tilingos o "Carlos Perciavalle inventando el café concert".

Con emotividad, Liana Wenner detalla la llegada de sus poemas al país, sus días en Brasil, sus mujeres, los espacios nocturnos en los que impuso nuevas formas de escuchar música e incluso, cuando componía sus versos desnudo en la bañera, el mismo lugar donde encontró la muerte en la madrugada del 9 de julio de 1980.

Datos de la autora
Liana Wenner nació en Buenos Aires en 1968. Es periodista cultural y de espectáculos, y se desempeña como emprendedora cultural. "Me sentía en deuda con Vinicius por haberme dado instantes de indestructible felicidad cuando escuchaba el long play La Fusa en mi tocadiscos de plástico color anaranjado. Ese tocadiscos estaba en mi cuarto, y allá afuera la belleza y el amor habían desaparecido. Eran los finales de una década que empezó muy bien y terminó muy pero muy mal: los setenta", dice en el prólogo de Nuestro Vinicius.


miércoles, 25 de agosto de 2010

Marcelo Scalona: presentación del libro EL PORTADOR

El Portador, la flamante novela de Marcelo Scalona, entrega un relato vehemente, alejado de todo objetivismo crítico

GRACIANA PETRONE, para
http://www.elfisgondigital.com/fsgw/arte/nota60130

Roberto Retamoso, Alma Maritano y Marcelo Scalona
26/08/2010 - “Yo estoy en la otra vereda del objetivismo literario, no me interesa la gente que escribe lejos de escribir, que no pone nada propio, que no se sabe qué piensa, que no sufre, que no coge, que no transpira...”, dijo el escritor Marcelo Scalona, durante la presentación de su flamante novela El portador. La obra es el segundo título de la colección Ciudad y orilla, de la Editorial Homo Sapiens, dirigida por el propio autor y destinada a difundir las producciones locales. El encuentro, que convocó a un numeroso público, contó con la opinión de dos expertos en materia narrativa: Roberto Retamoso y Alma Maritano.

Si futurismo, mezcla de géneros, relato negro, realismo o surrealismo es lo que contiene El portador, fue lo que debatieron durante casi dos horas los presentadores en una charla que, puntualmente, giró en torno de las interpelaciones de Maritano a Retamoso a partir del “mundo delictual” recreado por Scalona. “En un primer momento –indicó Retamoso- el relato concuerda con las novelas de Chandler o de Hammet, donde lo delictivo no es más que la manifestación de la esencia social, caracterizada por la inmoralidad, la corrupción y la injusticia social del sistema capitalista”.

Según el crítico, en un primer momento la lectura puede llevar a suponer que se está frente a un relato policial pero de pronto el texto excede y desborda las formas canónicas del policial negro: “Cobra tintes de fantástico, de relato futurista, de profecía, de ficción poética. De este modo, se pone en cuestión el realismo propio de todo policial, particularmente el negro”.

VIAJE LITERARIO Y SOCIAL
Para Maritano y Retamoso la imagen del narrador de El portador es un “alter ego del autor” y sus personajes tienen características “onettianas”, comentario al que Scalona agregó “algunas similitudes” con el personaje de la novela Prisión perpetua, de Ricardo Piglia o con Gil Wolf, creación de Rodolfo Fogwill. “Wolf, era un alter ego de Fogwill”, dijo, en referencia al pseudónimo que utilizaba el recientemente desaparecido escritor para firmar algunos de sus artículos realizados durante la última dictadura militar.

Aunque los expertos literarios que presentaron El portador concluyeron que el relato es “una mezcla de géneros”, Lilian Neuman, columnista de la revista española La Vanguardia, asegura en la contratapa del libro que es “una novela negra, dura, inmisericorde. Un viaje literario y social en una ciudad que todo lo admite (…) el robo, los negociados entre comisarios corruptos y funcionarios de alto rango, la magia de una melodía perdida y la conspiración temeraria”.

HOMO SAPIENS VA POR MÁS
Uno de los aspectos más relevantes a destacar es la calidad de la edición: una obra de casi 400 páginas, cosida (hecho que sólo se ve en las grandes editoriales porteñas) con un diseño de tapa, realizado por Emiliano y Edgardo Juárez, que logra un fuerte impacto visual, augurando así la intensidad del contenido.

El primer título de la colección Ciudad y orilla fue el libro de cuentos Estuve, de Miguel Sedoff. Las próximas publicaciones que entregará la Editorial Homo Sapiens serán de Sebastián Riestra, Patricia Suárez, Beatriz Vignoli y Daniel Briguet. Sin dudas una gran apuesta en pos de la difusión de la narrativa local.


domingo, 22 de agosto de 2010

Colección Negro Absoluto: sus último títulos, Sacrificio, de Leonardo Oyola y Sangre Kosher, de María Inés Krimer

Graciana Petrone para
http://www.lacapital.com.ar/ed_senales/2010/8/edicion_95/contenidos/noticia_5050.html

Como una verdadera explosión narrativa la novela negra fue, en sus orígenes, un discurso crítico para el escenario estadounidense decadente y corrupto de 1930. Cuatro décadas más tarde en Argentina autores como Juan Carlos Martelli o Rodolfo Walsh también dispararon su disconformidad hacia un contexto altamente politizado. El relato del crimen entonces, con secuencias verosímiles, escenarios familiares y personajes oscuros que operan fuera de la ley, emerge como una de las estructuras más sólidas para cuestionar o simplemente desnudar los errores de un sistema.

No es casual que las historias sobre mafias y delincuencia regeneren el interés de los lectores y sobrevivan a otros géneros. La Colección Negro absoluto, dirigida por Juan Sasturain, irrumpe así en pleno siglo XXI como un conjunto de voces que denuncian asesinatos y submundos. Sus últimos títulos, Sangre Kosher, de María Inés Krimer y Sacrificio, de Leonardo Oyola, ofrecen sus intrigas en pequeñas cuotas con mensajes finales no menos que apocalípticos.

Sacrificio, esoterismo orillero
Si una de las pautas del género es apelar a la inteligencia del lector, Sacrificio perturba hasta las mentes más brillantes. Cuenta la historia de Fátima Sánchez o Víbora Blanca, una niña de condición humilde perseguida por las tragedias, que con el paso de los años desarrolló particulares poderes: tiene la capacidad de predecir el futuro, advertir la cercanía del peligro y comunicarse con las almas de los muertos a través de las aves.

