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domingo, 24 de mayo de 2009

AQUELLOS OTROS BUENOS TIEMPOS

por Graciana Petrone

El sudor segregado de nuestros poros se asemejaba a un alud extenuante de luz. A un eterno esparcir de espermas fosforescentes que nos humedecían los rincones más oscuros de la piel.
Duro fue sobrevivir a los límites de la indecencia, difícil se nos hizo enfrentar las calles aterradoras, a las agrias aceras que brotaban como fauces y se abrían y cerraban sin piedad (como tus labios alguna vez) profiriendo una agobiante lluvia de palabras, de besos aterradores, de dolorosos espasmos.
Fue uno de esos días que, recordando el vértigo de tu amor desesperante e incestuoso decidí abandonarme por completo a la suerte. Cuando el viento frío y seco de las primeras madrugadas de invierno pegaba duro al salir al balcón o al cruzar la calle. Ese viento pulcro que nos abofeteaba y nos endurecía las facciones, la sonrisa.
Acaso cómodamente dormido junto a quien elegiste, te despertarás ajeno a los deshechos que dejaste acá, dónde y cómo hoy existo: parada en el balcón del departamento de la calle Mitre sin ver el sol, aún, permitiendo que esta horrible y pegajosa sensación que provoca el viento de las seis me abofetee, me exceda, me amalgame los párpados con la misma vehemencia con la que alguna vez permití que me amaras, con la que alguna vez me desnudé por completo y dejé que me cerraras los ojos para despertar con tu cuerpo tibio acomodado junto al mío.
¡Ah… ¡ La ingratitud de las madres que nos abandonan sin piedad en la puerta del jardín y no entendemos y luego comprobamos estoica, pero cruelmente, que tan sólo fuimos víctimas errantes de perturbadoras carencias. El llanto brutal del destetado que aprieta sus encías hasta hacerlas sangrar…
Por eso, lo mejor que hicimos fue quedarnos estancados en la eterna evocación de los buenos tiempos que poblaron nuestros otros días. Los paradisíacos espacios en blanco de nuestra memoria, La codicia, la vanidad, el orgullo. El poder sentirnos capaces de sabernos indemnes, ocultos, poderosos. Si tan solo quedaran tus manos oscilando en este viento que nos pudre los ojos...Como señuelo, como eterno referente de lo felices que alguna vez fuimos.

1 comentario:

  1. Hola Graciana, dejaste un comentario en mi blog, así que pasé por acá a conocerte. No navego mucho por los blogs, pero agradezco a quien lo hace. Te dejo un abrazo y un saludo desde Mardel, Barrio Parque "Las Dalias", un lugar de barro y esquinas donde esperar el colectivo al reparo de la lluvia, mientras es sol se decide a ver que hace...

    Besos

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