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viernes, 14 de mayo de 2010

El prontuario de la luciérnaga (Ediciones Papeles del Boulevard), de Fabricio Simeoni

Graciana Petrone para la revista literaria El Centón

El poeta realiza una verdadera recreación filosófica sobre los insectos, reptiles y otros animales.

Amor, fatalidad, providencia y eternidad son algunos de los elementos que comprenden los Tratados Cosmogónicos de Plotino (250 a.c.) y en los que establece también, un orden del mundo donde es menester de cada individuo ajustarse a la naturaleza para sobrevivir. En El prontuario de la luciérnaga (Ediciones papeles del Boulevard), Fabricio Simeoni realiza, casi como ejercicio lúdico, una verdadera recreación filosófica sobre los insectos, reptiles y otros animales. El resultado de tardes y noches de profunda observación es este bestiario de poemas breves, por momentos inclasificables, en donde el escritor no sólo se deshace de las emociones profundas sino también de las palabras.

Despojado de toda sensibilidad, con una visión cosmogónica, mágica y a veces cruel reafirma con cada construcción la disparidad de las especies. Como si fuera posible una nueva ley del universo que contemple la coexistencia de lo humano y lo animal sin supremacía del uno sobre el otro. Donde el mismo desorden provocado por su observación explique y justifique ciertas prácticas sociales. “En lo personal – dice - el mundo animal es parte de mi vida y de algunas situaciones muy particulares. Hay como una animalidad humana que me representa y una humanidad animal que contrasta con eso. Esa animalidad humana que, en definitiva, está representada por un mundo violento, por cierta confusión que es parte de la irracionalidad”.

“Animales imperfectos”
“Esos insectos que llamáis animales imperfectos – escribió Teodoro de Almeida - os confieso que son la delicia de mi entendimiento. Todo se me oscurece cuando veo la lagartija puesta en la parra o la araña que pende del hilo que ella misma hiló”. Y como si pretendiera comprimir en versos las Tardes coloquiales del filósofo portugués Simeoni recrea lo inobservable para muchos. Desde su inmovilidad poética, capaz de agudizar al extremo los sentidos, convierte el aleteo de una mosca en una escena espasmódica y tangible: “El último round en el dulce de ciruela/ se abrevia en la cuerda manchada/ hasta troquelar”.

El jardín adquiere entonces la forma de un universo encerrado en sí mismo. Los insectos traspasan los órdenes establecidos o se aparean con castas que le son impropias. “Las langostas trepan/ hasta el final del poste y no hay luz/ en los alrededores” y “por un cospel se entrega la ameba/ y resurge la insurrección / del ecosistema infinito”.

Un discurso trabajado desde el despojo
La arbitrariedad con que mezcla elementos reales, elipsis, metáforas o aliteraciones provoca que su discurso fluctúe los límites de lo mágico: “La tierra transparente/ entorpece la traslación/ y desde arriba todo el oleaje”. Su madurez poética, la complejidad de sus construcciones y las visiones (literalmente cosmogónicas) sobre el mundo animal hacen difícil comprender lo que él mismo opina sobre su trabajo: “El despojo es la palabra que yo utilizaría si me piden que identifique al libro desde todo punto de vista, con la insensibilidad como elemento fundamental”.

Pero el despojo y la insensibilidad que refiere el autor no son más que recursos lúdicos que utiliza, desde múltiples aspectos, para deshacer las palabras, trabajar los espacios en blanco y provocar el tedio necesario para posibles relecturas. “El despojo se da desde lo técnico, desde la imagen y desde la palabra misma, – sostiene – hasta en el acto de la comunicación propiamente dicho. Desde el relativismo hasta la ambigüedad y desde el juego hasta lo conceptual”.

Poemas cortos y concadenados que ofrecen una lectura veloz
El prontuario de la luciérnaga es la continuación de una serie de textos breves que en 2004 acompañaron una muestra de grullas realizadas con una técnica oriental en papel plegado y expuestas en el Pasaje Pam. Según el autor, es el bestiario de poemas más extenso que escribió en toda su vida, motivado “por una cosa muy visceral y afectiva con los animales”.

Aunque la brevedad de sus versos invitan a una lectura veloz, también ofrecen la posibilidad de regenerar el deseo: “Las personas viven de una manera vertiginosa y suelen leer de la misma manera – indica – por eso me gusta provocar cierto hastío en el lector para que revitalice el proceso y cierre el libro porque lo abrumó. Y al día siguiente vuelva abrirlo porque sintió que le podía decir algo más”.

1 comentario:

  1. Felicitaciones para ambos!!! Pronto los invitaré para difundir la obra en radio. Un abrazo!!

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