Ya convertida en toda una mujer espera un hijo de Charly (un paria al que mataron durante un enfrentamiento entre bandas del Gran Buenos Aires) y deberá huir de su rival, Marabunta, otra bruja conocida de las villas porteñas, quien juró robarle a su bebé. Un ex suboficial de policía y un joven amigo de la infancia la protegerán, balas y sangre de por medio, en su escape frenético.

Los episodios de Sacrificio suceden entre tiroteos y persecuciones donde Fátima y Marabunta se enfrentan en una lucha para medir sus poderes terrenales y parapsíquicos. A veces cuerpo a cuerpo y otras, a la distancia. "La suma de peripecias oscuras y golpes de efecto visual propios de un cine clase B —explica Sasturain en el prólogo— con muertos vivos y tenebroso humor negro, fuertes dosis de esoterismo orillero y mitología popular, podría llegar a ser trivial en otras manos y en otras palabras".

Oyola es osado, no da tregua ni regala espacios en blanco. Mezcla fetichismo, elementos de la naturaleza, salvajismo humano y creencias urbanas para representar escenas fantasmales y generar sensaciones angustiantes dignas del género de terror. Entrega un relato ambicioso, por momentos escrito con furia, de escenarios comunes y con personajes sórdidos y reales.

Sangre Kosher, al frío y al calor del relato criminal 
Si las variaciones de temperatura son algunas de las pistas para establecer los contrastes entre el policial negro y el clásico, la novela de Krimer reúne características de ambos. La clave de la fusión permanente del frío y del calor habita en la piel de su protagonista, Ruth Epelbaum, una mujer solitaria, cercana a los 50 y obsesionada por la trata de blancas, lo que le hizo perder su trabajo en el archivo de la Sociedad Israelita de Entre Ríos.

Epelbaum viaja a Buenos Aires y se instala en un departamento en Villa Crespo. En la gran ciudad, fiel a las características del género negro, Ruth se vuelve detective sin proponérselo cuando Chiquito Gold, a sabiendas del motivo de la renuncia a su empleo en Entre Ríos, le encarga ir en busca del paradero de su hija Débora, quien desapareció sin dejar rastros. En su ruta por develar si la joven fue reclutada por una red de proxenetas o si escapó por propia decisión, atravesará por una seguidilla de acontecimientos oscuros en los que arriesgará su propia vida.

Los desafíos de Ruth generan una angustia extrema a medida que avanza en su cometido pero ella seguirá las pistas con una frialdad e inteligencia formidables. Para llegar a Débora penetrará en el mundo de la noche, aparecerán cadáveres a su paso y entablará relaciones obligadas con hombres que, escondidos detrás de una sonrisa amigable, tal vez la conduzcan hacia los verdaderos culpables: un personal trainer, el empleado de la joyería del padre de la joven desaparecida, un ex funcionario y hasta un juez.

Según Sasturain, Ruth es mucho más que un detective, es un personaje pleno que tiene una vida propia: "Nunca deja de ser una mina, nunca deja de estar en la Argentina de hoy, de vivir en Villa Crespo, de hacer bizcochuelos o traspirar tras el pelado juez Fontana en el gimnasio; es judía todo el tiempo y tiene los años, el cuerpo y las ganas, las amigas y los puntos que tuvo o se recruzan cada tanto".

Desde la tibieza inteligente de Krimer hasta la hoguera estremecedora de Oyola, las dos novelas trabajan el suspenso con un permanente estado de tensión. Encontrar al culpable será trabajo del lector, en complicidad absoluta con sus protagonistas: profesionales para quienes llegar a la verdad es cuestión de vida o muerte, de riesgo o audacia, investigadores que comenzarán una persecución obstinada sobre las pistas de los asesinos, lo que provocará más y más muertes. Lejos están aquellos detectives del policial clásico para los que resolver el enigma era casi un juego o una deducción lógica sobre piezas desarticuladas.

martes, 27 de julio de 2010

EL ANGEL NEGRO, del periodista y escritor Rodolfo Palacios

raciana Petrone para
http://www.lacapital.com.ar/ed_senales/2010/7/edicion_91/contenidos/noticia_5058.html


Es la tarde del 19 de enero de 1952. El calor del verano sofoca las calles del barrio de Vicente López. En una casa del conurbano bonaerense Víctor Elías, un empleado respetado de la empresa General Motors, anota junto a las efemérides del día uno de los momentos más sublimes de su vida: “Nació mi hijo Carlos Eduardo. Es hermoso. Todos dicen que se parece a su madre”. Pero lo que ignora es que junto a su mujer Aída, acaban de traer al mundo a quien casi dos décadas más tarde se convertiría en el asesino múltiple más grande de la historia criminal del país. El periodista Rodolfo Palacios reconstruye en El Ángel Negro la vida de Carlos Eduardo Robledo Puch o El Monstruo, Gato Rojo, Hiena, Diablo con Cara de Niño (entre tantos nombres con que la prensa de la época lo llamó), quien mató a sangre fría y por la espalda a once personas entre el 15 de marzo de 1971 y el 3 de febrero de 1972.

Aquel joven de 19 años, de rostro pálido, ojos celestes y rizos dorados sobre la frente que la Justicia halló culpable de cometer más de una decena de asesinatos atroces durante una desenfrenada carrera delictiva. Dos mujeres, siete custodios de los comercios que asaltó y dos de sus cómplices y únicos amigos, Quique Ibáñez y Víctor Somoza, fueron sus víctimas. Al último, luego de acribillarlo, le desfiguró el rostro y las huellas dactilares con un soplete para que la policía no lo identificara.


Las claves
El Ángel Negro no es una biografía novelada. Desde lo técnico, es una crónica brillante que intercala diálogos intimistas y relatos. Una no ficción que profundiza sobre Robledo y ensambla los engranajes de la máquina del terror, aún antes de que se activen sus primeros movimientos diabólicos.

El libro reúne datos personales y perfiles de sus padres y abuelos, fallos judiciales, peritajes médicos, recorridos por sus antiguos hogares, hechos concretos contados por amigos de la infancia y por familiares de las víctimas, entre muchos otros elementos. Pero el eje que lo vuelve fascinante lo conforman los interminables y agotadores encuentros del periodista con el asesino en el Penal de Sierra Chica, donde hace treinta y siete años purga cadena perpetua, sin libertad condicional.

Palacios invade, observa e indaga para lograr una historia sólida con ambientes y climas exactos sin más soporte que la literatura. Asume los riesgos de la crónica, aunque no le fue fácil mantener la entereza emocional frente al Ángel de la Muerte, y después contarlo. En más de una ocasión, dice, le costó “sostenerle la mirada” o “darle la espalda a Robledo” dentro del penal. Afuera, la sombra del asesino no se quedó atrás: lo asedió durante meses enviándole cartas, lo que le ocasionó “algunos trastornos” en su vida privada.

