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miércoles, 20 de mayo de 2009

LA MUDANZA


Graciana Petrone

La casa, enorme y con su fachada blanca, quedaba en calle Jujuy, donde los álamos acampanados en su vereda la preservaban de dolores infinitos. Hacía tiempo que ella preparaba su partida, para despegar, definitivamente, de una vida acompasada de ritmos inexactos.
Comenzó por descolgar las arañas de los techos y el reloj de pared. Apiló sin piedad los muebles en desuso, sin decir una palabra porque el dolor anudado en su pecho hablaba más que mil estrofas. En medio de la tarea recordó los buenos momentos: los atardeceres junto al río y las reuniones familiares. Pensó en su fidelidad y dedicación para con él y en cómo la vida puede proveer felicidad y perversidad a la vez.
Embaló la vajilla y siguió pensando en el pasado, aún cercano, que la agobiaba y se mezclaba con una amarga sensación de soledad.
Sin dejar de empacar miró a un costado y se quedó unos segundos mirando el cuerpo sin vida de su esposo, tendido al pie de la escalera que venía de las habitaciones. .
Intentó reconstruir los hechos; todo en su memoria era confuso, Quizás pasó mientras ella estaba preparando la cena y él subió a probarse las pantuflas que le había comprado en la mañana, al intentar bajar trastabilló y, tumbo tras tumbo, un golpe certero había dado en su nuca...
Y ahí estaba él, tendido, sudado de atardeceres sin perfume y con un hilo de baba que le colgaba de la boca.
Sintió las sirenas de los autos de policía sonando en la ventana.
-- Abra señora o entraremos a la fuerza. Estamos armados.Ella seguía empacando: la ropa de invierno, la bufanda roja, el poullover azul...
-- Acompáñenos y no se resista. Sólo empeorará las cosas.Dos oficiales la llevaron esposada hasta el patrullero mientras varios de curiosos miraban asombrados. Un policía quedó hablando con la vecina que vivía en la casa de abajo:
-- Parecían una perejita normal, ¿vio? Aunque a veces se escuchaban ruidos, de noche. Parece que él tomaba y quién sabe Dios si le pegaba. ¡ Tán jóvenes los dos! El era médico y parece que ella estaba embarazada y él no quería que tuviera el chico. Es una lástima, con mi hermana siempre decíamos que en cualquier momento iba a pasar una desgracia.

1 comentario:

  1. Muy bueno Graciana. Pero me dejó con ganas de saber más, de leer más. "La casa, enorme y con su fachada blanca, se erguía en plena calle Jujuy, donde los álamos acampanados en su vereda la preservaban de dolores infinitos." Claramente poético este pasaje, me quedo sin palabras para demostrar lo bello que es.

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