Una conexión particular, acompañada de pequeños estados paranoicos, es la que establecieron asesino y periodista. Durante una de sus charlas, en que le preguntó en dónde viviría en caso de que la Justicia le otorgue la libertad condicional, el criminal respondió: “¡En tu casa! ¿Dónde querés que viva? Me tirás un colchoncito en el living y a otra cosa”. El delirio de persecución, entonces, no fue un hecho infundado.

Aún así, la seducción por penetrar en la mente de quien ocupó durante meses las primeras planas de la prensa argentina pesó más que cualquier otro efecto perturbador posible. Un detonador inmediato que disparó cinco años de trabajo y culminó con la reconstrucción de una historia ya contada.

“Palacios es audaz —asegura Jorge Lanata en el prólogo del libro— escribe, décadas después, sobre un personaje que Soriano instaló como una cicatriz en la memoria colectiva. Sale airoso”. Lo logra, sin dudas. Reelabora la leyenda desde la percepción de un cronista experto o “sobre todo” —como dice Martín Caparrós sobre el género— “la situación de una mirada” junto “al espesor de un buen relato”.

lunes, 26 de julio de 2010

Muestra fotográfica: "Rosario, una ciudad que se sigue fundando"

Graciana Petrone para el Fisgón Digital.Com
www.elfisgondigital.com/fsgnw/arte/nota.vsp?nid=58908

Así como el ejercicio de la evocación reafirma la presencia de los recuerdos en la memoria del hombre, el oficio del fotógrafo inmortaliza lo retratado para entregárselo al mundo. Una función histórica que acorta las distancias y hace posible que lugares, momentos u objetos sean propiedad de todos. Justamente para establecer la permanencia en el registro de los rosarinos la Fundación Diario La Capital (FDLC) presentó el libro y la muestra “Rosario, imágenes de una ciudad que se sigue fundando”. Los mismos ofrecen una mirada antigua y otra actual de los edificios más emblemáticos de la urbe local. El prólogo y los epígrafes pertenecen al poeta y periodista Alberto “Gary” Vila Ortiz, quien fue convocado especialmente por la institución para realizar el trabajo. La galería de fotos podrá visitarse desde el viernes 23 de julio hasta el 30 de agosto.

El libro fue realizado en ocasión de la celebración del Bicentenario de la Patria y constituye “una invitación al recuerdo”, dice el presidente de la FDLC, Carlos Vila. También que “hoy, a la vista de dar respuestas a un país que se sigue preguntando acerca de su posible identidad, los rosarinos contestan desde el orgullo que da el trabajo, del saber que la ciudad no es fruto de ningún milagro y que quienes le dieron su fisonomía lo hicieron con mucho esfuerzo”.

Miradas de ayer, de hoy y de siempre
Los créditos de las imágenes antiguas son propiedad del archivo del MDLC y las actuales pertenecen a Sergio Torriginio, de la sección Fotografía del diario. Ambas partes realizaron una conjunción singular que muestra el progreso urbano, como también el encantamiento que produce la inmutabilidad, con el paso de los años, de las construcciones palaciegas de siglos pasados.

Algunos de los lugares elegidos son La Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), el Palacio Fuentes, el Teatro El Círculo, el Puerto de Rosario, el Viejo Mercado Central y hasta el registro del actual Puente Rosario Victoria, al que acompaña una imagen anterior a su construcción. Cada sitio retratado conduce inevitablemente a la evocación.

El Paraná, un dios indomable
“El Paraná es un dios indomable, aún nuestro dios”, escribe Vila Ortiz en el epígrafe que acompaña a la fotografía antigua del paraje en donde levantaron el Puente Rosario- Victoria. Como buen rosarino y poeta, el periodista evidencia, en los pies de las imágenes, esa fraternidad especial e indiscutida entre los habitantes de la ciudad y su río: “Hoy la ciudad es otra, ya no le damos la espalda al río, el auge de la construcción ha sido sorprendente y la visión del Paraná es otra desde la construcción del Puente”.

Vila Ortiz explica que para la redacción de las líneas que acompañan las fotografías recurrió, en muchos casos, a su memoria. “Pero mucho más importantes son los libros que he utilizado para confirmar datos, corregir recuerdos, tratar de tener una mayor exactitud, aunque no la exactitud de un historiados, porque no lo soy” aclara. Para su trabajo buscó, en primer lugar, una obra referencial como los es Historia de Rosario, de Juan Älvarez. También, a libros de Miguel Ángel De Marco, Rafael Ielpi y a otros más específicos como La polémica fundación de Rosario, de Marta Frutos de Pietro o Rosario, comienzos de una moderna arquitectura, de Ernesto Yaquinto, entre muchos otros.

“Lo que se desea en este libro es mostrar los cambios surgidos en la ciudad, una ciudad que celebró el primer Centenario de Mayo con un fervor espléndido. Hoy la ciudad es otra y lo prueban largamente las fotografías”, dice Vila Ortiz. Sin dudas, esta selección de imágenes ayudará aún más a reforzar el recuerdo y la admiración por los lugares comunes y queridos para todos los rosarinos.

Días y horarios de visita a la Muestra fotográfica
"Rosario, imágenes de una ciudad que se sigue fundando" es el nombre de la exposición que inaugurará el viernes 23 a las 19 en el Museo Diario La Capital . Son fotografías tomadas, algunas hace varias décadas, acompañadas de otras actuales, tomadas por los reporteros gráficos de La Capital, que remiten a los mismo paisajes. Cada imagen será acompañada por un relato referencial escrito por Gary Vila Ortiz.

Esta muestra, realizada por la Fundación La Capital en oportunidad del Bicentenario de la Revolución de Mayo, es una invitación al recuerdo, un reconocimiento de lo que es hoy la ciudad y una pregunta sobre el porvenir, pero sobre todo es un homenaje a todos aquellos que construyeron y a quienes siguen construyendo un Rosario mejor.

La muestra podrá visitarse, de martes a domingos, de 15 a 20, hasta el 30 de agosto. El MDLC agradece la gentileza del Museo de la Ciudad.






domingo, 11 de julio de 2010

Ojos negros, del economista y escritor Eduardo sguiglia

Drama, aventra y acción en tierras de África y México, los lugares que Eduardo Sguiglia eligió para desarrollar los capítulos más impactantes de su libro.

Graciana Petrone para
http://www.lacapital.com.ar/ed_senales/2010/7/edicion_89/contenidos/noticia_5026.html

Conflictos corruptos y sangrientos bañan desde hace décadas los ríos del Tercer Mundo, volviéndolos serpientes despiadadas que arrastran consigo verdaderas guerras internas en las que todo vale. Tanto que en la actualidad, las históricas fricciones ideológicas y políticas de sus países quedaron en parte rezagadas para ubicar al contrabando de piedras preciosas en el mercado internacional como el principal protagonista. Justamente la ruta de diamantes en el Africa es el escenario que el economista y escritor, Eduardo Sguiglia (Rosario, 1952), eligió para desarrollar los episodios más impactantes de su novela, Ojos Negros.

En una ficción que recorre Buenos Aires, El Congo, Angola y hasta México y que fluctúa entre el drama, la aventura y la acción, Sguiglia cuenta los vaivenes de Miguel, un argentino desempleado que bordea los cuarenta, con un matrimonio en ruinas que, tras la crisis de 2001 en Argentina, siente que su vida ha pedido el rumbo. En medio de ese profundo trauma existencial la amante de su mejor amigo —de la que poco sabe— le encarga por unos pocos miles de pesos viajar al Africa en busca del paradero de su hermano Tony. Una oferta poco prometedora, pero no menos inquietante, que lo llevará hacia caminos inexplorados.

Una vez en tierras de Angola y el Congo (países donde transcurre la mayor parte de las escenas) nuevos personajes lo acercarán al despiadado mundo del poder y las piedras. Asesinos a sueldo, mineros explotados por grupos insurgentes, empresarios inescrupulosos y cagamillones (extranjeros solitarios que transportan diamantes en sus intestinos para luego venderlos en el mercado negro a cifras exorbitantes).

En medio del caos, una mujer lo reencontrará, al menos por momentos, con aquel hombre que fue antes de perder el rumbo. Pero no sólo la vinculación de Miguel con la corrupción, el trabajo forzado en las minas o el tráfico de diamantes es lo que sostiene la fuerza de Ojos Negros. También lo son las imágenes espléndidamente descriptas de los paisajes, costumbres, dialectos, fauna, flora y fachadas de los parajes africanos, casi como un diario de viajes.

En su rol de narrador, Sguiglia juega con los tiempos y ritmos del discurso: cuando todo indica una lectura lenta, un giro abrupto la vuelve vertiginosa y hasta por momentos exasperante. ¿No fue Borges quien advirtió, acaso sobre el género novelístico, que las muchas páginas, en general, son promesa de tedio o de mera rutina? Ojos negros sobrevive, definitivamente, a una introducción distendida para sumergir al lector en una historia cuyas pulsaciones aumentan a medida que las páginas avanzan. Episodios cada vez más violentos, asesinatos, intrigas, escenas eróticas y las apariciones inesperadas de un jefe de policía mediocre y corrupto, son unidades estratégicamente orquestadas para lograr una trama intensa y asegurar un final coherente a la vehemencia sostenida durante todo el relato.

Si Fordlandia (1997), una de sus primeras novelas de ficción, es utilizada actualmente como material de estudio en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA), no sería descabellado pensar que Ojos Negros, la que muestra sin reparos un mosaico de actores europeos y africanos que pelean por la hegemonía de los diamantes en el mercado negro, haga lo propio en las escuelas de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales

miércoles, 7 de julio de 2010

Eduardo Sguiglia: “La cara oculta de los diamantes está constituida por el trabajo indecente de miles de personas”.

para http://www.elfisgondigital.com/fsgnw/arte/nota.vsp?nid=58095

08/07/2010 - Ante una primera lectura, la aventura, el drama y la acción son los ejes del género sobre los que gira Ojos negros, la novela del escritor y economista Eduardo Sguiglia. Pero el relato se sumerge en un terreno desconocido y turbulento; cuenta el periplo de Miguel, un argentino al borde la ruina que siente que su vida carece de sentido y acepta un encargo no menos que perturbador: viajar al África en busca de una persona a quien no conoce.

En tierras lejanas, el personaje principal atravesará situaciones adversas e intimará con una banda vinculada al tráfico de diamantes en el mercado negro internacional. Mercenarios, escenas violentas, sexo y amor transitarán desde Buenos Aires, México, hasta Angola y El Congo. Una historia atrapante que muestra sin silencios una lucha de corrupción y muerte por la hegemonía de la exportación de piedras preciosas en el escenario mundial.

Sguiglia (1952) nació en Rosario, donde estudió Ciencias Económicas. Vivió en México entre 1977 y 1982 y desde 1983 reside en Buenos Aires. Fue profesor de la UBA y primer embajador argentino en Angola. Es autor de varias investigaciones y ensayos, entre ellos Agustín Tosco y El club de los poderosos, que merecieron dos premios nacionales de economía. Sus relatos y novelas —“Fordlandia”, “No te fíes de mí si el corazón te falla” y “Un puñado de gloria”— fueron traducidas a diferentes idiomas y distinguidas en los concursos internacionales Dublín Literary Award y Grinzane Cavour.

En una entrevista exclusiva para El Fisgón Digital el autor de Ojos negros cuenta la génesis de su libro, las influencias de su estadía en Angola en sus relatos y también su mirada sobre el desempeño de la justicia argentina respecto a los juicios a represores de la última dictadura militar.

-¿Cómo surge la construcción de esta novela y de qué manera influyó en el relato, haber vivido en Angola?
-El proceso creativo es difícil de explicar. Las ideas flotan en la cabeza hasta que llega el momento, impostergable, de volcarlas sobre un papel. Reconozco que vivir en África fue una experiencia maravillosa para mí y que, sin dudas, facilitó la construcción de esta novela. Pero, si bien Ojos Negros habla de varios elementos reales –la extracción y el tráfico de diamantes por ejemplo- ninguno de ellos funcionó como el disparador de la historia.

-La descripción de los paisajes y ciudades son sorprendentes, casi como un diario de viajes, ¿son los ojos de Eduardo Sguiglia (argentino en tierra extraña) que registraron todas esas imágenes y que luego el escritor (muy lejos del economista) vertió fielmente en el libro?
-Bueno, tuve la oportunidad de viajar por las Lundas (norte de Angola), por el Congo y también por México. Sin embargo, creo que todas las imágenes del relato son las que capta y registra en su libretita Miguel, el personaje central.

-En el conflicto de los diamantes en África, países europeos se rasgan las vestiduras como primeros defensores de los Derechos Humanos en el mundo, ¿Son los mismos que alimentan el mercado negro?
-En efecto, la cara oculta de los diamantes está constituida por el trabajo indecente de miles de personas.

-Fordlandia, una de sus primeras nivelas, es utilizada como material de estudio en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, ¿Ojos Negros podrá hacer lo propio en las escuelas de Ciencias Políticas y Relaciones internacionales?
-No sabía lo de Fordlandia. Es una grata sorpresa que una novela se utilice como material de estudio. Si ocurriera lo mismo con Ojos Negros me volvería a sorprender.

-Ojos Negros promete una lectura distendida pero en un punto del relato un giro abrupto la vuelve vertiginosa y por momentos, hasta exasperante, ¿sólo surgió o es un recurso utilizado a conciencia?
-No definí de antemano el ritmo del relato. Traté de avanzar del modo que me resultaba más cómodo y satisfactorio.

-En las próximas semanas usted viajará a Rosario para testimoniar en la causa al represor Genaro Díaz Bessone. A más de tres décadas, ¿cree que la impunidad se ha acabado para quienes actuaron solapados por el gobierno dictatorial?
-Cierta legislación y decisiones gubernamentales, como las leyes de obediencia debida y punto final y el indulto de Menem, junto con la pasividad de algunos jueces, demoraron y obstaculizaron los procesos a los culpables de tantos crímenes de lesa humanidad.
Sin embargo, aunque hayan transcurrido más de tres décadas, es muy importante que la justicia siga avanzando para que se pueda conocer la verdad y castigar a los represores

jueves, 24 de junio de 2010

Rodolfo Fogwill: “No se podía hacer nada que no tuviera que ver con la guerra (…)”


Graciana Petrone para http://www.elfisgondigital.com/fsgnw/arte/nota.vsp?nid=57523

“No se podía hacer nada que no tuviera que ver con la guerra, explotaba el calefón de una vecina y te cagabas de miedo porque pensabas que la guerra estaba en Buenos Aires”, dijo Rodolfo Fogwill durante la presentación en Rosario de la séptima edición de la novela “Los Pichiciegos” (Editorial Sudamericana). El encuentro se realizó en los altos de la librería Homo Sapiens, ante un numeroso público, donde el periodista Osvaldo Aguirre coordinó “una entrevista abierta con el escritor”. Allí, no sólo habló sobre la reedición de su libro sino también del proceso de recopilación de Cuentos completos, del laureado relato Muchacha punk y de las múltiples voces de sus personajes.

Si bien es cierto que luego de la derrota argentina ante Gran Bretaña en Malvinas (1982) el gobierno dictatorial en turno impulsó un profundo proceso de olvido para tapar lo sucedido, también lo es que con igual vehemencia promovió el nacionalismo y un único discurso patriótico y comunicacional se instaló en el país durante los dos meses y medios que duró el conflicto. Sin dudas que, para el escritor, la obsesión y atención de los argentinos por la guerra fue uno de los disparadores fundamentales con los que construyó Los Pichiciegos, una ficción que cuenta, a la manera del polémico Fogwill, la historia de los “pichis”, jóvenes soldados que en las islas no tenían más futuro que el sólo instinto por sobrevivir en el presente.

El libro presentado en Rosario es la última reedición, lo que demuestra que a casi tres décadas de su primera aparición (Ediciones De la Flor, 1983) ni Fogwill ni su novela bélica agotan el interés de los lectores. Aguirre inició la charla abierta con el escritor cuando contó que en los últimos años se realizaron varias recopilaciones de textos del autor que estaban dispersos en distintas publicaciones. “La mayoría escritos a principios de la década del 80 –explicó- y en el medio de estas reediciones se produzco el hallazgo de libros que estaban perdidos o escondidos entre borradores”.

O:A:-Estas recopilaciones significa toda una serie de pronunciamiento y de lecturas de vos mismo, ¿cómo fue el proceso de reedición de tu obra?
-Un editor y poeta rosarino que tiene una librería en Buenos Aires (Editorial Mansalva) y edita muchos libros de poesía joven (perdiendo mucha plata) y cosas buenísima, me torturaba pidiéndome libros. Yo escribo muy poquito y lo que termino de hacer no me satisface. Pero hay dos o tres libros míos que andan por ahí, uno se llama Nuestro modo de vida y otro Unión para Aquino, que los había entregado en 1981 a Sudamericana. En aquella época hice 100 copias, fotocopiadas. Yo trabajaba en el grupo Softman y no había Internet para perder tiempo en el laburo, así que cuando llegaron las máquinas Seros, perdía tiempo afanándole fotocopias a la familia Macri.
Un mecanógrafo amigo que yo tenía las encarpetaba en forma prolija y yo se las daba a mis amigos. Pensé que algunos de esos libros tenían que estar y efectivamente, hurgando, consiguió que un editor de Sudamericana, a quien yo le había dado una copia, me la diera. Le metí mano, corregí muchas cosas y barbaridades que había puesto en esa época. Ahí arrancó la epidemia y los editores españoles comenzaron a pedirme libros y yo les respondía que no podía publicar un libro peor todavía que del que escribí hasta ahora. Le puse precio a los títulos agotados y algunos editores pudieron pagar lo que yo pienso que valen afuera: Un caso humano de supervivencia…

O:A:-Ese libro al que te referís está ordenado por bloques pero no está ordenado cronológicamente…
-No son temáticos los cuentos. En “Cuentos completos” se empiezan a invertir los temas, si hay mucho sexo en uno, se lo saco al siguiente. Si arranco en primera persona, el siguiente lo empiezo en primera. Si algunos son sobre temas muy actuales y cotidianos, trato de meter algunos más culturales. Creo que para ese sistema de 21 cuentos, en el índice, logré que tengan un ritmo perfecto y no es poco. Los invito a que lean los cuentos completos de Cortázar o los de Nabokov o los de Faulkner que salieron en la misma colección y producen una sensación de repetición, ‘de ya lo ví o qué parecido’. O con Onetti, pasa que es como aburrido leer la misma voz durante una hora y cuarto, que es lo que se tarda en leer tres cuentos o cuatro.

UN CAMBIO DE VOZ Y TAMBIÉN DE SEXO
Traté de cambiar la voz. Yo había empezado con la primera edición de unos cuentos que salieron publicados como quince veces: Muchacha pank, que no se llamaba así sino Mis muertos punk. Era un libro que salió tal cual había sido publicado en un concurso. Cuando lo mandé al concurso traté de darle un ritmo y allí hay un cuento famoso, sobre la historia de una nena que se crió en al revolución de mayo y llega a vivir hasta 1960 y que en el camino de su vida se vuelve varón. El cuento siguiente a ese empieza con una frase que dice: ‘primera decepción del lector, en este relato soy varón’. Jugaba así. Como tenia otro relato bisexual, porque el narrador era un varón pero que en ningún momento demostraba que era un varón salvo en la firma del autor, en la última página aparece que es una mujer. Así jugué con los tres en otras ediciones. Es el hecho de darle un ritmo a un libro de cuentos, que puede ser una cosa aburrida.

O:A:-¿Cómo aparecen las voces de los personajes?, ¿cómo se van dando?
-No son las voces de los personajes, es la voz interior del personaje en las que me convierto yo para escribir. Elvio Gandolfo dice eso en el prólogo de “Cuentos completos: “No es un buen libro de Fogwill, es un libro de siete autores distintos que llevan en común la marca Fogwill”. La marca Fogwill en cuentos y a veces en poesía, es la marca de un arte muy conocido por la humanidad, por todas las culturas. Es el arte que aquí practicó Nini Marshal, que se basa en mimetizarse completamente con un personaje y hacerlo vivir verbalmente.
¿Quién vio acá un programa de Niní Marshall? Tenía un montón de personajes, la niña Jovita, doña Josefa, Catita y sabía hablar y contaba cosas. Evidentemente el cerebro humano no puede procesar decisiones de conjugación, adjetivación, puntuación o énfasis. Todo eso que entra en un discurso oral no se puede procesar en el tiempo de la conciencia, o al menos en el tiempo que corre más o menos la conciencia de nuestros relojes (que es el tiempo que escribe nuestra mano en la máquina de escribir, en todo caso). Y nuestra mano no puede procesarlo en ese tiempo y para seguir el hilo de la voz tiene que hacerlo en un tiempo mucho más rápido. Nosotros no tenemos esa facultad pero si la tiene esa parte nuestra que se pone en movimiento en un estado de trance, locura, histeria… “¿Cómo hiciste para levantarte esa mina? ¡Yo qué se, me tiré, me jugué!”. Si el tipo se hubiera planteado: “Me arreglo la corbata, me cierro la bragueta, me saco la baba, me saco el chicle me lo meto en bolsillo…”. Si el tipo hace todo ese programa la mina se fue con otro. Esto lo viví en otro orden de la vida, en una carrera deportiva...

O:A:-La época en que escribiste la novela es en el ’82, durante el Proceso, ¿cómo apareció Los pichiciegos?
-Todo el mundo estaba en el tema de la guerra, peor que en el mundial. No se podía hacer nada que no tuviera que ver con la guerra. Explotaba el calefón de una vecina y te cagabas de miedo porque te pensabas que la guerra estaba en Buenos Aires.
La novela tiene un proyecto de construcción, además de las voces. Un plan de trabajo de querer desarrollar cosas…En realidad no sabía qué quería desarrollar. Inventé un agujero, una pichiciega, que es como una gatusera (inventada por los uruguayos) para armar pequeños campamentos bajo tierra muy parecidos al pichi. Tenía que darle sentido, mostrar algo de acción bélica. (Tomo aliento, tomo algo que me de gana de escribir y sigo adelante…).

O:A:-Pero siempre dijiste que la novela no es sobre la guerra…
-No es sobre la guerra. Si fuera sobre la guerra hubiera consultado manuales, hubiera buscado o me hubiera ido a Inglaterra a pedir información a los servicios secretos…

viernes, 11 de junio de 2010

Estuve, de Miguel Sedoff, es el primer tomo de la colección "Ciudad y orilla"

Graciana Petrone,
para Señales http://www.lacapital.com.ar/ed_senales/2010/6/edicion_84/contenidos/noticia_5100.html

"Después de un fracaso —escribió Fiódor Dostoievski— los planes mejor elaborados parecen absurdos". Todo indica entonces que el dolor aparecerá luego de cualquier intento que resulte frustrado o cuando la falta de lucidez necesaria para resolver a tiempo los embates del destino obligue a tomar decisiones equívocas. Una mirada aguda sobre la complejidad de lo cotidiano, expuesta con absoluta madurez discursiva, es la Miguel Sedoff pone en su libro de cuentos Estuve. En él, los finales abruptos o violentos, propios de un relato fantástico, no son necesarios para conmocionar al lector: el suspenso inusitado de sus historias, tan reales como crueles, hace que la ambigüedad de las relaciones humanas supere con creces cualquier ficción mágica.
Sedoff también destroza el mito de que sólo las novelas policíacas provocan esa necesidad imperiosa de dar vuelta la página para descubrir quién es el asesino, o la perplejidad absoluta de los finales de ciertos relatos maravillosos. Estuve cuenta historias de gente común que no por cotidianas o domésticas dejan de tener ribetes complejos y atrapantes.

Con la distancia narrativa necesaria como mérito y recurso, cuenta sin juzgar la realidad tal cual es y no la que se desea. Realiza un análisis minucioso de los personajes, se sumerge en el hilo conductor de sus pensamientos y brinda en forma pormenorizada los conflictos internos, lo que mantiene al lector inmerso dentro de sus mentes y elucubraciones. "Las historias perfectas —dice el autor— no existen". En lo cotidiano, entonces, ocurren los sucesos más dolorosos y los enemigos, que adoptan la forma de un compañero silencioso, suelen ser los propios desaciertos.

Todos sus personajes tienen un eje en común que es el vacío, a veces forzado por abandonos o pérdidas irreparables y otras, por elección. Pero ante el estoicismo necesario para afrontar esas situaciones el slogan "el show debe continuar" no será fácil de aplicar para muchos de sus protagonistas.

Tal es el caso del último relato en el que Jorge, durante un verano fatal, pierde a su esposa e hijos en un accidente automovilístico. Tampoco para la vida de Betty, en el cuento "Post-it", cuando luego de relegar su vida por años para dedicarse a su familia, bordea los límites de la locura ante las repetidas infidelidades de su marido.

Estuve cuenta, entre otras cosas, los entretelones de separaciones conyugales dolorosas provocadas por el hastío de lo cotidiano, la desesperación o el maltrato. Retrata la posición en el mundo de un hombre que padece obesidad, abordada desde sus pensamientos más íntimos. También las decisiones erradas de sus protagonistas ante situaciones adversas que muchas veces devienen en el absurdo, como en el relato "Aguas abiertas", en el que Rubén, tras romper con su novia, no elige mejor recurso que la autodestrucción para recuperarla.

La fidelidad de los relatos de Estuve es tan contundente que si el autor utilizara un mismo personaje para todos sus cuentos nada cambiaría en absoluto. Casi como un deja vu, deja esa extraña sensación de familiaridad sobre un hecho, un lugar, un recuerdo, un intento frustrado tan tangible que ocurrió, o le puede suceder a una persona cualquiera en el momento menos pensado de su vida.

viernes, 4 de junio de 2010

Como si fuera una carta

Si supieras cómo cambió la noche. Las calles son un desierto. A veces salgo alguna madrugada, como hace veinte años, pero nada se parece a entonces y no hay cosa que me perturbe más que hundirme en el pasado.
En el Olimpia abrieron una sucursal de la Royal, ¿podés creer? Perdimos la provincia, nos fuimos a la B y encima tengo poco laburo. A veces pienso que tienen un láser infrarrojo que lee el ¡Viva Perón, carajo! que llevo tatuado en la frente (debe ser eso, digo, porque está escrito con tinta invisible).
Cada tanto me dan ganas de contarte, ¿sabés?, ganas de que estés acá, leyendo esos poemas que me escribías o regalándome Garufa escrito en un pedazo de papel con tu vieja Olivetti. Pero la última vez que te vi yo pasaba en un taxi y vos ibas caminando por calle Mendoza, para Buenos Aires. Aunque con menos pelo, tenías el mismo paso compadrón de siempre. No sé por qué carajo no le dije al tachero: '¡Pare acá!'. Después leí tu nombre en el diario seguido de un q.e.p.d.
La puta madre, cómo te extraño.


Graciana
Rosario, junio de 2007
En memoria "del Hugo"

lunes, 17 de mayo de 2010

El eximio compositor y poeta Horacio Ferrer visitó la ciudad, en el marco de un convenio firmado entre la Universidad Nacional de Rosario y la Academia nacional del Tango

Por la inclusión del tango en los planes de la enseñanza superior.

Graciana Petrone para www.elfisgondigtal.com

El maestro Horacio Ferrer visitó la ciudad en el marco de un convenio firmado entre la Academia Nacional del Tango y la Universidad Nacional de Rosario (UNR). Lo hizo con el propósito de formalizar la inclusión del tango en los planes educativos y también para adelantar contenidos de su próximo libro, “Mil versos para Picasso”. La edición, que forma parte del plan para anexar el mítico arte popular a la enseñanza superior, contiene cien poemas íntegramente dedicados al pintor español y acompañados por ilustraciones de su esposa, la artista plástica Lulú Micheli. Participaron del panel junto al compositor y poeta el rector de la UNR, Darío Maiorana y el titular de la Academia Nacional del Tango de Rosario, Miguel Jubany, quien expresó: “El tango no tiene que ser estudiado sólo desde la música, el baile, el canto y la poesía sino también – como dice la ley Nacional – a través de las ciencias conexas: la historia, la antropología o la psicología”.

La intención de incluir al tango en la enseñanza superior representa un punto de inflexión muy importante para las actividades universitarias. “En la escuela de psicología están trabajando para brindar una serie de charlas con el fin de acercar a los alumnos al tango”, dijo Jubany. Por lo que aseguró que resultará un material muy productivo en los planes de estudio.

“Se puede hacer – expresó Ferrer – una obra de enseñanza, de transmisión de conocimiento y de ubicación del tango en la historia argentina. Es un protagonista siempre, un poco atorrante y bohemio, pero protagonista al fin”. También, contó que hace varios años que la Academia Nacional del Tango de Buenos Aires dicta seminarios para el sector universitario donde abordan la música, la cultura tanguera y las letras del arte popular.

Horacio Ferrer es autor de innumerables letras de canciones, entre ellas, la inconfundible “Balada para un loco” o “Chiquilín de Bacín” – inmortalizada en la voz de Roberto Goyeneche, entre muchas otras. Además, es el máximo difusor del tango en el mundo. Realizó ensayos de investigación los cuales fueron traducidos a varios idiomas y presentados en las bibliotecas más importantes del mundo, entre los que se destaca, tal vez su obra más paradigmática, “El siglo de oro del tango”.

“Mil versos para Picasso”, de Madrid a Rosario
Portadores de una sencillez y calidad humana admirables, el maestro Ferrer y su esposa Lulú – como él la llama – dialogaron en forma exclusiva con esta cronista, a la que contaron algunos entretelones cotidianos que forman parte del incansable trabajo que ambos realizan por el arte y la cultura popular, como así también sobre su nuevo libro.

La génesis del libro “Mil veros para Picasso” tiene una historia muy particular, ya que los dibujos que acompañan a cada uno de los poemas del tanguero fueron presentados en los centros culturales más importantes del mundo, con excelentes críticas. Micheli contó que hace unos años realizó una puesta titulada “De Lulú para Picasso” en la madrileña Galería de Arte Annta, ocasión en la que su esposo recitó poesías con el acompañamiento del pianista español Yaco González.

“Al principio la dueña de la galería no estuvo muy de acuerdo con que yo exponga mis trabajos porque no era conocida en España – confesó Micheli - pero como digo siempre, tengo al suerte de estar al lado de un grande, como es Horacio”. Las palabras de la pintora no hacen más que confirmar su carácter humilde, dado que las críticas recibidas por los principales diarios de arte madrileños fueron impecables respecto a sus obras, a las que catalogaron como “verdaderas visiones picasianas al modo de la propia Lulú” y representadas bajo “un arte figurativo y surrealista”. También, contó que posteriormente se mostraron en París y Florianópolis pero que parte todo del trabajo de su marido “ya que mientras él escribía sus versos” ella “dibujaba y pintaba”.

El existencialismo del tango y el surrealismo de Micheli
Resulta intrigante imaginar la convivencia del existencialismo tan real del tango con el surrealismo de Micheli, y como tal, con las características tan irreverentes propias de ese movimiento y tan dispares entre sí. AL respecto, Ferrer dijo: “Conocí a Lulú durante una exposición de ella en el bar La Poesía de San Telmo y me metí en un mundo de pintor. Aunque he sido dibujante, dejé de pintar cuando me enamoré de ella porque la pareja no debe competir. Ella hace su pintura y yo mi poesía y se complementan y se armonizan perfectamente”.

La vida del matrimonio Ferrer está signada por el arte desde que comienza el día. Ambos contaron que “se separan al mediodía se vuelven a juntar a la noche”. “Lulú trabaja en su taller que tiene en Barracas porque vivimos en un departamento muy chiquito, aunque con una vista que llega hasta las costas del Uruguay, aún así, compartimos muchas cosas juntos”, finalizó.

viernes, 14 de mayo de 2010

Lejanía necesaria, el libro de poemas de Marta Díaz


Graciana Petrone, para www.elfisgondigital.com

Marta Díaz es poeta. Tiene pluma de poeta, mirada de poeta y una sensibilidad superior que la llevó a escribir su libro Lejanía Necesaria, integrado por más de cien poemas. Estos atributos en la mayoría de los escritores no haría falta remarcar, pero en el caso de esta autora todo resulta tan “necesario” como el título de su obra, presentada recientemente en la Biblioteca Gastón Gori. Hace once años que está privada de su libertad. Los trabajos que conforman su edición es el resultado de su participación en el taller Los Lanzallamas, coordinado por Fabricio Simeoni y dictado dentro del Penal nº 5 de Mujeres de Rosario, lugar en el que recibió en forma exclusiva a El Fisgón Digital.

Aunque parezca una frase trivial cuesta imaginar cómo es la vida dentro de un penal y estar privado de la libertad. De hecho, esta cronista tuvo que atravesar algunas rejas de hierro para acceder a la autora de Lejanía Necesaria. Pero Díaz es un caso distinto. Nada en ella parece anclarse en el abandono y las consecuencias provocadas por el encierro. Por el contrario, tiene un carácter decidido, está llena de proyectos de vida y es una eterna agradecida de la gente que la ayudó a definir su rumbo: los compañeros del taller de escritura Los Lanzallamas y especialmente, a su coordinador.

Mientras habla con El Fisgón Digital está en varios lugares al mismo tiempo. Es hiperactiva, coordina con las guardia-cárceles las visitas que recibirá y también las entregas de pizzas y tortas que elabora para vender fuera del Penal. “Desde el día que conocí a Fabricio – dice – mi vida cambió. En ese tiempo él ya había sacado tres libros y yo admiré su fuerza de voluntad, su inteligencia y entonces pensé de qué podía quejarme yo si al lado de él mi encierro era un detalle menor”.

Un sueño hecho realidad
El libro está formado por casi cien poemas los cuales, si bien están elaborados desde el encierro, ese no es el eje principal. La amistad, la soledad o el agradecimiento son algunas de las temáticas que aborda Díaz como si fuera una escritora consolidada. Y lo es realmente, ya que actúa como tal y con la misma vehemencia lo vuelca en el papel: “Yo estoy tomando mate con vos y estoy pensando en qué puedo escribir. Tengo siempre el cuaderno al lado mío y voy anotando mis ideas”.

Díaz contó que “antes de entrar al Penal nunca escribió siquiera una carta” e incluso, no terminó la escuela. “Este libro es un sueño hecho realidad – explica - algo muy importante en mi vida. No me importa la plata que tuve que gastar para editarlo, sino lo que realmente quiero es que la gente lo lea y que vea que desde acá adentro también se puede”. Y que "aún privada de la libertad se puede vivir, revivir y sobrevivir” y que “podría estar tomando mate" pero lo único que quiere es escribir”.

Lejanía necesaria
“Elegí ponerle Lejanía necesaria porque estar lejos de mi familia hizo que yo aprendiera a valorar todo, incluso a mí misma. Yo era una hoja en blanco, trabajé para que no les falte nada a mis hijos y la lejanía hizo darme cuenta que yo puedo tener una vida, amistades incuso más gente que la que nunca pensé que podía tener y mucho menos en este lugar”, cuenta.

La autora explicó que le llevó varios meses armar el libro pero que “el trabajo más pesado” – como le llama al proceso de edición y compaginación – lo hicieron Fabricio Simeoni y Patricia Torres. Pero Díaz diagramó en forma completa la obra, tituló con sutileza todos los poemas y agregó epígrafes (también de su autoría) a algunos textos.

El taller Los Lanzallamas es como una gran familia
Hace aproximadamente cuatro años que la autora participa del taller literario Los Lanzallamas, que funciona los sábados por la tarde en la Biblioteca Gastón Gori en el barrio de Fisherton. Como si fuera una imagen ocurrida en forma reciente, detalla con precisión el día que asistió por primera vez: “Fui en el móvil, esposada. Tenía frío, calor, todo junto y me recibieron como si fueran parte de mi familia. Siempre digo que son mi familia, quizás porque comparto más cosas con ellos que con mis hijos”.

Díaz no deja de expresar su agradecimiento para con los integrantes del taller una y otra vez. Tampoco de exaltar la figura de Simeoni y de lo mucho que representa el trabajo que realiza el escritor con ella. “Él es muy especial. Es muy grande la fuerza que me da día a día para levantarme. Hay mañanas en que me despierto y me pregunto: ‘¿qué hago acá adentro?’. Y vuelvo a pensar de qué me quejo y empiezo el día pensando en Fabricio.”, dice. También, contó que gracias al coordinador viajó en dos oportunidades a la Feria del Libro en Buenos Aires.

Romper los mitos: cuando se quiere se puede
Su trabajo en el Taller Literario Los Lanzallamas la llenó de expectativas de vida. También contó que con los emprendimientos que realiza dentro del Penal “pudo comprarse los muebles para amoblar su departamento y tenerlo en condiciones para cuando salga en libertad”.

La escritora está llena de sueños e ilusiones. Aunque admite que tiene un carácter fuerte, también cuenta que respeta el trabajo de quienes custodian el Penal: “Acá adentro una se hace más dura pero valoro a la gente que me rodea, incluso a las guardia-cárceles. Ellas también son personas, tienen familia y muchas veces las discriminan por usar un uniforme o por el trabajo que hacen”. Firme en sus convicciones, Díaz sabe muy bien lo que quiere y es una agradecida de la vida, aún en su situación: “Muchas veces me veían mal y se acercaban y me preguntaban si necesitaba hablar y no tenían por qué hacerlo, hasta le escribí un poema a una de ellas, porque me recuerda a mi hija…”.

Dos poemas de Lejanía Necesaria

Un soldado enfunda su arma

es joven pero tienen los ojos duros.

Obligado a matar

su corazón sangra

la tinta del poema

que nunca escribió.


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Líneas que recorren el miedo.

La imagen del horror

encierra el odio ambicioso.

Un distinguido paisaje

Frente a los ojos indiferentes.